“Nosotras que no somos como las demás”

Cuando hablamos de la tendencia a una mayor participación de la mujer en el mercado de trabajo como hito del siglo XX,  ¿pensamos si ésta se está dando con la misma intensidad y las mismas dificultades en todos los grupos de mujeres?. Me refiero concretamente a las mujeres con discapacidad.

caovcba9Hoy día, la situación de las mujeres con discapacidad es una situación de desigualdad en  ámbitos variados como el laboral, la educación, las políticas sociales…

A pesar de las políticas de igualdad de oportunidades llevadas a cabo en relación al género y la discapacidad, la realidad es que las mujeres discapacitadas se enfrentan a importantes obstáculos en ámbitos como el empleo y la educación, lo que les lleva a una mayor dificultad para la integración social. ¿A qué es debido?

 

 El género es una construcción social que atribuye a las personas una serie de características estereotipadas fuertemente arraigadas en la sociedad. Así a una mujer se le supone un rol de madre, esposa y cuidadora sólo por el hecho de ser mujer. Y es aquí donde no “encaja” el título de mujer discapacitada. A ésta se le supone como persona necesitada de cuidados, incapacitada para tener hijos, así como asexuada, y por tanto, inhabilitada para tener una vida familiar propia. Tampoco la mujer discapacitada entra en los cánones de belleza impuestos a las mujeres en nuestra sociedad como medio para conseguir un desarrollo afectivo, profesional y social. 

Así mismo, la discapacidad es también una construcción social, en cuanto que, al igual que al género, se le atribuye un rol basado en estereotipos y prejuicios. Significamos la discapacidad como incapacidad, excluyéndoles de un desarrollo dentro de nuestra sociedad que, según la misma,difícilmente podrían alcanzar.

 La discriminación de este colectivo se basa, por tanto, en una serie de estereotipos y/o expectativas sociales que también en lo laboral son la principal causa de la mayor tasa de desempleo por parte de las mujeres discapacitadas.

 Según la Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estados de Salud en España (1999), el 9 % de la población tiene algún tipo de discapacidad, siendo las mujeres las que ocupan el 58% de este colectivo. Sólo un 23.7% de las mujeres con discapacidad se encuentran activas laboralmente frente a un 40.6% de los hombres con discapacidad. En cuanto a la tasa de paro las mujeres ocupan un 33.1% mientras que el porcentaje de los hombres con discapacidad que se encuentran en la misma situación es únicamente de 22.1% (Shum, Conde y Portillo, 2003). En esta misma línea es importante resaltar que de las 2.055.251 mujeres con discapacidad, aproximadamente 659.057 se encuentran en edad laboral (entre los 16 y 65 años) y de éstas el 84% no trabaja, además, el 76.41% de estas mujeres están clasificadas como “inactivas” y por tanto, quedan fuera de los círculos de formación e inserción sociolaboral. Es decir, que sólo una de cada cuatro mujeres con discapacidad en edad laboral es considerada “activa” (que tiene o busca empleo), mientras que casi tres de cada cuatro están apartadas por distintas razones del mercado de trabajo (COCEMFE).

 Es difícil separar el peso que en este ámbito tienen el género y la discapacidad como fuente de la dificultad de acceso al empleo. Según el informe del CERMI sobre “La discriminación por motivos de discapacidad” el 62,8% considera la discapacidad como factor principal de su discriminación en el empleo y sólo el 6,6% cree que el género agrava esa situación.

Estos datos podrían explicarse por la falta de identidad de las mujeres como colectivo social. La mujer carece de una historia común, puesto que ha sido invisibilizada en todos los ámbitos públicos de la sociedad, por tanto, ha construido su identidad a partir de su historia personal y en contraposición al hombre. Lo mismo ha sucedido con las mujeres discapacitadas, en tanto que no han tenido una identidad como mujeres sino basada en su historia personal y centrada en la discapacidad.

 No obstante, podemos definir una serie de factores personales, familiares y sociales que dificultan el acceso al empleo de estas mujeres como son, entre otros, las carencias formativas y de habilidades adaptativas derivadas de un sistema educativo no adaptado a las personas con discapacidad; la desconfianza familiar en sus capacidades y potencialidades, relegándolas a las tareas domésticas; la sobreprotección de éstas  a la mujer discapacitada, llegando incluso a administrar su salario impidiéndole un desarrollo autónomo y suprimiendo el carácter reforzador del mismo; los prejuicios sociales de los empresarios sobre la imagen, incapacidad y absentismo laboral; las medidas de protección social como el empleo protegido y el incumplimiento de la normativa por parte de las empresas…

 En definitiva, la realidad laboral de las mujeres con discapacidad es una realidad específica que debe ser atendida condiscp medidas del mismo tipo. Las mujeres con discapacidad son hoy día, un conjunto invisible en nuestra sociedad, víctimas de una múltiple discriminación, ya que su condición de mujer ha sido obviada dentro del colectivo de personas con discapacidad, y del mismo modo, en cuanto al feminismo y la lucha por la igualdad de las mujeres tampoco han sido atendidas sus especificidades en lo relativo a su discapacidad. 

Relatos de mujeres con discapacidad. Historias reales.

Anuncios

  1. Ser mujer y desear ingresar en el mercado de trabajo y ofrecer tu saber hacer por un salario digno, no es fácil tarea, si a ello hay que añadirle una discapacidad, pues pobre de aquella.

    Solo gracias a la labor de la Once y algunas fundaciones las mujeres discapacitadas tienen la posibilidad de acceder a un trabajo, a pesar de las ventajas económicas que representa para las empresas el contratar a estas mujeres.

    Los empresarios son reacios, y algunos que solo buscan ventajas fiscales, dolorosamente es cierto, cuando solicitan una mujer discapacitada, exigen que sea “guapa y que se le note poco” en muchas ocasiones.

  2. Lamentablemente en este tema juega también un rol importante la invisibilidad, simplemente no es visto como un problema de toda la sociedad, sino como una tara que se enfrentan aquellas mujeres discapacitadas en ciertos aspectos (físicos o psicológicos) en relación con lo que la gente considera como “normal”.
    Como dices, construimos los prejuicios y estereotipos y nos parapetamos detrás de ellos… ¿acaso yo no soy discapacitada para las artes pictóricas? ¿o para deporte profesional?… nadie me compraría un cuadro o me contrataría en algún equipo de fútbol, pero eso es considerado normal…
    Por otra parte, yo he conocido mujeres con ‘discapacidades’ que me superan de lejos en ciertos aspectos, pero no son contratadas por su aspecto… al contrario de lo que sucede con hombres en la misma situación… la imagen del cuerpo femenino nos sigue pesando demasiado.

  3. Desafortunadamente nuestras sociedades están llenas de prejuicios y estereotipos tanto hacia las personas con discapacidad como hacia las mujeres, y cuando se juntas estas dos variables la situación se ve empeorada.
    Por otra parte, debido a que hasta hace muy poco se ha comenzado a visibilizar dentro del feminismo al colectivo de mujeres con discapacidad, no ha habido mucha concientización ni solidaridad entre las mujeres mismas, por lo cual es necesario incorporar las demandas de las mujeres con discapacidad en la agenda de acción de los diversos feminismos.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s