El fracaso escolar tiene cara de chico

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Según publicaba el país hace unos días el desastre del elevado fracaso educativo español (30,8% en 2006) y el abandono escolar temprano son un asunto esencialmente masculino. Sin la abultada contribución de los varones a ese descalabro, en el que la inmigración contribuye sólo en una porción mínima, las alumnas españolas no estarían muy por debajo de la media educativa de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), establecida en el Informe PISA. Y lo que tenemos, en la antesala de la sociedad del conocimiento, es que más del 36% de los muchachos y el 25% de las chicas salen del sistema escolar sin ni siquiera haber cubierto la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO); jóvenes con una formación académica mínima y ni oficio, ni beneficio. El objetivo comunitario de reducir el fracaso escolar al 15,5% en 2010 se ha convertido para España en una amarga quimera.

Según contaba un pedagogo, las mujeres están más preparadas en educación, porque además de sacar mejores notas, practican deportes, hacen varias actividades extraescolares y ayudan más en casa.

Las chicas lo hacen ya mejor en los primeros años de escolarización y ese rendimiento diferencial superior se mantiene, con altibajos, a lo largo del recorrido educativo hasta desembocar en la Universidad. En los últimos años, el porcentaje de licenciaturas universitarias conseguido por las mujeres se sitúa en torno al 61%. Y eso, pese a que las chicas continúan estando más retrasadas en las asignaturas de matemáticas y física y que, por lo mismo, siguen mostrándose reticentes ante las carreras científico-técnicas.

La directora del instituto de la mujer achaca a razones culturales esta pobre representación, pero aún tenemos que seguir escuchando comentarios como los de este profesor: “Las carreras técnicas les dan miedo porque ellas son muy prácticas y buscan salidas profesionales más compatibles con el proyecto de fundar una familia, tener hijos..”

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Según eso, el estancamiento en el número de catedráticas y de personal docente femenino universitario (36,1%) y la falta de correspondencia entre la superior formación de las mujeres y su lugar en el mercado laboral tiene que ver con su voluntad de procrear, una suerte de “mandato de género” que trunca, a menudo, trayectorias profesionales brillantes. La discusión está en si el denominado “techo de cristal” depende sólo de factores culturales o influyen también elementos biológicos. En cualquier caso, la conciliación entre la vida laboral y familiar se revela como una necesidad urgente, puesto que ningún país -no, desde luego, España-, puede permitirse el lujo de prescindir de la riqueza potencial que conlleva la formación de las mujeres.

Los propios estudios del Ministerio de Educación establecen que entre los estudiantes que acaban la ESO el porcentaje de varones repetidores (49%) dobla, prácticamente, al de las mujeres (26%).

Pero es que, además, los premios extraordinarios por rendimiento académico o esfuerzo personal pertenecen a las mujeres de forma tan abrumadora que, en algunos centros, se priman los méritos masculinos para evitar que los varones se sientan convidados de piedra en la fiesta. En la práctica, la “discriminación positiva” lleva tiempo ejerciéndose en determinadas universidades privadas que buscan asegurar un cierto equilibrio de matrículas masculinas y femeninas.

El porcentaje de chicas que se gradúan en la enseñanza posobligatoria (Bachillerato, en la rama académica) supera en 12 puntos al de los hombres. El 58,25 % de los alumnos que se matricularon en la Universidad en 2007 fueron mujeres.

Se están buscando explicaciones de porqué este fenómeno es más acusado en nuestro país aunque se está generalizando en todo el mundo. Aceptado que el nivel de inteligencia es igual entre los sexos y que la escuela tiene vocación igualitaria (a diferencia en, muchos casos, de la familia y del mercado de trabajo) las explicaciones se centran, sobre todo, en la más temprana maduración psíquica y física de las mujeres.

Encuestas llevadas a cabo en una serie de institutos muestran que en la ESO y el Bachillerato los chicos estudian una media de tres horas semanales, mientras que las chicas dedican a esa tarea alrededor de ocho. A la vista de estos datos, está claro que demasiados niños pasan demasiado tiempo con los videojuegos y matan las horas ante el televisor en lugar de hacer sus deberes y también que las chicas trabajan y se esfuerzan más. También se implican más en clase.

Y eso, por no hablar del comportamiento masculino en esas edades en las que la testosterona desbocada causa estragos. Algunos estudios y la experiencia de otros centros muestran que más del 80% de los alumnos conflictivos suelen ser chicos. Ellos acaparan los partes de incidencia y las expulsiones, protagonizan la gran mayoría de los actos de indisciplina y las agresiones. En contraste con esa característica física, algunos pedagogos detectan entre las chicas una “agresividad psicológica alta” de efecto igualmente pernicioso.

Lo que parece claro es que el dominio temprano de la lectura y la escritura -de acuerdo con una serie de informes, en estas materias, las mujeres llegan a acumular una ventaja de hasta año y medio. Se piensa que los palos que bloquean la rueda del sistema educativo son también el bombardeo televisivo de la violencia, el abandono de valores como el esfuerzo y el machismo todavía latente en tantos hogares españoles.

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  1. Cuando leo textos como el que plantea la compañera siempre me planteo: bueno, y entonces ¿qué ocurre cuando llegamos al mercado laboral? Se supone que la capacitación determina tu posición en la jerarquía del mercado de trabajo. De esta manera, si tenemos los mejores expedientes y sacamos las mejores notas, ¿por qué no ostentamos cargos de poder?

    Sinceramente creo que nos limita es en gran parte la maternidad (en muchas ocasiones nos “saca” literalmente del mercado laboral); la estructura machista y patriarcal del mercado de trabajo, que hace que los hombres ayuden a promocionar a otros hombres, y las condiciones tan precarias en las que accedemos al empleo: contratos parciales, temporales, etc.

    Hoy tuve una entrevista de trabajo y por supuesto, no faltaron las dos preguntas que siempre se le hace a una mujer, independientemente de que tu perfil se ajuste perfectamente al puesto: ¿estás casada? ¿tienes hij@s?

    • Bueno compañera, como tu dices es mas bien el machismo y el patriarcado lo que nos limita tanto laboral como socialmente.
      El hecho de ser madres no deberia limitarnos si la corresponsabilidad y los servicios funcionaran de manera correcta.
      Pero….. como ya estamos nosotras para cogernos las bajas maternales y pedir excedencias….. para que se va a hacer cargo papa o la administración.
      Mas bien pienso que el problema no es la maternidad en si, que como en otra categoría he comentado es un derecho y un bien social.

  2. La verdad me parece que si los chicos fracasan más a nivel escolar que las chicas, es cierto que la violencia actual, los medios de comunicación, la escasez del tiempo que dedican sus padres a su educación además del sistema educativo desde mi punto de vista cada vez más ineficaz en valores y respeto, provocan un aumento en el fracaso escolar.
    ¿Por qué un chico abandona antes los estudios que las chicas? mi teoría es la siguiente, las mujeres debido a los obstáculos que hemos tenido durante toda la historia respecto a la formación, además de ver imposibilitado el acceso al mercado de trabajo en muchas ocasiones, hace que entre las mismas familias se motiven más a las niñas que a los niños. Es decir, como una mujer tiene más inconvenientes en acceder a un buen puesto de trabajo que un hombre al final nos esforzamos muchísimos más porque sabemos las dificultades que nos encontramos, de ahí que el número de alumnas universitarias y con curriculos expectaculares sea en número mayor que entre los varones.


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