IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

Igualdad de oportunidades

Mucho es lo que se ha evolucionado sobre la realidad del trabajo en relación a los derechos de los trabajadores y las condiciones en que la labor debe ser realizada para no perjudicar la salud de los mismos. Aunque la mayoría de las normas internacionales del trabajo regulan la realidad tanto de las trabajadoras como de los trabajadores, existen algunos ítems que se refieren especialmente a la situación de la mujer.

Ellos se centran en torno a dos preocupaciones fundamentales, según las normativas de la Organización Internacional del Trabajo:

• garantizar la igualdad de oportunidades y de trato en el acceso a la formación, el empleo, la promoción, la organización y la toma de decisiones, así como la igualdad de condiciones en términos de salario, beneficios, seguridad social, y servicios de bienestar cuya prestación esté vinculada con el empleo;

• proteger a la trabajadora contra aquellas condiciones de trabajo que puedan entrañar riesgos para la maternidad.

En cuanto a la primera de ellas, la mujer ha ganado en las últimas décadas muchísimo terreno en el mercado laboral, y muchas de ellas ocupan lugares gerenciales tanto en ámbitos públicos como privados. Ello se debe, en gran medida, a que la evolución del trabajo y la producción ha ido variando sus modos, dando lugar a una preferencia por la capacidad organizativa y el conocimiento antes que la fuerza física, donde el hombre tenía indiscutible superioridad. Sin embargo, sobre todo en los países con menor desarrollo económico y social y, por lo tanto, menor acceso de las mujeres a la educación, ellas se encuentran aun relegadas a condiciones laborales indignas, rayanas en la explotación. Muchas veces estas condiciones de trabajo atentan contra la salud de la trabajadora, contra la conformación familiar y contra la maternidad en sí.

Desde 1952, año en que se revisó el primer convenio internacional sobre el trabajo femenino, se ha producido una evolución muy profunda en la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, y se ha avanzado hacia un compromiso cada vez mayor para eliminar la discriminación en el empleo. No obstante, las oportunidades de la mujer frente a las masculinas son, aun hoy, menores y deficientes. Ello trae consecuencias no sólo ni particularmente sobre las mujeres, sino sobre los grupos familiares que de ellas dependen económicamente, especialmente los hijos.

Durante la 87a reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (1999), con respecto a la protección del empleo y no discriminación se recomendó expresamente que “Toda mujer debería tener derecho a ocupar el mismo puesto de trabajo o un puesto equivalente con la misma remuneración al terminar la licencia de maternidad, cuya duración debería considerarse como período de servicio a efectos de determinar sus derechos.”

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