¿Es posible vivir en la utopía?

kibmapAislarse, vivir durante unos meses en un mundo utópico donde todos, hombres y mujeres, son iguales. Una sociedad real por lo demás. Un espacio donde habita una fábrica -de envases de cristal para medicamentos que son exportados a Alemania-. Un lugar donde se crían pollos para su engorde y, lo más importante, también se exportan naranjas y manzanas al resto del mundo. Existe un intercambio de productos entre este lugar y otros similares que hay en este pequeño país nada utópico; diría, más bien, antiutópico.

La vida transcurre de forma ideal y armoniosa entre sus habitantes. Todos ellos trabajan en algo. Es un trabajo no remunerado, todo se produce por el bien de la comunidad y, a cambio, todos se benefician de los servicios y novedades que existen en esta perfecta sociedad. Todos los miembros de esta comunidad, vivan en pareja o solos y solas, tienen una pequeña vivienda, todas iguales, todas equipadas con los mismos muebles y utensilios electricos y electrónicos. Lo único que puede variar de una casa a otra es la cantidad de libros escritos en distintos idiomas. Todas estas mini-casitas tienen una pequeña cocina donde se puede hornear un bizcocho o unas galletas y hacer té o café para obsequiar a los amigos voluntarios que han sido adoptados por cada familia creando así un lazo de pertenencia, de unión con las personas y el lugar. Estos ciudadanos de ‘segunda’ -ciudadanos visitantes, voluntarios- disfrutan de todos los servicios públicos como los demás ciudadanos.

El trabajo es rotativo, ya sea en el campo, gallineros, fábrica e incluso en la cocina. Estos ciudadanos voluntarios viven en la zona opuesta a la de los ciudadanos residentes. Viven en casas alargadas con seis habitaciones privadas cada una. Se comparten los baños: dos, uno en cada extremo de la casa.

Hay un economato en el cual se puede conseguir café, té, papel para cartas, sobres, sellos, libros, etc. Todo gratis para los miembros de esta ejemplar comunidad.

La jornada de trabajo dura lo mismo para todos, excepto si el trabajo es recolectando fruta que se hace de madrugada, debido al calor diurno y a la amenaza externa del país vecino.

Se comparten todas las comidas en el comedor común y después del trabajo cada persona es libre de reunirse con los compañeros y compañeras sean voluntarios o residentes, quedarse en su cuarto leyendo o nadando. Hay una pequeña piscina que corona la parte alta del monte-ciudad. Todos son adultos en este lugar pero también existen niños. Los niños viven en la Casa de los Niños hasta que tienen 15 años. Algunos de ellos conviven con sus padres biológicos los fines de semana, aunque todos ellos ya forman una misma familia. Durante la semana, los niños asisten a clases y tienen actividades -siempre apartadas de las de los adultos-.

A veces, hay visitas de otras granjas-aldeas y se produce un intercambio o trueque de mercancias. Todas estas granjas-aldeas son dirigidas por un comité de residentes fijos que son quienes coordinan todo el trabajo y actividad que se produce en cada granja. Todas estas granjas aportan una cantidad de dinero en metálico para la formación de nuevas granjas comunitarias que son a su vez administradas por otro comité regulador a nivel nacional. Los niños y niñas son apartados del lugar al cumplir los 15 años y pasan a servir en el ejército de su pequeño país. Están en guerra, en realidad, siempre están preparados para la guerra. Viven en un lugar fronterizo que les es hostil. El peligro forma parte de la supervivencia. Estos niños y niñas después de pasar hasta cinco años en el servicio militar, pueden estudiar, ir a la universidad -pagada por su estado- o marchar al extranjero -Europa, Estados Unidos- a ampliar conocimientos y ver los avances en agricultura, ingeniería, etc. Conocimientos que después aplicaran en las pequeñas comunidades de su pequeño-gran país.

Este país existe. Estas comunidades fueron creadas para personas que fueron expulsadas de los países de sus antepasados, de las ciudades donde nacieron por seres que se creyeron superiores, simplemente eran malvados asesinos y no les importó exterminarlos. La supervivencia cuesta, el dolor se palpa, pero también el orgullo y la grandeza de este pueblo culto y nunca rendido.

Como toda utopía, ésta está construida en un mundo de antiutopía que desgraciadamente está aplicando algunas de las técnicas de represión, separatismo y marginación que este mismo pueblo sufrió en el pasado. ¿Se puede existir en este mundo utópico aunque real cuando a sus fronteras se extiende la muerte, la desdicha y la inhumanidad?

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