Mujer y pobreza

La mayoría de los 1.500 millones de personas que viven con 1 dólar o menos al día son mujeres. Además, la brecha que separa a los hombres de las mujeres atrapados en el ciclo de la pobreza ha seguido ampliándose en el último decenio, fenómeno que ha llegado a conocerse como “la feminización de la pobreza”. En todo el mundo, las mujeres ganan como promedio un poco más del 50% de lo que ganan los hombres.
En la actualidad la crisis que estamos atravesando a nivel mundial, no ha hecho más que agudizar esta cruda realidad.
Se denomina feminización de la pobreza porque esta lacra social afecta en mayor medida como hemos indicado a mujeres que a hombres.
Podemos entender la pobreza no solo como el no poder cubrir necesidades materiales, sino que también son cruciales las inmateriales y afectivas, por tanto, la pobreza implica la falta de una serie amplia de recursos.
En 2008, la tasa de empleo de las mujeres se acercaba a los objetivos fijados por la Estrategia de Lisboa (un 60% en 2010). No obstante, esta proporción varía entre el 36,9% y el 73,2% según los Estados miembros. Además, las mujeres están sobrerrepresentadas en los trabajos precarios, de duración determinada o a tiempo parcial. Uno de los principales pilares por el que están más expuestas que los hombres a situaciones de pobreza. Este es el caso del 32% de las mujeres a cargo de familias mono parentales y el 21% de las mujeres mayores de 65 años.
La diferencia media en la tasa de empleo entre hombres y mujeres ha disminuido del 17,1% en 2000 al 14,2% en 2007. Sin embargo, la distribución de las responsabilidades familiares sigue siendo desigual, y la tasa de empleo de las mujeres que tienen a sus cargos niños se encuentra en 12,4 puntos, mientras que la de los hombres que se encuentran en la misma situación aumenta en 7,3 puntos.
La mayoría de los licenciados universitarios de la UE (el 58,9%) son mujeres. Sin embargo, su nivel de educación no resulta representativo de su situación en el mercado laboral, ya que existen limitaciones en cuanto a su desarrollo profesional, su remuneración y los derechos de pensión acumulados.
El porcentaje de mujeres que desempeñan funciones de liderazgo es relativamente bajo. La media europea es del 30%, aunque esta cifra es más baja en la mayoría de los Estados miembros.
Según nos indica algunas orientaciones el informe sobra la igualdad entre hombres y mujeres del año2009, recogido por la Unión Europea, hay que enfrentarse a los estereotipos sexistas, mediante acciones de sensibilización y a través del papel de los medios de comunicación; aumentar por todos los medios la participación de las mujeres en los puestos de responsabilidad y su representación en los procesos electorales; e informar a la opinión pública y mejorar la comprensión de la problemática de la igualdad entre mujeres y hombres a todos los niveles de la sociedad.
Debemos de analizar esta pobreza desde la sociología, lo cual nos demuestra que las mujeres se encuentran en una situación de desventaja estructural, con respecto al mercado laboral y además debemos de partir de que el termino mujer, también se homogeneíza y no podemos caer en esta a situación, porque no es lo mismo ser mujer en un país, que en otro, no es lo mismo ser mujer y ser negra, que ser mujer occidental y blanca, o ser lesbiana o heterosexual, pues aquí hablaríamos de mayor dificultad para acceder a un mercado laboral que le aporte una estabilidad y autonomía personal.
De hecho el mercado marca las mujeres como un todo, olvidándose que dentro de las mujeres, hay muchas diferencias entre unas y otras, aunque el sesgo que más daño les haga se llame género, pero dependiendo de las características de cada mujer, podemos hablar de discriminacion múltiple, por razón de: género, raza, etnia, discapacidad, orientación sexual, etc.
Pues no hemos de olvidar que a hombre y a mujeres no nos diferencia el sesgo bilógico, si no las atribuciones socio culturales que se nos hacen a unos y otras. Y las mujeres no se las educaba en la autonomía y en la búsqueda del trabajo, pues no era su prioridad, no entraba dentro de sus funciones como mujer.
A las mujeres se les educaba en cuanto al hecho de ser buena esposa y complaciente y perfecta madre y cuidadora, así como a realizar los servicios domésticos necesarios para que el varón pudiera cumplir con su funcionalidad de proveedor y protector de la familia.
En muchas ocasiones todavía se discrimina a la mujer por el hecho de que se le atribuye que está en edad fértil y no va a ser productiva en una empresa, o simplemente por que sea mujer y tenga familiares a su cargo, pues se presupone que no va a rendir lo mismo o que va a dejar de ser productiva como lo es un hombre, señas de identidad aun imperantes de la sociedad androcéntrica en la que vivimos.
Aun en la actualidad podemos escuchar comentarios de padres a hijas como el siguiente, “tu estudia, por si acaso”, no siendo este “por si acaso”, más que una interpretación de que si no encuentra a un buen hombre que cuide de ella y que la mantenga, tendrá que estudiar para tener una autonomía.
Tenemos que seguir luchando hombre y mujeres por igual para romper la subordinación de la mujer en el mercado laboral, pues las capacidades no dependen del sexo biológico, si no que se determinan en función a los estereotipos y prejuicios fundamentados en un machismo que no quiere perder los privilegios del patriarcado.
Anexo: datos extraídos del Informe sobre la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.http://europa.eu/legislation_summaries/employment_and_social_policy/equality_between_men_and_women/em0015_es.htm

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Un Comentario

  1. Sí, millones de estos estereotipos son reproducidos y legitimados. En sociedades diversas que, de una manera u otra, condicionan comportamientos discriminatorios, excluyentes de todo lo “diferente”. Término que, por demás, es también producto cultural y humano. Se continúan naturalizando estas realidades, es “normal”, “siempre ha sido así y no es posible cambiarlas” se dice, piensa y como tal se actúa. Incluso en ello caemos muchas de nosotras, ¿cómo seguir haciendo?… Cuando ni siquiera, envueltas por la vorágine de la cotidianeidad, y presionadas por sus exigencias y el stress, dejamos espacio para la solidaridad, o el construir conjunto, logramos compartir, confraternizar, tender puentes entre nosotras. Sí, hay que seguir luchando, en un proceso de cambio que como dijera Paulo Freire “no puede dejar de venir de afuera pero no puede dejar de partir de adentro”. Aunar los esfuerzos femeninos, las voluntades, los talentos, los objetivos políticos, concretar la indignación.


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