Quien hizo la ley hizo la trampa…

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Diciembre de 2006, se publica la ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia. En principio es motivo de alegría ya que se configura como pilar  del estado de bienestar además de crear un nuevo derecho para aquellas personas en situación de dependencia.

 También esta ley traería ventajas para los cuidadores de personas dependientes, ya que podrían optar a una prestación económica dependiendo del grado de la persona a la que cuidase, de alguna forma est@s cuidador@s podrían verse recompensadas por el sacrificio que significa cuidar a una persona durante todo el día, todos los días del año.

Pero una vez transcurrida la euforia del momento y pasado ya algún tiempo podemos dar buena cuenta de la cantidad de fallos que contiene la ley, aunque nos vamos a centrar en las consecuencias para las mujeres cuidadoras.

 En el artículo 18  de la LPAAD  se dice que aquellas personas que estén siendo atendidas en el entorno familiar se concederá una prestación económica por cuidados familiares, este cuidador deberá ajustarse  a las normas de afiliación, alta y cotización a la seguridad social que se determinen reglamentariamente, también se establecerán acciones de apoyo a los cuidadores no profesionales incorporando programas de formación, información y medidas para atender en periodos de descanso.

 Comenzando por el principio,  para el grado máximo, Grado 3 nivel 2, la persona cuidadora optaría a una prestación económica de 506.96 € mensuales, esta cuantía disminuirá a medida que disminuye el grado de dependencia. Pues bien, haciendo un ligero cálculo, la persona cuidadora estará disponible el día completo para la persona dependiente, pero pongamos una media de 10 horas, y trabajará los 7 días de la semana, sin descansos, esto significa que trabaja los 30 días del mes aproximadamente. Esto significa que la persona cuidadora ganaría una media de 1,6 € por hora. Seamos realistas, ¿son justas las cuantías de las prestaciones?

Teniendo en cuenta que debido a la educación recibida y los mensajes que transmite la sociedad, se favorece la concepción de que la mujer está mejor preparada que el hombre para el cuidado, ya que tiene más capacidad de abnegación, de sufrimiento y es más voluntariosa,  la mayor parte de estos cuidadores principales son:

*La mayoría de los cuidadores son mujeres.

*De entre las mujeres cuidadoras, un 43% son hijas, un 22% son esposas y un 7’5% son nueras de la persona cuidada.

*De entre 45 y 65 años de edad.

*En su mayoría están casados.

*Una parte muy sustancial de cuidadores comparten el domicilio con la persona cuidada.

*En la mayoría de los casos no existe una ocupación laboral remunerada del cuidador.

*La mayoría de los cuidadores prestan ayuda diaria a su familiar mayor.

*Gran parte de los cuidadores no reciben ayuda de otras personas.

*La rotación familiar o sustitución del cuidador principal por otros miembros de la familia es moderadamente baja.

*Percepción de la prestación de ayuda: cuidado permanente.

*Una parte de ellos comparte la labor del cuidado con otros roles familiares como cuidar de sus hijos.

Ahora bien, Teniendo en cuenta que el resto de servicios se obtendrán a través del modelo de financiación de copago, la mayoría de las personas obtarán por la obtención de este recurso de carácter excepcional en vez de elegir un recurso que deberán cofinanciar. Esta modalidad pone en evidencia el talante con el que la futura ley aborda el trabajo de cuidados que realizan casi en exclusiva las mujeres y sobre las que recaerá mayoritariamente la aplicación de esta medida. Si se trata de una ayuda no debería cotizar a la Seguridad Social y si se trata de un salario ¿por qué no regularlo con todas sus consecuencias?

Para obtener esta prestación la persona cuidadora no debe tener otro empleo, y deberá darse de alta y cotizar a la seguridad social por el cobro de esta prestación, aunque no obtendrá derecho a desempleo ni al resto de derechos de los trabajadores salvo la jubilación.

Esto hace que la persona cuidadora, en la mayoría de los casos entra en un círculo perverso tal como ponía de manifiesto María Pazos con el siguiente ejemplo:

Una mujer cobrando unos 700-1000 € con un trabajo fijo a sus 35 años. Su padre enferma y el estado le dice que le da X € y le dará de alta en la seguridad social para la pensión si deja el trabajo.

Piensa que con esos X € más la pensión de su padre podrán vivir.

Pero 10 años más tarde su padre muere, se acaba la pensión del padre y los X€. Intenta volver a su trabajo pero ya no la admiten, busca trabajo sin encontrar nada.

No tiene prestación por desempleo. Las cotizaciones son para la jubilación, pero ella tiene solo 45 años. ¿DEBIÓ OPTAR POR  LA PRESTACIÓN?

Desde un punto de vista feminista crítico resulta totalmente inadmisible que por un lado, en la declaración de principios del proyecto de ley, se reconozca el injusto reparto del trabajo de cuidados que realizan las mujeres en la sociedad, y por otro se legisle potenciando la continuidad de esta situación.

La crítica principal que se le hace a la ley de dependencia es que perpetúa el papel de la familia y de las mujeres dentro de ella como prestadora principal de cuidados, contribuyendo a reforzar el modelo social patriarcal en el que las necesidades de los hombres se sitúan por encima de las de las mujeres, contribuyendo a su opresión. Se pretende condenar a las mujeres a que asuman como inevitable el papel de cuidadoras de personas mayores, enfermas y menores, así como prestadoras de servicios de carácter doméstico. Esto contribuye a la baja autoestima de las mujeres y supone menores oportunidades para su promoción social, y una mayor vulnerabilidad, aumentando sus posibilidades de ser víctimas de maltrato doméstico (psíquico y/o físico). Estas tareas de cuidados, apoyo emocional y trabajo doméstico son además invisibilizadas de forma interesada por el capital, que, en una sociedad asalariada como la nuestra, intenta reducir los costes de mantenimiento de la fuerza de trabajo y aumentar así sus propias tasas de ganancia.

04-septiembre-08blog

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  1. La ley de dependencia ha supuesto para muchas personas un importante paso hacia el reconocimiento de la dependencia como un derecho.Ha supuesto el despliegue de nuevos derechos que además de velar por la autonomía de las personas dependientes contribuye a desplazar las tareas de cuidado al ámbito público lo que puede permitir que más mujeres se empleen y puedan participar de la riqueza y del desarrollo económico. Reconociendo que esta ley puede tener aspectos que mejorar significa un avance importante para la resolución de muchas situaciones que de otra manera no tendrían respuesta.

  2. La critica no es realmente a la Ley de Dependencia en su totalidad, sino a las medidas destinadas a apartar a las mujeres del mercado laboral para ejercer las tareas de cuidado. No es una buena solución, lo único que hace es reforzar el papel de las mujeres como cuidadora, y el ser para otros. Además de colocarla en una posición de precariedad, las mujeres que hayan optado por el cuidado no tienen derecho a jubilación, y no van a cotizar a la Seguridad Social.
    La ley podría complementarse con una bolsa de trabajo que con la formación previa necesaria, facilitara la entrada al mercado laboral a muchas mujeres, garantizando unos derechos laborales.
    Así como una fuerte inversión en servicios públicos de cuidado.

  3. Una ley, una política pública, un programa de gorbierno, etc., están pensados para ser factibles de modificación con el tiempo. Para eso es necesario evaluar los aspectos positivos y negativos que ha generado, así como los impactos en las personas, las cuales no son neutras, son mujeres y hombres, de distinta condición social, origen, conocimientos, recursos económicos, etc.
    Esta ley en particular obviamente tiene aspectos positivos, eso es innegable, pero lo que me parece muy importante es reconocer sus fallos desde una mirada con los “lentes” del género. La compañera cita un ejemplo clarificador al respecto: las mujeres que dejan un empleo sin pensar en las consecuencias que esto tendrá para su futuro, probablemente por verlo muy lejano, o simplemente por no percibir estas desventajas.
    Distinto es el caso de quienes sin pensar siquiera en incorporarse al mercado laboral reciben un reconocimiento y retribución por el trabajo que realizan.
    Al igual que la compañera anterior creo que podría reforzarse con programas sociales de capacitación a las personas que solicitan este beneficio, incorporando conocimientos básicos (ej. geriatría, alimentación, curaciones, autocuidado, etc.) que les permitan ejercer de buena forma su trabajo y posteriormente tener mejores opciones laborales.


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