PRIORIDADES, GASTOS Y BENEFICIOS EN ALIMENTACION

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PRIORIDADES, GASTOS Y BENEFICIOS EN ALIMENTACION

Los hogares destinaron el 25,6% de su presupuesto a gastos relacionados con la vivienda, el 14,4% al transporte y el 14,2% a alimentos y bebidas no alcohólicas consumidos en el hogar. (Encuesta de los presupuestos familiares para el año 2007, realizada por el INE)

“Está claro que actualmente la casi única puerta de entrada del consumidor a los alimentos y a toda la cadena agroalimentaria está físicamente en la distribución moderna y la llave de esa puerta está en los bolsillos de muy pocas empresas de distribución. Nunca como hasta ahora, el poder de compra (a los distribuidores) y de venta (a los consumidores) había estado en tan pocas manos, el cuello de botella ahora es más estrecho que nunca. Solamente cinco empresas controlan el 55% de las ventas de alimentos en España. Si a ello le sumamos las dos principales centrales de compra (mayoristas) que suministran al resto de comercio minorista, ese porcentaje de concentración de compra-venta se sitúa en el 75%

–          Siete empresas controlan tres de cada cuatro alimentos que compramos

–          Cinco empresas controlan uno de cada dos.

–          Una empresa (Carrefour) controla uno de cada cuatro alimentos que compramos.

Se están generando grupos de consumo de alimentos ecológicos a lo largo de la península. En Cádiz, en concreto, hay como mínimo un par. Le compramos- pertenezco a uno, al grupo Tagarninas– cajas de rica verdura directamente a una cooperativa Pueblos Blancos de alimentos ecológicos, sin que haya intermediarios. Este grupo de consumo, tiene, y está trabajando en ello, inquietudes ecologistas y feministas.

Desde la perspectiva feminista, creo que es relevante el consumo de alimentos ecológicos (y locales) por varias razones. Por un lado, porque, mirando a los países enriquecidos, el trabajo asociado a la alimentación en las familias está estrechamente ligado a las tareas asociadas históricamente a las mujeres y en las que sigue sin haber corresponsabilidad. Visibilizar este trabajo, darle contenido político prioritario y trabajarlo tanto en nuestro día a día cotidiano como en distinto colectivos, puede ayudar cambiar la situación, siguiendo la línea de lo personal es político.

Por otro lado, sabiendo que las mujeres llevan a cabo las principales labores de agricultura en los países más pobres y aún así, son el colectivo claramente más pobre, desde un feminismo responsable creo que es muy importante fomentar tanto el comercio justo entre estados, como el intercambio local. Comprar en un gran supermercado es comprar sin saber de dónde viene o quién lo ha producido o en qué condiciones. Y probablemente, las circunstancias en que se han realizado generen desigualdad, dado los datos que están saliendo a la luz.

El porcentaje de concentración de compra a grandes establecimienos- multinacionales- en el estado español se sitúa en el 75%. Esto implica que su influencia en el mercado de alimentos es enorme, tanto por el lado de quien consume –qué se vende y a qué precio- como de quien produce- qué produce, en qué condiciones, y a qué precio vende. Estas empresas están comerciando a lo largo de todo el mundo y son una pieza fundamental en la crisis alimentaria a nivel global.

Otro dato interesante es que el gasto de alimentación en el estado no llega al 15%. Sube al 24% si se le suma la partida de “hoteles, cafés y restaurantes”. El porcentaje de dinero que se dedica a la alimentación es muy bajo en relación con otras partidas. Plantearnos qué consumimos, cuánto y cómo desde una mirada feminista creo que puede ser muy relevante.

Una de las críticas más extendidas al modelo en que vivimos es el consumo exacerbado que hay. Pero, por otro lado, también está muy extendido que los productos ecológicos y de comercio justo son muy caros. Ante esto, hay varias respuestas.

Lo que se dice caro es aquello que integra costes que de otra manera están externalizados, es decir, que asumen otras personas. Una prenda de una gran tienda de ropa es más barata, pero porque no se le paga un sueldo digno a la persona- fácilmente una mujer- que la haya cosido. Y, teniendo en cuenta el porcentaje que representa del gasto, también se trata de qué prioridades se tienen al consumir. Por otro lado, es caro según dónde se compre. Por ejemplo, si se consigue tratar directamente con quien produce, los precios bajan mucho. Porque es en el embudo de las grandes empresas donde lo que se compra se encarece. Además, cosas como las relaciones que se pueden generar dentro de los colectivos donde participemos o el sabor de  y la calidad de lo que comemos, no tienen precio…

Bibliografía utilizada:

Xavier Montagut y Esther Vivas (coords.) (2007): Supermercados, no gracias
Grandes cadenas de distribución: impactos y alternativas. Icaria Editorial, Barcelona.

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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