Cuando la mujer pasa a ser un bien subastable

La trata de seres humanos, en su mayoría mujeres, para fines sexuales es una forma de esclavitud de género con propósitos económicos muy claros, que según la ONU afecta a 4 millones de personas en el mundo.  Acaba con la identidad de la mujer que se ve sometida a la prostitución y a vejaciones constantes que merman su autoestima y acaban con su dignidad. Este negocio ilegal obtiene unos beneficios económicos incalculables y se basa, al igual que la esclavitud, en cosificar al ser humano para que produzca capital. Es en mi opinión, uno de los peores crímenes posibles.

La trata se nutre del engaño para que la mujer acepte a emigrar a otro país en busca de lo que parece será una vida mejor. Al emigrar, la mujer se convierte en un ser aún más vulnerable y está completamente desprotegida, ya que en muchos casos ni siquiera habla la lengua del país y al no tener una red social que pueda ayudarla, le es prácticamente imposible salir de la trata a la que se ve obligada. El impacto en las sociedades es enorme, pero difícil de percibir ya que ni siquiera las víctimas llegan a comprender la explotación que sufren y se sienten tan avergonzadas que no siempre piden ayuda. De esta forma la mujer es apropiada por un maltratador como si de un recurso natural se tratara ya que su único propósito es el de producir beneficios y llega incluso a ser revendida a un mejor tratante.

¿Cómo es posible que aquello que nosotros llamamos seres humanos sean capaces de subastar a una mujer para que sea sometida sexualmente? ¿Cómo es posible que se aprovechen de conflictos armados, desastres naturales, situaciones de extrema desesperación y vulnerabilidad como es el caso del terremoto de Haiti para “secuestrar” a niños con estos fines? La trata de seres humanos es un crimen contra toda la humanidad.

España cuenta desde 2008 con un Plan Integral contra la Trata que asegura asistencia y protección a la víctima y lucha contra las organizaciones de trata de seres humanos apostando  fuertemente por el estrangulamiento económico de las redes de traficantes como medio para su erradicación. También pretende combatir sus causas y sensibilizar a la sociedad hacia una tolerancia cero. Desgraciadamente y como siempre ocurre en estos casos, por una parte la ley se centra en una mayoría y deja sin embargo desprotegidas a mujeres que  son explotadas por ejemplo a través de matrimonios forzosos. Por otra parte, las leyes son propuestas magníficas, pero su puesta en escena no parece tan eficaz. Según la ONU la trata de blancas sigue aumentando a nivel mundial.

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  1. “La violencia contra la mujer es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. No conoce límites geográficos, culturales o de riquezas. Mientras continúe, no podremos afirmar que hemos realmente avanzado hacia la igualdad, el desarrollo y la paz.”

    Kofi Annan,
    Secretario General de las Naciones Unidas

    A mi parecer esta cita recoge perfectamente la realidad que nos rodea. Es más que cierto que no se puede decir que avanzamos hacia la Igualdad mientras se invisibiliza la realidad que afecta a la mitad de la población mundial. Las diferencias entre hombres y mujeres existen, pero sobre todo se han construido como una forma de afianzar un sistema que ha interesado mantener por encima de todo, y en función de él se ha estructurado la religión, la cultura, la sexualidad y toda la realidad social y económica que nos rodea.
    Partiendo de esta realidad no es necesario ahondar mucho para darnos cuenta que el hombre se ha impuesto siempre por todos los medios de dominación a su alcance a la mujer, pero a mi parecer es a través de la explotación sexual cuando esta dominación pasa a llamarse TORTURA.

  2. Hay un discurso un poco engañoso con este tema. Está claro que hay que perseguir y erradicar la trata de personas, partimos de esa base. Lo primero que había que hacer era acercarse a su realidad contadas por ellas mismas. En este aspecto hay una crítica al feminismo europeo, que han usurpado las voces de estas mujeres trabajadoras del sexo, las han tratado como víctimas de entramados mafiosos y han abogado por la prohibición de la actividad, criminalizando el entorno de la prostitución (clientes, locales, compañeros sentimentales, etc.) Desde nuestro país se puso de relieve la hipocresía de la sociedad, ya que es una actividad que existe y mueve mucho capital (un millón de hombres a diario utiliza esos servicios). Y por otro lado está la consideración moral, que nos salpica a todas, puesto que ellas son las mujeres malas. Las buenas son castas, modestas y preservan con pudor su sexualidad. Esta ideología patriarcal sataniza a las prostitutas y pone limites estrictos a la sexualidad de todas, con el riesgo de caer en el rechazo social. La estigmatización es el problema mayor que presentan las trabajadoras del sexo, ya que las obliga a trabajar a escondidas y sin condiciones, con el consecuente riesgo de conflictos que no pueden ser resueltos por la policía. Hay sectores de la sociedad que defienden la abolición (ilegalizar) y otros la prohibición (criminalizar el entorno) de la actividad. Cuando escuchamos a las prostitutas, argumentan que una minoría se encuentra en manos de mafias o trata de blancas. Hay muchas circunstancias muy diversas (hay quienes están porque quieren, otras porque no encuentran otro trabajo, otras porque sus ingresos son más altos, etc.) Reivindican la consideración de la prostitución como actividad laboral reconocida y con todos sus derechos, salir del estado de clandestinidad y economía sumergida, como forma de luchar contra los abusos y la sobreexplotación de las mujeres, la modificación del código penal y la eliminación de la ley de extranjería. La prohibición suele traer más marginalidad. Dolores Juliano dice que el fin de la pobreza femenina será el fin de la prostitución…”la existencia generalizada de la prostitución femenina y su extensión geográfica y permanencia temporal puede entenderse como una consecuencia de la desigual distribución de los recursos económicos por género…”.

  3. En este tema tenemos que reconocer que la sociedad es bastante hipócrita. Por supuesto que hay que perseguir y erradicar la trata de personas, pero detrás de este discurso político se esconde un imperativo moralista con el tema de la prostitución. En este aspecto hay una crítica al feminismo europeo, que han usurpado las voces de estas mujeres trabajadoras del sexo, las han tratado como víctimas de entramados mafiosos y han abogado por la prohibición de la actividad, criminalizando el entorno de la prostitución (clientes, locales, compañeros sentimentales, etc.) Desde nuestro país se puso de relieve la hipocresía de la sociedad, ya que es una actividad que existe y mueve mucho capital (un millón de hombres a diario utiliza esos servicios). Y por otro lado está la consideración moral, que nos salpica a todas, puesto que ellas son las mujeres malas. Las buenas son castas, modestas y preservan con pudor su sexualidad. Esta ideología patriarcal sataniza a las prostitutas y pone limites estrictos a la sexualidad de todas, con el riesgo de caer en el rechazo social. La estigmatización es el problema mayor que presentan las trabajadoras del sexo, ya que las obliga a trabajar a escondidas y sin condiciones, con el consecuente riesgo de conflictos que no pueden ser resueltos por la policía. Hay sectores de la sociedad que defienden la abolición (ilegalizar) y otros la prohibición (criminalizar el entorno) de la actividad. Cuando escuchamos a las prostitutas, argumentan que una minoría se encuentra en manos de mafias o trata de blancas. Hay muchas circunstancias muy diversas (hay quienes están porque quieren, otras porque no encuentran otro trabajo, otras porque sus ingresos son más altos, etc.) Reivindican la consideración de la prostitución como actividad laboral reconocida y con todos sus derechos, salir del estado de clandestinidad y economía sumergida, como forma de luchar contra los abusos y la sobreexplotación de las mujeres, la modificación del código penal y la eliminación de la ley de extranjería. La prohibición suele traer más marginalidad. Dolores Juliano dice que el fin de la pobreza femenina será el fin de la prostitución…”la existencia generalizada de la prostitución femenina y su extensión geográfica y permanencia temporal puede entenderse como una consecuencia de la desigual distribución de los recursos económicos por género…”.

  4. Bueno yo creo que Patalsange no se refería a la prostitución en su post. Sí a un fenómeno significativamente muy distinto como es la trata de mujeres que, finalmente, deriva en su explotación sexual y en el negocio que ésta reporta. Entiendo que se han mezclado todas estas cuestiones en un debate, de por sí, bastante complejo. La situación de partida de las mujeres que sufren esta forma de criminalidad nada tiene que ver con quiénes ejercen la prostitución aun cuando habría que cuestionar lo “libremente” que la ejercen quiénes nada tienen que ver con estas mafias. Las víctimas de la trata parten de una situación de privación de la libertad, secuestro, extorsión, coacción, administración de drogas, violencia, etc…
    En cuanto a quiénes ejercen la prostitución libremente, comparto que hay que erradicar los estigmas pero cuestiono que sean tantas. Ojo. siendo la minoría que sean merecen una regulación que les permita realizar su actividad con protección y fuera de las condiciones de marginalidad que sufren pero ¿cuántas mujeres con otras opciones abandonarían esta práctica? Totalmente de acuerdo que hay que combatir el paternalismo y la moralina en el tratamiento a las prostitutas pero también es verdad que, desde el punto de vista de una economía feminista, resulta muy cuestionable la importancia de un negocio, por mucho dinero (negro) que mueva, teniendo en cuenta que clientes y “empresarios” son hombres aunque el producto y el canal de prestación del “servicio” sea el cuerpo de las mujeres. ¿Hablamos de prostitución masculina?


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