INMIGRACIÓN Y TRABAJADORAS DEL HOGAR

En nuestra realidad social se está extendiendo disponer de una mujer inmigrante en casa para cuidar a personas dependientes y/o realizar las tareas del hogar. Ni el Estado, ni los hombres han asumido la atención a las necesidades básicas de la población, así que la liberación de algunas mujeres viene dada por la “esclavitud” de otras. La mayoría de esas “otras” proceden de paises donde, por lo general, dejaron el cuidado de su familia a otras mujeres y salieron de su entorno para mejorar las condiciones económicas de la misma. Este fenómeno se ha dado en llamar cadena trasnacional de los cuidados. En estas mujeres se dan dos problemáticas sociales: inmigración y empleadas de hogar. Con la globalización y el capitalismo salvaje se ha llegado al punto de comprar los cuidados y el afecto. Podemos escuchar en la calle aludir al carácter cariñoso y amable de las mujeres sudamericanas, entendida como una buena cualidad para cuidar de nuestras criaturas y personas ancianas. A un aspecto tan fundamental en la vida de la gente, se le pone un precio muy bajo y en unas condiciones de trabajo pésimas.
El tema de las trabajadoras del hogar ha sido un tema poco tratado en el feminismo institucionalizado y en las organizaciones sindicales, no se realizan campañas para, al menos, visibilizar y dignificar su trabajo. Estas trabajadoras del servicio doméstico, si tienen contrato de trabajo, se encuentran dentro del régimen especial de las empleadas de hogar. Una legislación raquítica, que se consiguió con mucho esfuerzo en los años 90 y tras varias campañas de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas. Le pusieron bien el apellido a este régimen, pero en sentido negativo. Es especial porque el despido es libre, no dispone de vacaciones pagadas, tiene una jornada cuasi-ilimitada con obligación de pernoctar en lugar de derecho a casa-vivienda y negación de derechos frente a la patronal. La cotización a la Seguridad Social sólo se da en determinadas condiciones, la baja con derecho a prestación económica sólo se produce a partir de día 29 y no existe el derecho a paro ni a prestaciones complementarias. Muchas de las mujeres, españolas o extranjeras, que trabajan en el servicio doméstico no acceden ni a las pésimas condiciones antes descritas, pero en el caso de las inmigrantes algunas ni siquiera disponen de papeles que legalicen su situación, por lo que son más vulnerables ante la “tiranía”.
Dos asociaciones de trabajadoras del hogar del País Vasco están realizando una campaña con el lema Vamos a barrer la ley de empleadas de hogar. Reconforta pensar que, al menos, alguien alza la voz ante esta situación denigrante.

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