El empleo decente en El Salvador

El empleo decente, según la definición del Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador (2008), consiste en el acceso a una remuneración justa, buenas condiciones en el lugar de trabajo, acceso a redes de protección social, igualdad de trato para hombres y mujeres, posibilidades de desarrollo personal y reconocimiento social. Es decir, es un tipo de empleo que demanda un verdadero respeto a los derechos y deberes de los y las trabajadoras, así como una apertura hacia el diálogo social.

El empleo decente debe ofrecer tres garantías fundamentales a la persona: seguridad con respecto a los ingresos necesarios que les permiten llevar una vida digna; participación en la vida social, que promueva la creatividad y proporcione la posibilidad de opinar y tomar decisiones de interés colectivo; y equidad en cuanto a la inserción laboral del y la trabajadora. Todo esto se traduce en acceso a servicios, sentido de pertenencia, autoestima y realización personal. En este sentido, se puede decir que el empleo decente constituye una valiosa herramienta para lograr la inclusión social tanto de mujeres como de hombres, de jóvenes como de mayores, de personas provenientes de la zona rural y de la urbana, de personas con discapacidad, de mujeres y hombres indígenas, de personas con diversas orientaciones sexuales, etc., ya que para ser miembros activos y activas dentro de la sociedad es necesario contar con un puesto de trabajo que permita que las personas se sientan útiles y productivas. Asimismo, el empleo decente contribuye a fortalecer la cohesión entre los miembros de una sociedad, ya que la reducción de las brechas salariales conduce a disminuir la distancia socioeconómica que separa a las personas entre sí, ofreciéndoles oportunidades para desarrollar sus capacidades y aprovecharlas en su beneficio, lo cual favorece el clima de convivencia ciudadana, promueve prácticas de cooperación, sienta las bases para la estabilidad y la gobernabilidad democrática, es decir, repercute positivamente sobre el desarrollo humano. Sin embargo, en la realidad salvadoreña, esta clase de empleo es un privilegio del que goza menos del 20% de la Población Económicamente Activa (PEA=62.1%), es decir que en El Salvador sólo 62 de cada 100 Personas en Edad de Trabajar (PET) están ocupadas u ofrecen su fuerza de trabajo al mercado laboral y de éstas sólo un 20% cuenta con empleo decente. Y es justamente debido a la falta de empleo decente que El Salvador cuenta con muchísimos problemas sociales como pobreza, alto índice de delincuencia, polarización de las clases sociales, bajo nivel de vida, desigualdades entre hombres y mujeres, etc.

Según datos de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (2007), del total de la PEA, los hombres representan un 58.4% y las mujeres un 41.6%. Además, la tasa específica de participación, definida como la relación porcentual entre grupos específicos de la PEA y la PET, a nivel nacional de los hombres es de 81.0 % y de las mujeres es de 46.8%; ubicándose en la zona urbana un 52.2% de mujeres y un 78.4% de hombres, mientras que en la zona rural esta diferencia se duplica constituyendo las mujeres un 35.7% y los hombres un 85.8%. Estos porcentajes evidencian la diferencia que hay entre hombres y mujeres en cuanto al acceso al mercado laboral, sin tomar en consideración si el tipo de trabajo es o no decente.

Al analizar el tipo de empleo al cual tienen acceso la mayoría de salvadoreños y salvadoreñas se tiene que para el año 2006 un 43.3% se encontraba en situación de subempleo, según el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador (2008). En este punto, es preciso destacar que, en promedio, una persona subempleada percibe la mitad del salario que percibe una en ocupación plena sin remuneración justa o protección social, y menos de la quinta parte de lo que percibe una persona con trabajo decente. Asimismo, es importante resaltar que el subempleo perjudica principalmente a las mujeres y a la población joven sin mayor educación. Los datos indican que el 54.4% de las personas trabajadoras con escolaridad nula se encuentran subempleadas, siendo los hombres un 46.4% de los casos, mientras que las mujeres representan un 65.5%.

Como puede apreciarse, en El Salvador el principal problema laboral, lo constituye la falta de un empleo decente que asegure las condiciones básicas de subsistencia a las personas. Además, el país no cuenta con ningún tipo de ayuda estatal para las personas desempleadas, lo cual obliga a la población salvadoreña, pero particularmente a las mujeres, a desempeñar cualquier tipo de actividad que le genere ingresos aunque sean mínimos y en condiciones deplorables.IDHES_2007-2008 mujer bebe

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Un comentario

  1. Muy triste el panorama laboral que planteas de El Salvador. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que la exclusión laboral lleva irremediablemente a la exclusión social.

    Como bien dices en el post, el subempleo genera una injusticia social (en la que por supuesto, como sucede en todos los países del mundo, la peor parte se la llevan las mujeres) que indudablemente acarrea pobreza, delincuencia, marginación, etc. y que por supuesto contradice el Art. 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sin lugar a dudas debe haber un replanteamiento de los modelos económicos que desemboque en sociedades más justas.


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