DERECHOS SOCIALES, CIUDADANÍA Y GÉNERO

ciudadania02El concepto de ciudadanía es un concepto muy discutido. El concepto involucra sin duda, tanto las relaciones entre los ciudadanos como las relaciones entre los ciudadanos y el Estado.

Estas relaciones son a la vez legales, normativas y materiales.A partir de los años noventa, el concepto de ciudadanía ha adquirido nuevamente importancia a nivel de la teoría social, en la mayor parte de los países europeos y en los Estados Unidos, así como también con posterioridad en América Latina.

Un hito importante en la producción sociológica en torno al tema de la ciudadanía social, lo constituye la obra de T. Marshall, Citizenship and Social Class (1950), donde el autor elabora una noción de ciudadanía compleja que muestra cómo los derechos se constituyen históricamente formando la base de la ciudadanía moderna.

Marshall, partiendo del análisis de la historia británica, distingue tres dimensiones en la ciudadanía moderna: la civil, la política y la social. La ciudadanía civil comprende los derechos necesarios para la libertad personal, la libertad de expresión y de pensamiento, los derechos de propiedad y los derechos a la justicia. La ciudadanía política supone el derecho a participar en el ejercicio del poder político a través del voto y el derecho a ser elegido. El ideal liberal de ciudadanía aparece centrado en los derechos civiles y políticos. La ciudadanía social incluye derechos y también obligaciones, tales como el derecho y la obligación del trabajo, el pago de impuestos, la educación de las nuevas generaciones, el acceso a la salud, etc.

Estos derechos sociales fueron conquistados en Europa en el siglo XX, con posterioridad a los derechos civiles y políticos y se corresponden con el desarrollo de la industrialización, de las instituciones del Estado moderno de bienestar y con el reconocimiento del sindicalismo.El pensamiento feminista ha realizado una contribución fundamental a las teorías sobre la ciudadanía.

Rosario Aguirre (2003), siguiendo a Sylvia Walby (2000), propone considerar como punto de partida en la construcción conceptual de la ciudadanía, el acceso diferenciado de los habitantes de un territorio determinado, a los derechos civiles, políticos y sociales. La autora destaca el hecho de que en numerosos países, la ciudadanía no es adquirida al mismo tiempo por todos; diversos grupos obtienen distintos tipos de derechos en diferentes momentos.

 La observación de Walby sobre las mujeres británicas –que contraría la tesis de Marshall– puede ser extendida a otros países; la ciudadanía política ha servido de base para la adquisición de derechos civiles, a la vez que la ciudadanía civil ha servido de base para la adquisición de derechos políticos.

Autoras como  (Pateman, Carole, 1990; Dietz, Mary, 1990; entre otras) critican la noción liberal de ciudadanía. Ponen de relieve las consecuencias de la asociación entre el concepto de hombre con razón, cultura y actuación en el mundo público y la relación del concepto de mujer con emoción, naturaleza y actuación en el ámbito privado y la vida doméstica.

 

La exclusión de las mujeres de la ciudadanía aparece en el origen de esta noción; no fueron consideradas ciudadanas porque fueron construidas como esposas y madres de ciudadanos responsables de la unidad familiar. La familia no tuvo lugar dentro del lenguaje de los derechos y deberes de los ciudadanos, fue la base natural de la existencia en la que se ocultan las diferencias internas a través de una unidad, en la que esposas e hijos dependientes quedan excluidos de los derechos civiles y políticos (Aguirre, 2003).

 

Entre las teóricas feministas no existe consenso sobre la significación del concepto de ciudadanía para las mujeres. El análisis de la problemática “mujeres y ciudadanía” está centrado en la exclusión de las mujeres del espacio público y político,la idea fundamental es que la división entre el espacio político y el espacio privado/familiar es una división sexuada porque en todas las tradiciones dominantes, los varones han estado asociados a la política y las mujeres a la familia.

El análisis de la temática género, poder y ciudadanía, realizado por Carole Pateman (1988,1989), tuvo un rol decisivo en la evolución de las concepciones feministas sobre el tema “mujeres y ciudadanía. Esta autora plantea que la concepción clásica está basada en normas masculinas y en la exclusión de las mujeres del espacio político. En su tesis, Pateman afirma que las mujeres no pueden, adquirir una ciudadanía completa, como individuos autónomos y sexualmente diferentes que los varones. Deben, para adquirir una plena ciudadanía, devenir como los varones y renunciar a sus experiencias, a sus exigencias y a sus intereses específicos.

El casamiento es la base de la opresión de las mujeres porque las vuelve dependientes del control de su marido en los planos de la sexualidad y el trabajo, en la esfera familiar y en el mercado de trabajo. Estos análisis es una crítica fundamental a la filosofía política occidental, una crítica que ha despertado nuevas interrogantes sobre la significación de la exclusión de las mujeres del espacio político y de una ciudadanía sexuada en las democracias modernas, sobre las relaciones entre ciudadanía y participación política de las mujeres, sobre la división sexual del trabajo, sobre las desigualdades políticas entre las mujeres y los varones, y sobre las relaciones entre maternidad y ciudadanía de las mujeres.

 El régimen del bienestar conservador es el predominante en la Europa continental, y tiene como características básicas la mezcla de divisiones de estatus corporativistas en los sistemas de seguridad social y familiarismo. El familiarismo refiere a la combinación de la protección social centrada en el varón jefe de familia y el carácter central de la familia como responsable de cuidados y del bienestar de sus miembros.

 El régimen de bienestar socialdemócrata, el más reciente a nivel internacional, se encuentra en los países nórdicos (Dinamarca, Noruega y Suecia); se caracteriza por el universalismo de sus políticas sociales (todos tienen los mismos derechos y subsidios), por una cobertura de riesgos amplia y por niveles de subsidios altos.  

 

Los modelos propuestos por las teóricas feministas enfatizan la interdependencia entre trabajo productivo y trabajo reproductivo, entre actividad laboral y trabajo de cuidados, de acuerdo a la división sexual del trabajo. Los primeros trabajos de Lewis y Ostner interrogan justamente los modelos de bienestar europeos, desde una perspectiva de la división sexual del trabajo. El argumento es que la norma sobre un proveedor es el principio crucial que en su forma ideal prescribe la actividad de proveedor económico, como masculina, y la de cuidado y atención de las responsabilidades familiares, como femenina.

 La incorporación de las mujeres a la ciudadanía social plantea problemas en un doble sentido. Por un lado, cuando fueron consideradas como ciudadanas, no obstante sus vínculos y responsabilidades familiares, no se produjo al mismo tiempo una redefinición de la división del trabajo entre los sexos en la familia.

Por otro, este concepto, al incorporar atributos y características masculinas, como la participación en el empleo, condujo a que se hiciera abstracción de las diferencias entre hombres y mujeres.  enlace…

 

 

 

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