La violencia de pareja en la situación laboral de las mujeres

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Anteriormente he comentado cómo la violencia de género se constituye como un condicionante relevante para las mujeres al momento acceder al mercado laboral, específicamente por medio del acoso sexual y el acoso por razón de sexo en el empleo. Pero lamentablemente existen otras manifestaciones de esta violencia que generan en una gran cantidad de mujeres consecuencias y dificultades sobre su situación laboral, como por ejemplo la violencia contra la mujer en relación de pareja.

Esta grave problemática, que ha existido a lo largo de toda nuestra historia y tiene raíces profundas en el patriarcado, se estima que afecta al menos a una de cada cuatro mujeres, y no hay límites de edad, clase social, raza, ideología o religión para vivir esta realidad.

La violencia contra la mujer es un problema de poder, basado en la situación de desigualdad en que la mujer ha estado respecto del hombre, posición que genera dependencias emocionales, económicas, sociales y culturales. Esta desigualdad es legitimada y reproducida por la propia estructura social, repercutiendo directamente en todos los ámbitos de vida de las mujeres, incluido el laboral.

Según Miguel Lorente[1] las consecuencias son variadas: las mujeres que experimentan violencia en forma reiterada tienen un salario inferior a las mujeres que no han sido víctimas, se ausentan más del puesto de trabajo, aumentan el absentismo y disminuyen el rendimiento (lo que puede empeorar su situación con mayores exigencias laborales o incluso el despido). Esta situación se explica por el deterioro físico y psicológico de las mujeres que se encuentran en una situación de violencia de pareja, ante lo cual pueden aceptar cualquier tipo de empleo y con condiciones desfavorables que otras personas no tomarían (muchas de ellas se encuentran en la economía sumergida), y aquellas que tienen un buen trabajo se ven afectadas por los episodios de agresiones físicas y psicológicas que les impiden cumplir sus obligaciones laborales.

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En el caso contrario, se encuentran aquellas mujeres en las que el control ejercido por su pareja es tan extremo que no pueden siquiera optar a un trabajo fuera de casa, por lo cual su dependencia económica es total hacia el agresor. Incluso éste puede manejar completamente los recursos económicos de la familia, restringiéndole el acceso a bienes esenciales o impidiendo que reciba apoyo económico de parte de otras personas (amistades y familiares).


Con el fin de explicar la relación existente entre la participación laboral, los ingresos y la violencia contra las mujeres se han propuesto diferentes modelos socio – económicos (Modelos de Participación), que se basan en el llamado ‘salario reserva’, el cual es el mínimo que una persona está dispuesta a recibir como paga por un trabajo. Dentro de estos se encuentran

· el Modelo Tradicional: la violencia contra la mujer repercute en su participación de la fuerza laboral, con consecuencias de baja productividad y aceptación de menores condiciones debido a su estado psicológico deteriorado.

· el Modelo de Negociación: según el poder de negociación que tiene cada miembro de la familia los recursos se van distribuyendo de mayor a menor. En aquellos casos en que la mujer no permanezca en la casa, dada la infravaloración que tiene el trabajo doméstico frente al trabajo (público) que tiene el hombre, el poder de negociación de la mujer es ínfimo, y además el hombre controla su permanencia en el hogar para que no pueda acceder a recursos que le permiten negociar.

· el Modelo de Remuneraciones: en el cual se postula que en su mayor parte, los salarios premian la productividad. Dado que la violencia impide a las mujeres un buen rendimiento y productividad, su posibilidad de mejores ingresos disminuye, tornándose al mismo tiempo en otro obstáculo para su salida de la relación violenta, siendo una espiral descendente que juega en contra de la mujer.

Así, de una u otra manera la violencia de pareja, tanto si es manifestación (violencia económica) como si es consecuencia de, se transforma en una grave obstáculo para el desarrollo digno y en paz de las mujeres en el marcado laboral, por eso hay que visibilizarlo, denunciarlo, apoyar a quienes lo viven y decir… BASTA.



[1] LORENTE, M. “Mi marido me pega lo normal. Agresión a la mujer: realidades y mitos”. Ares y Mares, Editorial Crítica. Barcelona. 2001

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  1. Las reformas introducidas por la Ley de Igualdad han supuesto un cambio importante en la protección de la mujer victima de violencia de género:
    No computandose como faltas de asistencia, las ausencias o faltas de puntualidad motivadas por la situación física o psicológica derivada de violencia de género.
    Tienen derecho a reducir la jornada o a reordenar la jornada de trabajo…
    Que protegen a la mujer victima de maltrato, que ademas no se vea afectada en el ambito laboral.
    Todos estos avances se deben complementar con medidas de inserción laboral para las mujeres que no esten dentro del mercado laboral.

  2. Yo pienso que esta situación en la que la mujeres trabajadoras son víctimas de violencia de género, poco a poco van a estar más tenidas en cuenta en el mundo laboral. Así, ya hay convenios colectivos que regulan la situación de éstas mujeres, por ejemplo, el Convenio Colectivo del Banco de España que es el regula las cajas de ahorra, establece:

    ” la víctima de violencia de género que se vea obligada a abandonar el puesto de trabajo en la localidad donde venía prestando sus servicios, para hacer efectiva su protección o su derecho a la asistencia social integral, tendrá derecho preferente a ocupar otro puesto de trabajo, del mismo grupo profesional, que la empresa tenga vacante en cualquier otro de sus centros de trabajo”.

    Este convenio recoge otros derechos para las víctimas, como la reducción de jornada y los anticipos, y se establece que “las ausencias o faltas de puntualidad al trabajo motivadas por la situación física o psicológica derivada de la violencia de género se considerarán justificadas cuando así lo determinen los servicios sociales de atención o servicios de salud”.


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