VIVIR LA IGUALDAD: LOS CUENTOS COEDUCATIVOS

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El cuento, transmitido oralmente o de forma impresa, es un recurso ampliamente usado en las aulas y ha sido un vínculo educativo, a través de la historia, especialmente en Educación Infantil, y en los primeros ciclos de Primaria, aunque también puede usarse en otros niveles y etapas educativas.

A través del cuento hemos inculcado a las nuevas  generaciones los valores dominantes, hemos socializado a las niñas y a los niños, contribuyendo, de este modo, a mantener el equilibrio y el poder establecido. Es uno de los recursos didácticos más potentes de los que disponemos. A veces, lo usamos con el objetivo de enseñar lengua, oral o escrita, otras como elemento motivador para introducir elementos conceptuales y, en otras muchas ocasiones, como eje alrededor del cual van a surgir todas las actividades  de una unidad didáctica, pues no podemos olvidar el sinfín de posibilidades que nos ofrecen estas historias, que a todas las niñas y a los niños les encanta escuchar.

La primera función que tiene el cuento, es la primera función de la literatura, es decir, disfrutar de las historias, de los personajes, de la magia, de los hechos atemporales…Pero esta no es su única función. Es necesario poner de manifiesto otras funciones, a la luz de la mirada que nos ofrece el sistema sexo-género.

El cuento preferido es el cuento fantástico, el tradicional también llamado “el cuento de hadas”, suele ser el primer contacto de la infancia con la literatura, pero no se trata de un primer contacto inocente como puede parecer. Las investigaciones nos demuestran el marcado carácter sexista de sus contenidos y de los valores que transmite.

Es fácil de observar a simple vista. El cuento de hadas está estereotipado en los atributos de personajes femeninos y masculinos, las acciones, los rasgos emocionales que se les atribuyen y me gustaré ejemplificarlo:

  • Ellas siempre esperan, cosen, limpian, lloran…
  • Ellos siempre luchan, salvan, rescatan, viajan…
  • El poder del personaje femenino mágico (el hada) radica precisamente en su magia otorgada por algo o por alguien.
  • El poder del personaje masculino mágico (el mago) radica en su sabiduría.
  • La maldad del personaje femenino radica en los celos y en la fealdad.
  • La maldad del personaje masculino radica en su poder (lobo) o en la avaricia (ladrón).
  • Finales que representan la forma más perfecta de existencia deseada: casarse con el príncipe o princesa y convertirse en rey o reina.
  • Las niñas y mujeres se describen como bonitas, dulces, delicadas, pobres, ingenuas, intelectualmente torpes, intuitivas, volubles…
  • Los varones en general se describen por su valentía o cobardía, astucia, agresividad, eficacia y por sus trabajos o por sus situaciones de poder.
  • Y así podíamos añadir muchísimo más…

Entre todos estos estereotipos, el más usado y por lo tanto el más peligroso en la formación de la identidad de género, tanto del hombre como de la mujer, es la figura del príncipe azul. Es la figura del Kent para la Barbie, o el capitán para Pocahontas, que cuando las chicas llegan a la adolescencia asimilan al cantante, actor o deportista de moda, transformando esos elementos  mágicos de príncipe azul en elementos reales que pude ver en un compañero o un amigo. Un compañero cuya conducta ella podrá cambiar, porque con un beso  provocamos la metamorfosis del feo y asqueroso sapo en el valiente y protector príncipe. Sólo tenemos que amarlo, entregarnos por completo…el amor lo pude todo…pocahontasPor el contrario, el príncipe tiene que conquistar, ser valiente, decidido y osado… debe mantener esa conquista “a toda costa”. Por desgracia con este tipo de cuentos se les enseña a los niños a conquistar, y a considerar la conquista como un valor asociado a la hombría: cuantas más conquistas más hombre es. Como consecuencia  se creerán más valorados, tanto por los otros hombres como por las mujeres, ya que una característica de un príncipe azul es ser deseado por el resto de las mujeres.

Es curioso que a día de hoy todavía se utilice este tipo cuentos como recurso educativo, en el que se utilizan una serie de modelos identificativos sin introducir elementos críticos, que pongan en tela de juicio los valores que conllevan implícitamente.

Es decir, no podemos enseñar a los niños que las brujas son malas, que una buena princesa es cariñosa, sumisa, hermosa o que el príncipe es un héroe valiente. Lo que estamos haciendo es perpetuar los roles clásicos al hombre y a la mujer y eso es lo que aprenden nuestros hijos. Debemos educar en igualdad, y por supuesto eliminar todos aquellos estereotipos en los recursos educativos que se utilizan en la enseñanza, como es en este caso los cuentos.

¿No pueden existir princesas feas, que luchan y son valientes? ¿O príncipes  feos, cobardes, no violentos y que cosen y hacen las laboras del hogar?  Estoy en contra de utilizar los típicos cuentos machistas y estereotipados en la enseñanza de los menores, porque es de vital importancia trabajar desde pequeños la igualdad y para ello se pueden utilizar otro tipo de recursos educativos.

El tema de la coeducación es uno de los temas claves en la lucha por la igualdad de oportunidades, no conseguiremos la tan ansiada igualdad si no trabajamos desde la infancia tanto en los colegios como desde las familias.

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  1. No me cabe duda del poder de los cuentos infantiles como medio que reproduce las desigualdades entre hombres y mujeres y los estereotipos de cada uno y cada una que se presentan.
    Por este motivo, se lanzó en Chile (por el Ministerio de la Mujer) una campaña llamada “Viejos cuentos, nuevos finales”, con textos y afiches que fueron repartidos en jardines de infancia, centros infanto – juveniles, colegios de primaria y otras instituciones, con el fin de utilizarse como herramienta pedagógica en el camino hacia la igualdad entre los géneros.
    Los cuentos presentan a niñas investigadoras, científicas, niños sensibles a problemas sociales, que hacen tareas en el hogar, etc. Además los viejos cuentos son reescritos, así Blanca Nieves no se queda en casa limpiando mientras los enanitos se van a la mina, sino que cambia el rol con uno y ella va a trabajar…
    Es un punto de partida, así como deben ser revisados los textos escolares y preparar al profesorado… mucha tarea por delante

  2. Estoy de acuerdo con vosotras, creo que la mejor forma de educar en igualdad es proponiendo a los niños desde pequeños nuevos modelos más igualitarios, donde no todas sean princesas valoradas tan solo por su belleza (ya que los diálogos de las protagonistas son demasiado escuetos para valorar su inteligencia) y que todas se dediquen a las actividades domésticas, que no digo que dedicarse a ellas sea malo, pero estaría bien ver a algunos de los principes limpiando también

    Os dejo el enlace de un cuento que se llama “La cenicienta que no quería comer perdices” que a mi personalmente me gustó mucho.

    http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lacenicientaquenoqueriacomerperdices.pdf

  3. Por todo lo que han comentado mis compañeras, es necesario que los niños tengan cuentos distintos. Donde la mujer no sea una princesa que deba ser salvado por un hombre, cuyo fin en la vida es casarse.
    Os recomiendo un cuento diferente: la cenicienta que no quería comer perdices.

    http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lacenicientaquenoqueriacomerperdices.pdf

    Me gusta mucho como termina:”se acabaron los cuentos de niñas pasivas que les pidan la mano y les quiten la vida. Ha empezado un cuento nuevo
    ERASE UNAS MUJERES QUE NO ESTABAN SOLAS Y UNAS PERDICES QUE VOLABAN…”

  4. Creo que va a ser muy difícil erradicar esos cuentos, las jóvenes mamás de 25 y las que no son mamás y son adolescentes de 16 años, han crecido, ya no con libros, sino con las películas de video, los DVD y donde esten esas dulces canciones, esas melodiosas y acarameladas vocecillas de las princesas, que para colmo de males se las convirtieron en Barbies y muñecas, colonias, jabones, bolsos y todo tipo de accesorios, toallas, enfin, el marketing les ha grabado a fuego a esas hijas de madres consumidoras esos productos (no disponibles en su juventud), con los que han disfrutado tanto, que no piensan en prescindir de ellos para sus hijos. (comentarios recogidos personalmente de 14 mujeres)

  5. La verdad es que es necesario que las mujeres empecemos a rescatar nuestra historia y escribirla.
    Debemos ofrecer al imaginario de nuestras hij@s nuevos modelos, escritos por nosotras, reales o imaginados, pero nuestros.

    Es significativo que los cuentos clasicos esten escritos por hombres, nos han ofrecido modelos de conducta que dudo de su utilidad, porque la realidad es bien otra:
    como suelo decirle a mi hija, los principes azules no existen, estan todos descoloridos.


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