Las mujeres no somos perfectas encarnaciones del “homo oeconomicus”

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Las mujeres, como indica Haleh Afshar, no son (al igual que no lo son la mayoría de los hombres que conozco) perfectas encarnaciones del “homo oeconomicus” que toma todas sus decisiones según un cristalino criterio de rational choice conforme al beneficio monetario que pueda obtener en cada momento y que nos vende la ideología neoliberal.

Al contrario, son seres humanos de carne y hueso que, consecuentemente, han de fijarse en los pequeños y grandes problemas cotidianos que hemos de resolver todas y que distan mucho de encajar en la cuadricula neoliberal. Por tanto, les afectan aquellos problemas que con las políticas neoliberales no han hecho más que empeorar.

Debemos tener en cuenta que las mujeres siguen siendo, “gracias” al sistema de dominación patriarcal, y con muchísimo, las que realizan la mayoría de las llamadas “tareas del hogar”, que van desde el cuidado cuasi-profesional de necesitados e impedidos (niños, ancianos, inválidos, enfermos etc. etc.) hasta la realización diaria de la compra en el supermercado, pasando por la administración de la casa o la elaboración de la comida.

Todo ello implica una dedicación temporal muy elevada. En algunos países, como los nórdicos o todos aquellos con un Estado del Bienestar suficientemente desarrollado, una parte no desdeñable de dicho tiempo fue asumido por unos amplios servicios sociales y asistenciales financiados con cargo al erario público, facilitando así la emancipación de las mujeres respecto a parte de la citada carga y haciendo posible su inserción en el mundo del trabajo (muchas veces precisamente en los citados servicios).

Las políticas de ajuste, de apretarnos el cinturón, han tenido un efecto muy importante en este sentido, agravando las desigualdades de género ya existentes en el ámbito laboral, de participación política o educativa.

 

Se puede afirmar que la existencia de menos servicios supone una mayor carga de trabajo doméstico, lo que a su vez implica menos tiempo para otras actividades (incluida la asociativa o política) y que conlleva un mayor cansancio físico y psicológico.

 

Esta carga que soportamos, una carga total del trabajo, repercute en nuestras posibilidades de empleo y carrera profesional, sumemos a ésto, las pautas culturales que favorecen la interiorización y naturalización de esa doble presencia femenina.

 

La disminución bruta de los servicios también lleva a un mayor desempleo femenino, puesto que, debido a los mecanismos del patriarcado, los servicios recortados suelen ser desempeñados por mujeres. Ello implica menos poder y menos capacidad de decisión por parte de las mujeres Algunas autoras hablan, desde otra perspectiva, de un cambio en el paradigma de dominación patriarcal vigente durante la etapa del capitalismo “fordista” (1950-1973). Este habría estado caracterizado por tres notas fundamentales:

1. Las mujeres, pese a su parcial integración en el mercado de trabajo, estaban atadas a la esfera privada y de reproducción.

2. El papel de las mujeres identificadas con lo privado se correspondía con el papel de los hombres como sustentadores económicos de la familia.

3. La división de género entre público y privado es clara y característica del modelo “fordista.” (Brigitte Young).

Con el fin de paliar esta situación es necesario un reparto más equitativo de responsabilidades entre mujeres y hombres. A pesar de todo ello, los hombres no han aumentado su cuota de responsabilidad en la esfera personal y las mujeres siguen soportando esa doble carga…. enlace con artículo de prensa

 

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Un Comentario

  1. Es curioso porque si leeis la noticia os dareis cuenta que habla de que el 7,65% de los hombres encuestados aseguran que si los horarios laborales fueran diferentes podrían dedicarle más tiempo a sus parejas, y cito, literal, “más tiempo a sus parejas”. Cuando se habla de conciliación femenina se habla del cuidado de los hijos, las tareas domésticas, las bajas maternales… pero pocas veces se habla de dedicarle más tiempo a la pareja. ¿Acaso no es la misma conciliación para ambos? ¿No forman ambos la misma vida familiar que hay que conciliar?. Pues parece ser que no, porque la conciliación familiar y laboral del hombre es entendida aquí como el hombre que necesita estar en casa y echarle una manita a la parienta.
    S bien la noticia pretende poner de manifiesto las dificultades de conciliar la vida familiar y laboral y su importancia, por otra parte no hace, no sé si consciente o inconscientemente, sino ratificar que dicha conciliación es un asunto de mujeres, reflejando el espacio privado como un sector femenino de ocupación natural.


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