LA CONFIANZA DA ASCO

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Desde los libros de teoría económica se habla de la mano invisible. Desde los entendidos en los mercados financieros se habla de confianza. Mano invisible y confianza son términos que, a mi modo de ver, se solapan.

Nos piden confianza en el sistema financiero, pues la clave de todo el sistema que está montado se basa en la confianza que se tiene depositada en él. Confianza en que los bancos guardarán nuestro dinero hasta que queramos sacarlo, confianza en que hacen un buen uso de él. Confianza en el telediario y en sus noticias de economía. Se confía en la bolsa, en que la burbuja financiera no va a estallar, en que el crecimiento económico va a volver y que este va a generar bienestar, confianza en el PIB como indicador económico…

La mano invisible ha sido señalada. Se ha mostrado que no es tan invisible, aunque intente esconderse. Así, Momo vio a los hombres grises, el marxismo mostró las relaciones de poder que se establecían entre patronos y obreros, desde la ecología, se vio cómo esa mano invisible movía los recursos a lo largo del planeta en función de quién tenía dinero y quién no. Desde el feminismo se ha señalado que esa mano invisible estaba sexuada… entre otras muchas cosas.

Aquello que llamaron mano invisible ya sabemos que de invisible, tiene poco. Manos hay detrás, pero de carne y hueso, y con intereses claros y que, desde luego, no son los intereses generales. La confianza que se pide va muy ligada a esa mano invisible, a todo este sistema que está montado. Pedir, por ejemplo, confianza en el sistema financiero, es pedir que creamos en las grandes multinacionales que sostienen todo este tinglado tan bien montado de injusticias en todo el mundo. Los controles que los estados mantienen sobre este sistema financiero son escasísimos, y no es casual, ya que están cogidos de pies y manos por las transnacionales.

Esta confianza ciega, aún cuando hay un montón de razones para no tenerla, me recuerda al amor que llaman ciego, al amado príncipe azul, con el que nos hemos criado la mayoría de las mujeres. Esta es la confianza ciega que me da asco.

Muchas veces, en conversaciones cotidianas, decimos que la confianza da asco, que a veces nos pasamos con quienes más conocemos o más queremos, por el exceso de confianza… desde luego, que hay que cuidarnos en las relaciones cercanas, es uno de los puntos fuertes en el feminismo, pero lo que quería lanzar aquí es una idea que me está haciendo pensar.

Desde las grandes instituciones económicas, nos piden confianza… estas organizaciones basadas en ese homo economicus, racional y egoísta, nos pide algo que contradice sus propios principios básicos. Pues, haciendo un análisis racional de la situación, fácilmente llegamos a la conclusión de que poco hay que confiar.

Además de las dudas que me surgen acerca de esa confianza a la que se invoca, se me ocurre tomar la palabra y llenarla de otros significados y otras prioridades, más feministas y más en la línea de la sostenibilidad de la vida. Mirarla desde lo cercano, desde los cuidados y, claro, desde la corresponsabilidad.

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  1. Es cierto, la confianza da asco pero asco de verdad. Confías en tu partido político, confías en una mejora en el mercado de trabajo, confías que tú como mujer vas a repartir el número de tareas del hogar con tu pareja, pero al final esa mano invisible que se supone que va a solucionar tus problemas o te va a apoyar no está.
    Yo solamente confío como feminista en mi trabajo y en el trabajo de las mujeres comprometidas porque a la vista está nuestra realidad llena de desigualdades.

  2. Menos mal que la confianza es de una mísma y la pone donde le da la gana.

    No confío en los mercados, las finanzas, en bancos e indicadores económicos que cada uno tergiversa a su antojo. Pero confío en la mujeres, dentro de cada uno de esos conceptos y lo que pueden hacer con ellos. Y también confío en los hombres, por qué no, sobre todo en aquellos que confían en nosotras.

  3. No tenemos razones para confiar. Como dice Amaia Perez Orozco en su articulo economia de la sospecha “Si una sospecha inicial llevó a descubrir el androcentrismo del pensamiento económico, este espíritu de desconfianza no puede desaparecer de la economía feminista. La sospecha debe de seguir viva en múltiples aspectos”.
    La confianza en un sistema que nos ha excluido desde el principio no puede existir, sistema que se ha desmoronado por estar basada en unos principios insostenibles, por eso SOSPECHEMOS….


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