GLOBALIZACION,ECONOMIA Y FEMINISMO

la globalizacionEl papel de las mujeres en la globalización económica es crucial por muchos motivos. El primero de ellos hace referencia al aumento del trabajo invisible  de las mujeres. En efecto, cada vez que el Estado deja de asumir funciones relacionadas con las ayudas sociales  las mujeres sustituyen al Estado y asumen esas tareas, casi siempre relacionadas con salud, nutrición y cuidados. En un momento histórico como el que estamos viviendo de crisis económica  las mujeres trabajan más pero en las mismas condiciones de invisibilidad de siempre. A todo esto hay que añadir que las aportaciones sociales de los empresarios  se están recortando directa o indirectamente en casi todos los países del mundo y que muchos de ellos están aprovechando la crisis para deshacerse de parte de sus empleados y empleadas alegando problemas económicos de las empresas .

 El segundo aspecto hace referencia al trabajo visible de las mujeres. La entrada de considerables contingentes de mujeres al mercado global de trabajo en unas condiciones de sobreexplotación difíciles de imaginar en el mundo desarrollado es una de las condiciones de posibilidad de aplicación de las políticas neoliberales. La importancia numérica de mujeres en las maquilas o zonas francas vinculadas al vestido y al montaje electrónico significa que hay sectores económicos ocupados mayoritariamente por mujeres.

Como muestra la bibliografía sobre desarrollo, hasta bien entrados los ochenta, las mujeres subsidiaron el trabajo asalariado de los hombres a través de la producción doméstica y la agricultura de subsistencia, además de contribuir decisivamente a financiar el sector modernizado de la economía a través de la producción de subsistencia no pagada; pero con la internacionalización de la producción manufacturera se feminiza el proletariado y comienza a configurarse una mano de obra femenina desproporcionada respecto al pasado. Mujeres e inmigrantes emergen como el equivalente sistemático del proletariado, que, en este caso, se desarrolla fuera de los países de origen. La socióloga norteamericana Saskia Sassen explica, a resultas de la globalización económica, el retorno de las llamadas ‘clases de servidumbre’ compuestas en su mayoría por inmigrantes y mujeres migrantes.1010865545_globalizacion3

 La tesis de esta autora es que se está feminizando la supervivencia. En efecto, la producción alimenticia de subsistencia, el trabajo informal, la emigración o la prostitución son actividades económicas que han adquirido una importancia mucho mayor como opciones de supervivencia para las mujeres . La participación de las mujeres está creciendo, tanto en los sectores económicos legales como en los ilegales.  El tráfico ilegal de mujeres para la industria del sexo está aumentando como fuente de ingresos y las mujeres son el grupo de mayor importancia en los sectores de la prostitución y la industria del sexo. Lo cierto es que las mujeres  entran en el macronivel de las estrategias de desarrollo básicamente a través de la industria del sexo y del espectáculo y a través de las remesas de dinero que envian a sus países de origen. Ambas estrategias tienen cierto grado de institucionalización de las que dependen cada vez más los gobiernos . La exportación de trabajadores y trabajadoras y las remesas de dinero son herramientas de los gobiernos para amortiguar el desempleo y la deuda externa. La tesis de Sassen es que las actuales condiciones sistémicas con altos niveles de desempleo y pobreza, la disminución de los recursos del Estado en lo relativo a los necesidades sociales y la quiebra de un gran número de empresas hacen posible la existencia de una serie de circuitos con un relativo grado de institucionalización por los que transitan sobre todo mujeres: “Estos circuitos pueden ser pensados como indicadores, siempre parciales, de la feminización de la supervivencia, dado que estas formas de sustento, de obtención de beneficios y de garantizar los ingresos gubernamentales se realizan, cada vez más, a costa de las mujeres. Las trabajadoras ‘genéricas’ son el modelo ideal para la economía neoliberal: son flexibles e intercambiables.

 El hecho innegable es que está creciendo el segmento de mujeres que se insertan en el mercado de trabajo global. Para Sassen, “la globalización ha producido otro conjunto de dinámicas en las cuáles las mujeres están desempeñando un rol crítico”.

Hay que señalar que la globalización de las políticas neoliberales lejos de dejar un saldo positivo para las mujeres, significa mucho más trabajo gratuito y mucho más trabajo mal pagado; además, la lógica excluyente implícita en el neoliberalismo ha empobrecido más a los pobres, que en su mayoría son mujeres.

Todos los datos avalan empíricamente la idea largamente sostenida por el feminismo de la feminización de la pobreza. La globalización, en su versión económica y neoliberal, es un proceso que está ahondando cada vez más la brecha que separa a los ricos de los pobres y ha llevado al límite la lógica del beneficio por encima de cualquier proyecto ético y político de desarrollo humano. En este contexto de ganadores y perdedores, las mujeres no se encuentran entre los ganadores porque su inserción en la nueva economía se está realizando en un terreno marcado por la desigualdad de género. El capitalismo neoliberal  ha renovado el pacto histórico e interclasista con el patriarcado a partir de unos nuevos términos. Ha eliminando una buena parte de las cláusulas, pero ha dejado intacta la médula de ese pacto que se traduce en subordinación a los varones y explotación capitalista y patriarcal. Desaparece paulatinamente la figura del varón como proveedor económico de la familia y aparece una nueva figura, la ‘proveedora frustrada’, tal y como argumentan Heidi Hartman y Celia Amorós. Esta mujer que se inserta en el mercado de trabajo global se ve atrapada en una jornada interminable  a causa del aumento del trabajo gratuito e invisible del hogar y ahora, además, accede al mercado de trabajo como trabajadora ‘genérica’.

 Si utilizásemos el concepto de Celia Amorós, diríamos que el modelo de trabajadoras ‘genéricas’    (flexible, con capacidad de adaptación a horarios y a distintas tareas, sustituible por otra que no acepte las condiciones de sobreexplotación…) es la nueva definición de las ‘idénticas’, aquellas que no gozan del derecho a la individuación. Dos sistemas hegemónicos -patriarcado y capitalismo neoliberal- han pactado nuevos y más amplios espacios de trabajo para las mujeres, que se concretan en la renovación de la subordinación a los varones y en nuevos ámbitos de explotación económica y doméstica.

Todos estos motivos muestran la necesidad de que el feminismo construya un discurso crítico hacia la globalización económica. Los datos apuntan a la necesidad de que los argumentos feministas tengan un espacio relevante en los movimientos antiglobalización, hasta el punto de que las alternativas que se formulen al neoliberalismo tengan como uno de sus ejes centrales la desigualdad de género. Esto requiere que el feminismo se articule críticamente contra la feminización de la exclusión social y contra la feminización de la supervivencia.

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  1. Son muy valiosas las aportaciones que en este texto de Sassen hablan acerca de la desflexibilización del mercado laboral, la dinámica social de las remesas, la crítica que allí se hace al neoliberalismo y el interesantísimo enfoque estructural que nos permite apreciar cómo los planes de reajuste a nivel global del FMI y el Banco Mundial, en otras décadas, fueron creando a lo largo y ancho del mundo ciertas geografías o zonas de economía precaria. No obstante, hay que decir que pesar de dichos aportes tan valiosos, este trabajo se encuentra en cierto grado sesgado. En este trabajo, por ejemplo, la autora sostiene que los planes de reajuste estructural atrás mencionados, lo que generaron fue una “feminización de la supervivencia”, lo que en gran parte es cierto, cómo no, aunque, ampliando un poco más la interpretación crítica y social que se requiere, lo que en realidad generaron dichos planes y las condiciones estructurales hegemónicas que en el libro se mencionan, fue una “precarización general de la supervivencia”. Así es, para entender este maravilloso texto hay que entender igualmente que tiene cierto sesgo. Porque la desflexibiliación del entorno laboral y las condiciones que en el texto de Saskia Sassen se mencionan, solo tienen que ver, principalmente, con las economías del cuidado (enfermeras y amas de casa) y otras ocupaciones de similar raigambre y muy dadas a la explotación. Y he ahí el sesgo, ya que la precarización y las contrageografías tan mencionadas en el texto, se presentan en muchos otros ámbitos de la compleja realidad humana que a la autora, a pesar de su excelente visión social, parecen no interesarles, y no le interesan, al parecer, o al menos da esa impresión, por el mero hecho de que hay hombres allí. En el sector mismo de la construcción o la vigilancia (que tiene que ver con el cuidado), se explota a muchos hombres por las mismas razones que se mencionan en el texto, pero esto parece, creo yo, no encajar dentro de la subjetiva y prejuzgada visión con nos brinda esta autora. El texto es muy bueno, excelente diría yo, pero bien podría propiciar una discriminación masculina en el desarrollo e implementación de políticas públicas. Una discriminación amparada en políticas y visiones sexistas, y no del todo sociales e interdisciplinarias. De ahí que el texto mismo deba ser ampliado siquiera un poco en sus visiones. Una cosa es luchar por los derechos de las mujeres y otra realizar una radicalización de la victimización de la condición femenina. Los estudios deben ser tan buenos como este de Saskia Sassen, pero más completo en su objetividad.


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