trabajo remunerado o no.

Dentro del trabajo no remunerado, el doméstico, englobamos el cuidado de los demás, designándolo también como trabajo, como mercancías, compra-venta o algo así; les llamamos trabajo doméstico del afecto, como si cuidar de nuestros padres o hijos nos trajera a la ruina. Si como mujer de hoy nos caracterizamos por querer los mismos derechos y deberes, la igualdad efectiva,  pero marcando la diferencia porque somos mujeres y tenemos características especiales, o bien llevamos al extremo la afirmación de igualdad, dando lugar a los cuerpos asexuados o a la performatividad, según Judith Butler, o bien marcamos nuestras diferencias partiendo de tener los mismos deberes y derechos.

Marcar las diferencias no es fácil para quien quiere exactamente vivir como un hombre, y aquí está el error:  siempre seremos diferentes.

Valga el ejemplo:  según la estadística que muestra el nivel de matriculación en enseñanzas disgregadas por tipos y sexos, la mujer se apodera de los porcentajes más altos de matriculación con respecto al hombre en casi todos los tipos de enseñanzas, tanto reglada como especiales como universitaria; ahora bien, me llama poderosamente la atención en un tipo de formación especial que es la matriculación en Enseñanzas deportivas que es del 10,3% de las mujeres; mientras que en las E.artisticas es de 58,2% y en las Escuelas Oficiales de Idiomas es de un 66,8% de mujeres matriculadas; asi como de este estilo de porcentajes son el resto de las cifras que se barajan con respecto a las mujeres. (Mujeres en cifras. Ministerio de Igualdad)

¿Por que las mujeres entran menos en los deportes?¿Estamos estigmatizadas con la repercusión de tanto fútbol en nuestras vidas? Será porque somos diferentes. En esta diferencia radica el tener o no derechos y deberes, somos   que podemos tener una vida dentro de nuestra vida, asumamos, porque esto nos enriquece.

Según el mismo informe de Mujeres en Cifras y referente a datos del 2008, otra gráfica que me gustaría resaltar, con ustedes, siguiendo con el motivo por el que empecé, es la relativa a los empleos a tiempo parcial y los motivos de este tipo de jornadas.  Según el informe, hay una gran diferencia entre los motivos que el hombre tiene y los que tiene la mujer para tener jornadas a tiempo parcial:  el 1,3% para los hombres que tienen jornada reducida por tener que cuidar a terceros, frente al 18,3% de las mujeres. Esta diferencia es grande si la vemos tal cual, pero desagregada por edades, la mujer entre 16 y 34 años se lleva “la palma”. Claro, la edad de la reproducción. A partir de 34 años son los hombres los que dicen tener esa jornada por cuidados de terceros. ¡Increible!

En definitiva, el trabajo del cuidador se puede resumir a la madre y su prole. Si queremos hijos aceptando nuestra diferencia reproductiva( y sin hacer alarde a las corrientes que ven a la madre como un invento del sistema,) sacrificamos los años de cotización, de profesionalización y de méritos curriculares. Y de los contrario necesitaremos quién cuide de los hijos de forma gratuita, por el simple hecho de ser personas que vienen a relevarnos y a continuar con la especie. Porque si hay que pagar a los cuidadores no nos va  a compensar nuestro esfuerzo por el trabajo remunerado.

Lo resumiría a políticas de igualdad, esfuerzo público, guarderías gratuitas tal y como la enseñanza lo es, ¿a que están esperando?

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Un Comentario

  1. Me quede pensando en tu pregunta sobre por qué las mujeres entran menos en las carreras de enseñanzas deportivas.
    Particularmente no creo que se deba a una exacerbada repercusión del fútbol, sino más bien a modelos socializadores primarios bien diferenciados, donde a los niños se los alienta a practicar deportes, a salir a la calle (espacio público) y a las niñas se les pone a jugar con sus muñecas, con su juego de cocina, etc (espacio privado). La división sexual del trabajo no empieza cuando uno/a es adulto/a.
    Las formas de pensamiento dominantes, masculinas, funcionan como estructuras estructurantes que nos hacen ver determinadas cuestiones como “obvias”. En este sentido, la elección de las carreras universitarias también responde al mismo contrato social de género.


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