¿QUIÉN DEPENDE DE QUIÉN?

¿QUIÉN DEPENDE DE QUIÉN?

Se me ocurre imaginarme tres personajes. Mario, es un investigador sobre transgénicos, Candela, es ama de casa y Lola, campesina. Me pregunto sobre sus días y sus semanas, qué hacen y qué no hacen.

Mario se dedica a encontrar una semilla transgénica, de donde salga una planta- con un gen extraído de una rata- capaz de segregar un líquido para acabar con un bichito, pongamos un pulgón, que la hace enfermar. Cuando regresa a casa, de noche, sus hijas, tres, ya están cenadas. Su esposa las duchó después de haberles dado la comida preparada por otra mujer, que se encarga de las tareas cotidianas de la casa. Con ellos también vive la madre de Mario, a la que da un beso en la frente cada vez que llega de su jornada laboral. Ella le sonríe, porque lo agradece de veras… pero echa de menos una charla y un paseo con él y contarle que su hermano le va a regalar otro sobrino y que está preocupada por la cara de enfadado con la que siempre llega a casa después del trabajo. Lo piensa, pero no lo dice.

Mario sabe de semillas, de ratas y de otros bichos- es un investigador reconocido a nivel internacional- pero no sabe de cuidar a su familia en lo cotidiano. No sabría ni hacer un huevo frito, salvo la paella de los domingos. Sus amistades fuertes se quedaron en el pasado, las conversaciones y las risas con su mujer, olvidadas. Las gripes y resfriados de sus hijas quedan solucionadas por las atenciones de la abuela y la madre. Y, aunque sabe de semillas, nunca plantó ninguna. Nunca tuvo su huerto con sus verduras ni hizo pan, para eso estaba el supermercado y la mujer a la que pagaba para eso.

Candela, a diario, se pone su radio en la cocina y, entre fogones, canturrea y corta cebolla. Su marido y tres hijos llegarán en poco más de una hora. Ya hizo las camas, limpió el salón, compró lo que faltaba de comida. También había duchado ya a su padre. Mientras pone el ajo en la sartén empieza a recordar que mañana termina el plazo para entrar en ese curso de modista, a ver si le da tiempo de ir… Antes de su primera hija cosía en casa por encargo y quería retomarlo ahora que ya estaban todos creciditos. Echa de menos aprender, a veces la casa se le cae encima y estaría bien ganar un poco de dinero, que lo que entra en casa, tampoco da para mucho.

Lola tiene una huerta. Está mirando las varias hectáreas que tiene cultivadas de maíz. Tiempo atrás, la vida de agricultora era distinta. Ya no guarda las semillas que le dan las plantas, porque su maíz es transgénico. Está preparado para matar un bichito-el taladro- lo que no quita para tener que usar herbicidas y plaguicidas… Las semillas que le venden son “de un solo uso” y, cada año, vuelve a comprarlas, junto con el resto de químicos para que la cosecha sea óptima. Antes, se paró a pensar, se producía algo menos, sí, pero también tenían menos gastos, con lo que los beneficios, para ella, son similares. Ahora, además, cultivando sólo maíz, ya no tomaban esos ricos tomates, calabazas y berenjenas de cuando producían un poco de todo y se intercambiaban con otras personas del pueblo, de las que cada vez ya quedan menos. A sus hijas, por ir más cerca, no les interesa la agricultura. Prefieren vivir independientes en una ciudad…

La idea de independencia va ligada a ese homo economicus, individuo egoísta- y urbanita- que no depende de nadie, que todo lo obtiene del mercado. Muchas líneas argumentadas hay sobre esa falsa idea de independencia y a ellas me remito y con ellas me pregunto. Se ha hecho depender la agricultura de grandes insumos, provenientes de multinacionales que dominan el mercado global… ¿cómo el campo depende de las ciudades, cuando son ellos los que alimentan a las urbes? Candela sabe de afectos, de comidas, de cálculos económicos para llegar a fin de mes… ¿Y realmente depende ella de su marido? ¿Y su marido depende más de su puesto de trabajo que de Candela?

quien-depende-de-quien5Todas las personas somos dependientes, según distintos los grados y según qué. Lo que me parece perverso del sistema es que se oculten unas dependencias y se magnifiquen y se distorsionen otras. Hace falta dinero, pero sobre todo en esta sociedad. Éste hace falta para cubrir una serie de necesidades. El dinero, el mercado, en este sistema se ha convertido en un fin en sí mismo. Pervirtiendo la lógica básica de cualquier sociedad, la satisfacción de las necesidades, que no la maximización de beneficios. La agricultura es básica en cualquier sociedad, pero las tierras que la sustentan están siendo explotadas y deterioradas y, aun dentro del mercado, sus precios distorsionados y sus trabajos infravalorados. Además, las sociedades se mantienen con esos dos tercios de trabajo que no están remunerados… ¿Pero quién depende de quién?

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  1. Todos dependemos de todos. Pero unos trabajos son invisibles y otros no. Unos son los que sustentan y otros los sustentados, cuando esto realmente no es cierto, todos nos necesitamos. y mientras todos los trabajos no estén igualmente reconocidos no habremos entendido nada.
    Revaloricemos lo olvidado, que no nos pase como a Mario que se está perdiendo tanto por no saber mirar.
    Agradezcamos a las mujeres que nos han cuidado que gracias a ellas estamos aquí, y que hemos dependido de ellas, y que nos han transmitido tanto. NOs han enseñado el valor de cuidar y con ello, el cuidar a los que nos rodean, el cuidarnos a nosotras mismas, y cuidar nuestro entorno.
    Porque lo que no se cuida no se conserva.

  2. Precioso tu post, me ha hecho pensar, es cierto todos dependemos de todos, la sociedad no es más que un conjunto de redes sociales en la que cada persona aporta un trabajo con muchísimo esfuerzo y otra necesita de él, y viceversa.
    Como se infravaloran trabajos como la agricultura tan absolutamente necesarios porque sin el esfuerzo de los agricultor@s no comerámos verduras, frutas u hortalizas en las ciudades.

    ¿Que pasa que exísten trabajos de primera categoría en las grandes ciudades sobre todo para los hombres, y existen trabajos de segunda o tercera categoría como el que realiza la mujer ya sea en el hogar o fuera del mismo o por ejemplo el trabajo agrícola?¿donde dejamos los trabajos realizados con amor y dedicación?No viviríamos los un@s sin los otr@s tanto a nivel profesional como afectivo, por tanto la dependencia es algo vital en nuestra sociedad, porque sin redes sociales simplemente no podríamos funcionar.

  3. En definitiva creo que existe una interdependencia entre todas las personas, e incluso entre todas las culturas, y si fuéramos capaces de reconocerlo desaparecerían muchas barreras como la discriminación, los estereotipos, las desigualdades, los prejuicios, etc. porque todos y todas estaríamos al mismo nivel reconociendo que necesitamos del otro y la otra para subsistir en este mundo que cada vez deja de ser humano para convertirse en mercado.


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