Las esclavas domésticas

Desde las primeras feministas del siglo XIX hasta nuestros días seguimos luchando por el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados asignado a las mujeres, es necesaria su regulación, planes de igualdad, políticas de empleo, etc…, pero también es necesario que nos cuestionemos en que condiciones realizan algunas mujeres inmigrantes este trabajo en otros países.

Que duro y desolardor parece quejarse porque las mujeres tenemos que trabajar fuera y dentro del hogar, pero no debemos ignorar que existen otras realidades a veces mucho más crueles. Siempre somos las mujeres las que sufrimos todo tipo de discriminaciones, aceptando trabajos mal pagados para conseguir la experiencia necesaria para acceder a otros con mejores condiciones  salariales, o un horario mas asequible o compatible con los hijos, etc…

Ponerse los ojos de género no es tarea nada fácil, todo duele, todo es más ingrato de lo que parece, lees, pides información, busca una noticia, y te encuentras siempre algo peor, bendita ignorancia, ayer me molestaba que una médica o doctora inmigrante tuviese que trabajar como limpiadora en España, esta mañana me explicaban que a veces es necesario conocer cuales fueron los conocimientos adquiridos en su país para reconocer su capacitación, esta bien, no podemos poner la salud en manos de cualquiera, mi ignorancia me corroe, tranquila, esta claro que no es tan fácil moverse por el mundo, a tod@s nos mueve la necesidad de unas mejores condiciones de vida.

Para mí,  el trabajo doméstico parecía ofrecer mejores condiciones laborales que la prostitución, hasta esta misma mañana, era un trabajo precario, muchas horas, poco sueldo, pero no imaginaba que lo que yo consideraba esclavas domésticas existen, son reales, tienen nombres, familias y países. Sus sueños son rotos a golpes, cuando solo buscaban un trabajo para sobrevivir, no tienen ni leyes que las protejan, estoy hablando de las empleadas de hogar de Israel, Estados Unidos, países de Africa, pero donde las condiciones son más duras son en el Golfo Pérsico.

Aqui no vale hablar de trabajo precario, discriminación salarial por razón de sexo, falta de igualdad de oportunidades, sino de crueldad y esclavitud.

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  1. Si la familia no dispone de muchos medios económicos es la mujer o mujeres de la familia quienes realizan EL TRABAJO DOMÉSTICO.

    Si dispone de mayores recursos se paga a otras personas, generalmente mujeres, cada vez más a mujeres inmigrantes para que lo realicen y así aliviar la carga de la “doble jornada”, pero acaso ellas no tienen hogares???

  2. El reconocimiento del trabajo es tema complicado que debería analizarse con detenimiento.

    Cada vez más los hombres empiezan a colaborar con las tareas domésticas, aunque cuando lo hacen hacen alusión a la ayuda qu ofrecen a sus compañeras sentimentales, madres, hermanas,… Lo hay que conseguir es que el hombre empiece a ver estas tareas como una obligación personal para el cuidado del hogar y sobre todo que comprendan que no lo hacen favoreciendo a las mujeres sino que tareas que deben desempeñar conjuntamente.

  3. Mis queridas compañeras, yo no estoy cuestionando, ni la doble jornada, ni la ayuda que prestan los hombres a la mujer.

    Lo que me gustaría sería que analizaramos el contenido del video, no creo que podamos ayudar mucho a nadie, pero si es posible que nos cuestionemos las diferencias que existen entre unos países y otros con respecto a que la mujer liberada descargue el trabajo en otra mujer, y se realice dicho trabajo en condiciones que no son aceptables para los tiempos que corren.

  4. Hasta hoy no había oído hablar de la situación de estas mujeres, así que en primer lugar, gracias por compartir el vídeo con nosotras.

    Del contenido del mismo ¿qué decir? creo que habla por sí solo.
    No obstante, diré que, quizás más que hablar de género, puesto que en el vídeo hace alusión a que también son hombres los que la padecen, es una cuestión de ciudadanía, en la que indudablemente el género la intensifica.
    Estas personas no son consideradas como ciudadanos de pleno derecho del país en el que habitan. Son pobres e inmigrantes, y en algunos casos, además mujeres.
    Sin embargo, el principal aspecto que destacaría del vídeo es como se utiliza el trabajo doméstico como medio de sumisión, como profesión denigrante relegada a personas consideradas al margen de una sociedad “normal”. Quizás vengan de aquellos barros estos lodos. Porque no hace tanto, esta nuestra Andalucía estaba repleta de señoritos con criadas cuya situación no distaba mucho a la de estas personas. Y quizás de ahí hemos heredado la creencia de que el trabajo doméstico es un trabajo poco relevante socialmente y, dado que no dignifica al hombre, dejemoslo a las mujeres, y si son inmigrantes, pues mejor.


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