La situación socioeconómica de las mujeres indígenas salvadoreñas

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La existencia de comunidades indígenas en El Salvador es muy poco conocida incluso por la población salvadoreña en general. Según el Perfil de de los Pueblos Indígenas de El Salvador, entre el 10 y el 12% de la población total del país es indígena. Pero a pesar de ser una proporción considerable, las comunidades indígenas no tienen ningún tipo de representación social ni política, y por lo tanto, sus opiniones no son incluidas al momento de tomar decisiones trascendentales para el país. Asimismo, el gobierno no presta ningún tipo de atención a sus necesidades, por lo cual sus derechos se ven desprotegidos. De hecho, hay instituciones del gobierno que tienden a invisibilizar a la población indígena; ejemplo de ello lo constituye el hecho de que en el Censo de Población y Vivienda del año 2007 se reflejara una cantidad inferior a las estimaciones del Perfil de los Pueblos Indígenas, razón por la cual la Mesa Permanente de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos tuvo que presentar un comunicado en el cual cuestionaba el resultado de dicho censo. Desafortunadamente la Mesa Permanente se limitó a manifestar un comunicado, sin que eso significara un cambio radical en la manera de proceder de las instituciones del Estado y sin que se generara un compromiso social para visibilizar y respetar la existencia de los pueblos indígenas.

Por otra parte es lamentable que en El Salvador, las comunidades indígenas sean utilizadas como medio de atracción turística, destacando principalmente su danza folklórica, porque esto lejos de beneficiar a las comunidades las deshumaniza. En este sentido, es necesario destacar que las comunidades indígenas en general están expuestas a la marginación social, pero el caso de las mujeres indígenas en particular es mucho más serio porque la desigualdad y discriminación que éstas experimentan se debe a tres razones fundamentales: ser mujer, ser indígena y, además, ser pobre. Y es que la pobreza es una condición generalizada a toda la población indígena salvadoreña, pero que repercute de forma más negativa sobre las mujeres que sobre los hombres. Según el Perfil de Población Indígena de El Salvador, el 38.3% de las personas indígenas se encuentra en una situación de extrema pobreza, el 61.1% se halla en la línea de pobreza y sólo el 0.6% considera que alcanzan a cubrir sus condiciones básicas de vida. Esto es debido a la carencia de tierras y otros medios de producción, así como al hecho de que en el país el sector agropecuario lleve varios años en crisis. Dado que la mayoría de las mujeres indígenas residen en las zonas rurales del país el acceso al trabajo para ellas se ha visto claramente disminuido.

Al hacer un análisis de la situación socioeconómica de las mujeres indígenas se encuentra que éstas viven en condiciones de mayor desventaja que el resto de la población femenina y que sus pares masculinos en áreas tan diversas, pero importantísimas para su bienestar y desarrollo humano, como lo son la educación, la salud, el trabajo, el acceso a los recursos, las oportunidades de capacitación y la participación política. Por ejemplo, al comparar la tasa de desempleo abierta (por cada 100 personas económicamente activas) entre la población indígena 23.8% y el promedio nacional 7.5% se tiene una diferencia abismal, la cual es un indicador de las dificultades laborales que presentan las personas indígenas. Aunque no se cuenta con datos desagregados por sexo, no resulta raro suponer que son las mujeres indígenas las que encabezan las filas del desempleo.

Por otra parte, el hecho de que recaiga únicamente sobre las mujeres indígenas, al igual que sucede con el resto de mujeres del mundo, el peso del trabajo reproductivo –cuidado y educación de los hijos e hijas y desempeño de las demás tareas domésticas-, hace que el desarrollo del trabajo productivo que éstas realizan se vuelva más duro. El tipo de trabajo productivo que las mujeres indígenas desempeñan se caracteriza por la ejecución de labores agrícolas, la comercialización de las cosechas, el trabajo en fincas como jornaleras, el trabajo en maquilas, el comercio informal y la elaboración de artesanías. Como puede apreciarse, estos trabajos a los cuales tienen acceso las mujeres indígenas son trabajos poco cualificados que generan una remuneración económica muy baja, con lo cual resulta imposible trascender los niveles de pobreza a los cuales se ven expuestas.

Otro factor que obstaculiza la igualdad en el acceso al mercado de trabajo para las mujeres indígenas es el limitado acceso que tienen las niñas y mujeres a la educación. No resulta raro suponer que la división sexual del trabajo incide negativamente sobre la formación académica de las niñas, puesto que al interior de estas comunidades se considera que para desempeñar correctamente los trabajos domésticos y ser una buena esposa no es necesario estudiar y se tiende a priorizar la educación de los niños sobre la de las niñas y adolescentes.

Para reivindicar los derechos de las mujeres indígenas, es necesario promover la información desagregada por sexo que permita conocer las condiciones reales de vida de estas mujeres, que constituyen uno de los grupos poblacionales mayormente excluidos como producto de su condición y posición de género, clase y etnia. Para que las mujeres indígenas sean tratadas como verdaderas humanas es indispensable que se les respete el derecho a existir, a estudiar y a trabajar en igualdad de condiciones con el resto de mujeres y hombres de la sociedad.

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