“Mujer cuota”, Mujer presente.

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En las primeras elecciones democráticas en España celebradas el 15 de junio de 1977 la presencia femenina se reducía al 6,3% de mujeres en el Congreso y el Senado, es decir, 21 diputadas y 6 senadoras. La continuidad en la tendencia de este tipo de datos llevó a la inclusión de medidas normativas dentro de la Ley de Igualdad que asegurasen la presencia de uno y otro género en las listas electorales de modo paritario: es la denominada ley de cuotas o de paridad.

Sin embargo, esta ley fue criticada por partidos políticos, sindicatos, hombres y mujeres, generando un debate entorno a la ideoneidad de las mujeres que acceden a esas cuotas. Las cuotas no son más que una medida de acción positiva, y como tal se recurre a una medida desigual para paliar una situación que establece la desigualdad de modo natural. Pero la adopción de ese tipo de medidas ha sido fruto de una historia de medidas que no han conseguido erradicar esa diferenciación entre hombres y mujeres a la hora de acceder a puestos de poder, sobre todo en la política.

A través del artículo catorce de nuestra Constitución, hombres y mujeres son iguales en el derecho al voto. Es decir, tenemos el mismo derecho a votar y a ser votadas. Es lo que llamamos igualdad en el sufragio activo y el sufragio pasivo. Sin embargo, esa igualdad, aunque sí es real en el primero, deja de serlo en el segundo.

 

Buscando esa igualdad sustancial en el sufragio pasivo surge el concepto de cuotas  en las listas electorales. En este campo, y hasta nuestros días hemos conocido una serie de modelos que nos han llevado a este momento.

 

Primero fue el modelo de discriminación normativa, es decir, donde el hecho de ser mujer (entre otras cosas) era condición suficiente, relevante para apartarse de la norma que otorgaba los derechos al hombre blanco, instruido y con recursos. Todo lo demás quedaba fuera a justificación de la norma.

 

De ahí pasamos al modelo de igualdad normativa como equiparación. A partir del concepto de derechos naturales, en el siglo XIX, principios del XX, se deja de ver el sexo como condición relevante para dejar fuera de la norma a la mujer. No sólo al ser mujer, sino también en otras características. Los derechos son universales, y así también lo es el sufragio masculino y femenino. Este modelo será la base del citado artículo catorce de nuestra Constitución.

 

Sin embargo, aún es necesario un tercer modelo, el de la especificación, por medio de la igualdad como diferenciación. Surge a raíz de entender que dentro de los colectivos hay especificidades, que requieren de acciones igualmente específicas. No se habla de igualdad de partida, sino de llegada. Es en este modelo donde surgen las cuotas femeninas como especificidad para las mujeres, ante la desigualdad real en el sufragio pasivo.

Este modelo se basa en las situaciones de desigualdad, dejando al margen las diferencias y discriminaciones. Y ese concepto de desigualdad cabe diferenciarlo de los dos anteriores. El segundo modelo expuesto se basa en las diferencias, ya que éstas son elementos que distinguen a las personas, positivas, y que no pueden ser relevantes en un trato distinto. Éstas pueden ser naturales, como el sexo, o voluntarias, elegidas libremente por el sujeto, como la opinión.

 

Las discriminaciones son violaciones a la norma y se soluciona en ese ámbito, el normativo. Pero la desigualdad es esa realidad que existe, que persiste a pesar de la norma que no es violada, pero se crea una situación desigual real. El caso del sufragio pasivo. Es decir, hombres y mujeres podemos ser igualmente elegidos, como norma, pero la realidad es que los hombres son los que acaparan la realidad política. Pero la igualdad como diferenciación debe basarse sólo en las desigualdades que derivan de las diferencias naturales, no las elegidas libremente por el sujeto.

 

hombre-y-mujerPor tanto la importancia de las cuotas femeninas en las elecciones deriva de que, una vez conseguida la igualdad normativa, de equiparación, que ha supuesto muchos logros pero no una igualdad de hecho, es necesario adoptar medidas específicas para las mujeres en ese ámbito que lleven a conseguir esa igualdad real en el sufragio pasivo, ya que la norma no ha conseguido hacerlo. No obstante, la adopción de medidas de este tipo no implica la presencia de mujeres porque sí,  sino atendiendo a los mismos méritos y capacidades que los hombres.

 

De hecho, hoy día tenemos una paridad a nivel de Ministerios que ha llevado al cargo a la primera ministra que ocupa un Ministerio tan masculinizado hasta ahora como era el de Economía. Es el hecho de asegurar la presencia femenina en los ámbitos de poder lo que nos permitirá ser visibles a la hora de presentarse oportunidades de acceso a puestos de elevada responsabilidad. Además, la presencia femenina en dichos puestos va a suponer un modelo y ejemplo para otras mujeres, así como va a fomentar decisiones que faciliten el acceso y la mejora laboral femenina.

 

El siguiente paso será el establecimiento de cuotas en consejos de administración de las empresas, lo que asegurará nuestra presencia y posibilidad de acceder a los puestos de alta responsabilidad en las empresas con las consecuentes ventajas que ello tiene para nosotras mismas, para las propias empresas y el resto de la sociedad. Ello, y lo que implica la representación femenina dentro del poder político son medidas necesarias en la lucha hacia la igualdad. Aunque, a pesar de que leyes como ésta ayudan, no son la panacea universal, sino un paso más.

 

Sin embargo, sigue habiendo puestos exclusivos de los hombres.

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  1. La democracia es el régimen de la autonomía colectiva e individual. Una sociedad libre debe eliminar las cortapisas al desarrollo del individuo. Como afirmaba John Stuart Mill, “La única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o les impidamos esforzarse por conseguirlo. Cada uno es el guardián de su propia salud, sea física, mental o espiritual”
    ¿Cómo podría yo ser libre si otros deciden sobre lo que me incumbe y no puedo tomar parte en esa decisión?.

  2. Las cuotas son necesarias y han servido para apuntalar la presencia de mujeres en ámbitos de decisión tradicionalmente masculinos. Aún falta un paso más pues las mujeres que logren llegar a esos puestos de decisión necesitan como cualquier otra mujer ser capaces de conciliar su vida laboral y su vida familiar. Y no tener que elegir entre esa responsabilidad y su familia,o el dedicarse a una faceta vaya en detrimento de otra.


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