La segregación ocupacional

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Las desigualdades de género en el mercado de trabajo se manifiestan de muchas formas, una de ellas es la segregación ocupacional que consiste en la concentración desproporcionada de mujeres en cierto tipo de ocupaciones y de hombres en otras, que gracias a los estereotipos sociolaborales unas se consideran “femeninas” y otras “masculinas”; es decir, la segregación ocupacional excluye a un género de la posibilidad de desarrollarse profesionalmente en ciertas actividades que la sociedad le atribuye al otro. Las consecuencias para las mujeres de esta segregación ocupacional se traducen en desigualdad en la remuneración, menores oportunidades laborales y escasas alternativas al momento de elegir oficio o carrera profesional.

En el Informe sobre Desarrollo Humano de El Salvador (2008), se manifiesta que los factores que explican la segregación ocupacional son tanto de demanda como de oferta. Dentro de los factores de demanda están: las preferencias de los empleadores –que en su mayoría son hombres- por contratar o no a mujeres para un puesto de trabajo específico basados en estereotipos de género que atribuyen determinadas “cualidades” o “defectos” a mujeres y hombres para realizar distintos trabajos. Entre los estereotipos referidos la fuerza de trabajo femenina están la trayectoria laboral más breve que la de los hombres, la preferencia por jornadas a tiempo parcial y la baja disponibilidad para hacer horas extra u horarios extensos. No obstante, me gustaría resaltar que si las mujeres tienen en promedio menos años de experiencia laboral que los hombres esto se debe al hecho de que el trabajo para ellas sea considerado como una actividad adicional a su rol principal de ser madre y esposa, y que por lo tanto, se han incorporado más tarde que los hombres el mercado laboral, lo cual no significa que ellas sean menos capaces. En cuanto a la idea de que las mujeres “prefieren” jornadas a tiempo parcial, esto es totalmente falso porque no es que ellas elijan trabajar menos, sino que muchas no disponen de más tiempo por la carga del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos e hijas, de lo cual están exentos los hombres; sin embargo hay un gran número de mujeres que no son madres de familia y que tienen todo el interés por trabajar a tiempo completo, pero no encuentran trabajo debido a este estereotipo. Con respecto a la menor disponibilidad para hacer horas extras pues sucede lo mismo: muchas mujeres no pueden por no contar con el tiempo suficiente y otras sí pueden, pero como se tiene la idea de que todas las mujeres tienen como actividad principal el desempeño de tareas domésticas –lo cual en todo caso es fruto de la construcción social de género- no encuentran trabajos serios donde ellas sean tomadas en cuenta.

Los factores de oferta contemplan las preferencias de las mujeres por elegir ciertas carreras profesionales, tipos de actividad o características del empleo; pero es necesario destacar que estas elecciones responden a condicionamientos de género previos a la entrada al mercado laboral como son la influencia de la familia para que sus hijas continúen reproduciendo la división sexual del trabajo, la elección estereotipada de formación académica, los medios de comunicación que se encargan de reforzar ciertas actividades para las mujeres y ciertas otras para los hombres.

Las actitudes e ideas que califican ciertas ocupaciones como “femeninas” son parte del sistema social y han sido aprendidas por la mayoría de los empleadores (Bergmann, 1974). En este sentido, las prácticas empresariales, la organización de la reproducción social y la ideología prevaleciente restringen la entrada de las mujeres a un amplio rango de ocupaciones. De acuerdo con un estudio sobre género y trabajo decente que compara quince países de América Latina (Abramo, 2006), en la región no ha habido un cambio importante en la segregación laboral por sexo; de modo que las mujeres continúan estando proporcionalmente más representadas dentro del conjunto de ocupaciones en el servicio doméstico, segmento que en todos los países recibe el más bajo ingreso medio. En siete países, las mujeres tienen baja participación en el segmento patronal y en cuatro países –El Salvador, Brasil, Ecuador y Nicaragua– la segregación ha empeorado.

En el mercado laboral de El Salvador, la segregación ocupacional se observa a partir de los siguientes indicadores: el 82% de la fuerza de trabajo femenina está concentrada en cuatro ramas de actividad, según los datos de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (DIGESTYC, 2006): comercio al por mayor y al por menor (42.8%), la industria manufacturera (18.4%), el servicio doméstico (10.6%) y los servicios comunales, sociales y de salud (10.5%). De las trabajadoras de la industria, casi la mitad (44.7%) labora en actividades de baja remuneración, predominantemente en maquilas. Por tipo de ocupación, las mujeres se concentran en los servicios y como vendedoras de comercio y mercados (30.7%), trabajadoras no calificadas (29.6%) y oficiales, operarias y artesanas de artes mecánicas y de otros oficios (13.7%). Como puede observarse, la discriminación y segregación laboral es una realidad común a muchos países latinoamericanos en donde la construcción sociocultural de género repercute negativamente en el desarrollo socioeconómico de las mujeres.

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  1. Da igual que los estudios sean de El Salvador como de España, si hablamos de trabajo, los puestos que las mujeres tienen en el mercado laboral son los mismos, la única diferencia está en que en España hace unos años la obsesión era ir a la Universidad en busca de mejores condiciones laborales para el futuro, pero parece que la diferencia es muy excasa, muchas universitarias realizando trabajos precarios, en supermercados de cajeras de media jornada, mientras esperan algo mejor como puede ser de administrativa, y sobretodo de comerciales de compañías de teléfonos móviles.

    Esta claro que las mujeres han ganado en formación, pero eso no permite un abánico mayor de posibilidad en el mercado laboral, sigue habiendo trabajos de hombres y trabajos de mujeres, pero lamentablemente ahora hay pocas oportunidades para todos.

  2. Yo me pregunto qué dirán aquellas mujeres procedentes de países latinoamericanos cuando vienen a España y se encuentran con una realidad que no difiere demasiado con la de su país. Esta España que pertenece a la Europa del progreso, que nos hacemos un continente unido en pos del desarrollo común, esta España de las leyes de igualdad y de oportunidades para ellas.

    Afortunadamente contamos entre nosotras con algunas de esas mujeres, a las que desde aquí invito a darnos su impresión en ese sentido.

  3. El problema es que además nos adjudican las funciones mediante el proceso de socialización donde cada persona construye la identidad en función del sexo, perpetuando así roles esterotipados y sexistas, promoviendo comportamientos, conocimientos, aptitudes y
    actitudes diferentes en el trabajo, este proceso es promovido por mujeres inmaduras o que no conocen otras alternativas, bien por falta de educación, de formación etc y especialmente abonada y potenciada por los hombres.


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