Una historia y un debate: las empledas domésticas y el feminismo

Dentro de las iniciativas que el Servicio Nacional de la Mujer de Chile ha impulsado en los últimos años con el fin de superar injusticias en materias laborales respecto de las trabajadoras de casa particular, más conocidas en Chile como “Nanas” (empleadas domésticas o “chachas”). La última ley al respecto se promulgó el 1 de julio de 2008 y se refiere a la equiparación del salario mínimo de las empleadas al del ingreso mínimo establecido para el resto de trabajadores y trabajadoras del país. Esto se realizará porcentualmente hasta el 2010 con el fin de que aquellas personas que ya están empleadas con contratos indefinidos puedan ir adquiriendo este derecho gradualmente.

nanaEsto podría parecer mínimo, pero el hecho es que hasta el momento las trabajadoras de casa particular recibían por su arduo trabajo un salario inferior al mínimo, aún cuando su jornada laboral fuera la misma que el resto de los trabajadores y trabajadoras. Sabemos (y se ha comentado extensamente en este blog) del nulo reconocimiento que tiene el trabajo doméstico y su desvaloración frente al trabajo que se realiza en el resto de los ámbitos laborales, no sólo entonces por las mujeres que se dedican gratuitamente sino por las que hacen de él su fuente de ingresos.

Los cambios a lo largo de los años han sido positivos: por ejemplo en los años ’70 la jornada de trabajo era de 17 horas diarias, siete días a la semana (excepto un día domingo por medio), aquellas mujeres que trabajaban “puertas adentro” (viven en la casa que trabajan) se les daba una tarde libre, entre otras. En la actualidad se han ido creando normas que regulan estas situaciones para el beneficio de las trabajadoras, por ejemplo disminución de la jornada de trabajo, días de descanso, cotización previsional, contratos laborales, etc.

La historia de las nanas es al igual que en muchos otros países una historia de mujeres marginadas socialmente. Por lo general eran jóvenes (se iniciaban adolescentes) que emigraban del campo a la ciudad para obtener recursos ante las nulas expectativas de vida que tenían o para ganar dinero para enviarlo a la familia. Obviamente su nivel educacional era muy bajo y dependían de ese mínimo ingreso para sobrevivir ante lo cual aceptaban muchos abusos por parte de los empleadores… y hay que reconocerlo, también de empleadoras. Obviamente uno de los abusos que mayor connotación y perjuicio les acarreaba era el acoso sexual (y muchas veces violaciones) por parte de los “patrones” o sus hijos.

mujer

Hablo en pasado porque hablo de la historia, pero no se puede desconocer que mucho de lo que expongo sigue sucediendo en la actualidad, aún con los cambios que se han experimentado. Quienes hoy sufren los mayores maltratos son aquellas mujeres que emigran de sus países para buscar trabajo en Chile (especialmente de Perú), ante lo cual su situación de ilegalidad permite y reproduce los abusos hacia quienes no están en situación de poner condiciones a su trabajo.

Al igual que con otras problemáticas que nos afectan, un primer paso es visibilizar la situación de injusticia que viven estas mujeres. Pero considero que si bien hay muchas formas de exponer una realidad es muy importante hacerlo críticamente, denunciando las desigualdades, de forma tal que no se convierta en una anécdota o un personaje más dentro de una novela, telenovela, película, etc. (que sin duda ha habido muchos dado que por ejemplo es un argumento fácil el de la nana que se casa con el hijo o el propio empleador).

Finalmente, hay un debate al interior del feminismo que se refiere a la propia postura que se tiene frente a esto, no desde el saber, sino desde las propias prácticas como mujeres (aquellas que trabajamos) que contratan a otras para realizar las tareas domésticas de nuestros hogares… ¿estamos también reproduciendo las desigualdades? ¿Dependemos del trabajo minusvalorado de otras mujeres para mantener el nuestro? ¿Realizamos tratos justos cuando recurrimos a este servicio? ¿Hemos intentado formas alternativas para resolver esta necesidad? Son preguntas que dejaré en el aire y cada una reflexione su propia experiencia…

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