Las mujeres y la microempresa en Chile

microempresariasLa incorporación de mujeres en el mercado laboral ha generado una serie de consecuencias culturales, las cuales han comenzado a ser estudiadas desde hace algunos años con la propuesta de la Perspectiva de Género. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en el documento número 13 de la serie Mujer y Desarrollo plantea que: “La mirada de los procesos sociales desde la óptica de las mujeres introduce en el campo de preocupación de los análisis del desarrollo los importantes cambios ocurridos en nuestras sociedades: modificaciones en el comportamiento reproductivo, en la formación de las familias, en las formas de organización comunal y social, y en la constitución de los actores sociales, en aspectos inéditos del quehacer económico (todos marcados por la modernidad), que no se visualizan con los enfoques tradicionales, y que sin embargo son hoy una realidad.” (Rico, 1993).

Durante los últimos años se han acelerado los procesos de inserción de la mujer en la vida económica de América Latina. De hecho, en Chile, la participación de las mujeres en el mercado del trabajo, tanto en las ciudades como en las zonas rurales, y en todos los niveles socioeconómicos, ha aumentado notablemente, a un ritmo superior que el de los hombres (SERNAM, 2000, 39).

La incorporación masiva de mujeres no se ha efectuado en las mejores condiciones laborales, ya que han ocurrido varias crisis económicas y financieras en la región, lo cual ha disminuido los índices de crecimiento económico de Chile[1]. Si se suma esto con la alta competencia mundial, el resultado es el cierre de muchas empresas que no han podido enfrentar la competencia y las dificultades propias de una demanda interna deprimida.

Una de las áreas en las cuales se refleja esta incorporación es en la incorporación de la mujer al trabajo independiente, la cual responde a una diversidad de factores, que pueden ser relacionados a su historia de vida y características personales, y a la situación socio-económica en la que se encuentra ella y su familia.

Algunos de estos factores que pueden encontrarse son:

  • El trabajo independiente deviene una opción para las mujeres que se retiran de otros empleos asalariados, manuales y no manuales, y desean seguir produciendo ingresos.
  • También para las mujeres que a partir de una determinada edad, sobre los cuarenta, sus responsabilidades familiares han disminuido y desean reincorporarse al mercado del trabajo.
  • Es una elección compartida por las mujeres que se acercan a la jubilación (Guzmán; Mauro; Araujo, 1999,119).
  • Asimismo, la mujer ingresa al trabajo independiente como una forma de generar ingresos sin tener que poseer calificaciones técnicas exigidas para los trabajos dependientes. Es por tanto la mujer con bajos niveles de escolaridad y de ingresos, sumida en un contexto de pobreza, quien visualiza en este tipo de trabajos una posibilidad real de mejora en las condiciones de vida.POPAYAN1

Las actividades manuales independientes ofrecen menos barreras al ingreso, y los requerimientos exigidos parten de un peso relativamente bajo dada la variedad de formas que asume este tipo de trabajo. Las mujeres pueden comenzar a trabajar por cuenta propia a cualquier edad, en cualquier momento de su ciclo vital, sin tener necesidad de contar con certificaciones escolares ni laborales (OIT, 2000).

Las mujeres que desempeñan un trabajo independiente aprecian ciertas ventajas en él, por ejemplo (Guzmán; Mauro; Araujo, 1999): que otorga flexibilidad para organizar el tiempo de acuerdo a las demandas laborales y responsabilidades familiares; se permanece en un ambiente conocido y familiar, sin estar sometidas a control de je

rarquías mayores; se generan relaciones y vínculos sociales con personas fuera del ámbito familiar, lo que permite su propia valoración sobre las capacidades, y a la vez, permite el desarrollo personal.

Todos estos factores mantienen a las mujeres como trabajadoras independientes. Sin embargo, también existen algunos factores expulsores tales como: bajo nivel de apoyo de sus familias y pareja, la competencia del mercado, los cambios en la demanda, y el bajo acceso al crédito (Guzmán; Mauro; Araujo, 1999).

El mundo microempresarial no es homogéneo, y presenta diferencias significativas entre la situación de hombres y mujeres, presentando éstas, una situación más precaria y compleja, puesto que enlazan el mundo del trabajo con el mundo familiar, resultando una situación compuesta de múltiples determinaciones. Según la CASEN 2000, un 32,5% de los microempresarios son mujeres. La cifra revela una alta participación de aquel sexo de la población en el sector, la que se incrementa en los sectores más precarios y vulnerables. La microempresa genera un 39,8% de los empleos femeninos.

La participación de las mujeres en el sector microempresarial está creciendo rápidamente. Sin embargo, el aumento en sus oportunidades de empleo no se ha traducido en un mejoramiento equivalente en las condiciones económicas para desarrollar sus microempresas ya que existen limitaciones de género para esto. Algunas características de la realidad microempresarial de las mujeres en Chile son: que se concentran en un menor número de rubros, lo cuales, en general, corresponde a extensiones del trabajo doméstico; Las microempresas de mujeres se sustentan más frecuentemente en la mano de obra familiar no remunerada y, a la inversa, les resulta más difícil aproximarse al modelo empresarial basado en la contratación de asalariados; Tienen niveles de rentabilidad y montos de ventas mensuales inferiores a los hombres; Poseen activos fijos de bajo valor y trabajan con un nivel tecnológico menor al de los hombres; Gran parte de las microempresarias (las más pobres) trabaja en la vivienda, lo que implica un desarrollo microempresarial en mayor aislamiento, menor seguridad y comodidad para ellas y sus familias. (Valenzuela; Venegas, 2001).

A modo de conclusión, se puede decir que el mercado de trabajo muestra cambios inquietantes y aún más para las mujeres. Se observa un crecimiento insuficiente del empleo, concentrado en trabajos de baja calidad, un aumento del desempleo, una disminución de los empleos en el sector público, un incremento en la importancia de las pequeñas empresas y del sector informal, reducción de la protección social, y una mayor flexibilización laboral. Esta situación hace que las mujeres cada vez accedan a empleos más precarios, con mayor independencia y flexibilidad como lo permite el sector microempresarial, el cual en la actualidad es una fuente importante de generación de empleo, concentrando en Chile a más del 40% de los ocupados.

Debido a varios factores, la participación de las mujeres en el sector microempresarial está creciendo rápidamente. Sin embargo, se observa que la tasa de participación de las mujeres pobres, es aún baja, lo que se debe a varios factores. Uno es la dificultad de compatibilizar las tareas domésticas con el trabajo remunerado. A esto se le suma además la falta de experiencia, la escasez de habilidades, y las barreras culturales que traban la incorporación al mercado del trabajo, el cual requiere cada vez mayor nivel de exigencias técnicas.


[1] En 1996, Chile alcanzó un crecimiento (PIB) del 7,4%, cifra que cayó a (3,9%) en 1998, y que aumentó a 5,4% en el año 2000. Para este año 2009 la proyección más favorable lo ubica en un 1,5%

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Un Comentario

  1. Entiendo por trabajadora independiente es lo que aquí identificamos como autónoma. Me parece que se está convirtiendo en una fuente de ingresos importante para las mujeres, pues en cierta forma y como planteas en el post, para acceder a este tipo de trabajo no se sienten condicionadas por su ciclo vital como mujeres.

    Pero me parece importante resaltar lo que comentas: normalmente acceden a microempresas, con un nivel académico bajo, en peores condiciones que los hombres, con menos tecnología, muchas trabajan desde casa para poder compatibilizar con el trabajo doméstico…en definitiva, aumenta el empleo en las mujeres, pero de baja calidad.

    Tengo amigas autónomas que realmente han escogido esa forma de trabajo porque al ser ellas sus “propias jefas” les permite compatibilizar con las responsabilidades domésticas, aún sabiendo que por contratación ajena podrían tener mejores condiciones laborales. Se vuelve a poner de manifiesto la importancia de un verdadero pacto social de corresponsabilidad.


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