Hacia una búsqueda del feminismo doméstico

image001Cuando hablamos del Estado del bienestar, tras analizarlo como lo hemos hecho nosotras, es imposible desligarlo de la importancia del trabajo doméstico como base y sustento del mismo. Y ese trabajo, que lo es, ha recaído en las mujeres como algo innato, que no forma parte de la economía de un Estado, sino de la naturaleza femenina propiamente dicha. Eso nos han hecho creer a fin de que ninguna se desligara de “sus labores” , creando los cimientos ocultos de políticas económicas a fin de que los hombres pudieran desarrollar el espacio público, mucho más grato, reconocido y beneficioso.

Contra esto, las mujeres nos hemos rebelado intentando ocupar espacios públicos, sin desligarnos de nuestros “quehaceres naturales” ,por supuesto, y ha llegado un punto en que no se ha podido más. Es imposible combinar ambos espacios sin ceder tiempos, fuerzas y voluntades del uno o del otro. Y es ahí, donde empezamos a buscar la corresponsabilidad del trabajo doméstico, a desligarlo de lo natural, de lo puramente femenino, a exigir que  esto es tan mío como tuyo porque ambos lo compartimos de otras maneras y por qué no también de ésta.

A mi entender, en la lucha por el espacio público se puso más empeño que en esta segunda lucha, por una sencilla razón, podemos incluir a una tercera persona en el asunto. O mejor dicho, incluimos a una segunda mujer. Que la mujer no tiene tiempo de trabajar fuera y dentro de casa, es un hecho; que estamos muy lejos de conseguir esa corresponsabilidad del trabajo doméstico entre ambos sexos, es otro; y que no estamos dispuesta a ceder en lo público porque se ha sufrido mucho (yo diría que unas más que otras,por supuesto) para conseguirlo, pues también. Y en esta disyuntiva, aparecen en el panorama las que vienen a salvarnos la papeleta. Y son “ellas” porque nosotras mismas lo decidimos. Es decir, por un lado reivindicamos que el trabajo doméstico no es algo puramente femenino, pero contratamos a mujeres que nos sustituyan a nosotras en ese papel. Y es más, reivindicamos que se reconozca al menos el “valor” de ese trabajo, el mismo reconocimiento que damos nosotras al imponer un salario decente y unas condiciones laborales maravillosas para las que ahora ocupan nuesto puesto. Que sí, que normalmente delimitamos las tareas, poniendo un horario justo y pagando el trabajo como se tiene que pagar, y por supuesto cotizando, que pa´eso yo lo he vivido y sé lo que es. Y que no, no somos hipócritas. Pero eso sí, muy feministas, porque mi feminismo lo entiendo desde la posición de las que tienen recursos para serlo, y las inmigrantes no entran en ese concepto.

En mi opinión, la solución debería ser otra, y pasa porque si ese trabajo es necesario, hagámoslo, pero hagásmolo las personas, sin tener en cuenta género, clases, edad y otras variables. Para ello,no sólo habría que hacer ver a los hombres el “valor” que tiene el trabajo doméstico en la sostenibilidad de la vida, sino hay que desligarlo de nuestro género dándole un valor nuevo. Está claro que no es un trabajo grato, por eso que es de las mujeres, y pedir al hombre que lo comparta, no es sino pedirle que supere la relación de dependencia y sumisión en la que se ha situado hasta el momento el modelo de familia (o pareja). Para mí, esto es algo más complicado pues supone que el hombre entienda varias cosas: una que asuma la “degradación” del hombre a papeles femeninos como el establecimiento de 20_81una relación de diferencia, sí, pero no de desigualdad entendido en términos inferiores y/o superiores; y por otra, entender que la dependencia existente en el modelo familiar no era la económica que nos habían hecho creer a todos de  la mujer y los hijos hacia el “cabeza de familia”, sino de éste, los hijos, el entorno, la economía….en definitiva, la vida, hacia el papel que la mujer desempeñaba en su casa.

Creo que sería mucho más posible reinventar el trabajo doméstico como algo desligado al género, con un reconocimiento social como parte fundamental de muchos aspectos y de muchas ciencias, como la económica, desplazándolo por tanto a ambientes más masculinizados, y por supuesto un reconocimiento institucional que refuerce todo lo anterior. Y por supuesto también, sin desplazar el “problema” a “otras” porque ellas no forman parte del universo de las mujeres. Entiéndanme.

Ver vídeo…

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  1. Aquí juega un papel fundamental la educación, debemos coeducar, sensibilizar sobre este problema que cargamos las mujeres, hay que potenciar una sociedad más igualitaria, solidaria y responsable, desde aquí, podemos plantearnos un futuro donde la mujer y el hombre compartan los espacios públicos y privados.

  2. Fantástico video, el trabajo doméstico no esta regulado, ni interesa a nadie su regulación, es un saco sin fondo, cabe todo, a esto habrá que ponerle fin. Nosotras imponemos a otras mujeres distintas condiciones y mismo salarios. ¿Y nos quejamos de los trabajos precarios? Ya va siendo hora de que se regule, es decir, que sean definidas y categorizadas todas “las tareas” o mejor dicho los trabajos domésticos y de cuidados. Hagamos algo digno de este asunto de mujeres y luego hagamos un reparto equitativo.

  3. No se me ocurre que decir cuando mis amigas -y siempre son amigAs- me comentan que tienen a una mujer que les ayuda en la casa. Unas sólo para la plancha, otras para los cristales o para las limpiezas generales. Eso sí, ¡le pagan bien!
    Imagino que con eso quieren estar en paz con su conciencia de mujer feminista de izquierdas.
    ¿Alternativas? Las que ya hemos hablado tantas y tantas veces: compartir esa labor como cualquier otra que se de en el hogar, en la familia que hayamos decidido formar,
    independientemente de si eres hombre o mujer.
    El trabajo de la casa debe ser ‘inclusivo’, no debe existir separación de tareas por sexo.
    En cuanto a contratar a alguien que lo haga, es la pescadilla que se muerde la cola, no sé que responder. Desde mi experiencia sí puedo decir que lo hago todo yo -vivo sola-, cuando no doy más de mí, la limpieza queda para el día que me levanto eufórica. Mientras tanto, ordeno e intento no ensuciar.

  4. Al igual que opina carnition, pienso que la educación es el pilar fundamental para llegar a la igualdad y desde ella se puede cambiar el mundo.

    El problema también se encuentra en los escasos presupuestos que, tanto el Gobierno como las entidades privadas, se ofrecen para la educación no reglada o formación continua en valores. Éstas son actividades que todavía se piensa no “sirvenpara nada”.


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