EL CUARTO PILAR DEL ESTADO DEL BIENESTAR: LA MUJER

El Estado de Bienestar comienza a consolidarse en nuestra en Algunos países de Europa y Estados Unidos tras la II Guerrra Mundial; su consolidación conlleva  al desempeño estatal de dos roles relevantes: como árbitro entre el capital y el trabajo y como socio estratégico del sector privado. En España, nuestra singular situación marcada por el régimen franquista que nos sometió durante 40 años, no hizo más que retrasar el afianzamiento de este Estado de Bienestar, y dotarlo a su vez de unas caracterísiticas muy especiales en función de la situación excepcional que sufrimos, ya citada. Además tiene esta historia singular de España, un gran peso sobre la imposibilidad  de libertad personal y desarrollo de la autonomía económica de muchísimas mujeres, que sufrieron el sometimiento de un régimen que las consideraba esposas y madres.

     Dando un salto nos encontramos con la “crisis del Estado de Bienestar” y nos encontramos con que esta crisis no es más que la continuación del cambio de una realidad social que se plasma en lo económico y político. Los tres pilares que han sustentado desde un principio nuestro Estado del Bienestar han sido; la sanidad universal, el derecho a la educación gratuita y el derecho a las pensiones (contándolo desde la aprobación de las pensiones no contributivas). El cuarto pilar, es el servicio de apoyo a las familias, que se materializó parcialmente en la Ley 39/2006 de 14 de Diciembre de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. http://www.imsersodependencia.csic.es/documentos/legislacion/normas/doc-3383.pdf. Y digo parcialmente, porque como bien comento Ana Lima, presidenta del Consejo General de los Trabajadores Sociales , “La ley supuso para nosotros un avance histórico; era la primera vez que se reconocía un derecho subjetivo en el ámbito de los Servicios Sociales. No obstante, siempre hemos recordado que no constituía en sí misma el cuarto pilar, sino que era una parte, importante, pero una parte“.  Pero mi planteamiento va más allá; cuando hablamos de una crisis del Estado del Bienestar debemos plantearnos ¿Porqué?, ¿Qué ha obligado al estado a apoyar la realidad cotidiana de las familias justo ahora?, ¿Porque no antes, como ocurrió en otros países?

 

    Y la respuesta a todos estos interrogantes es la parte que más me interesa resaltar bajo la perspectiva de género que subyace en ello. En un estado  fascista donde el papel de la mujer como madre y cuidadora era casi la única opción de vida para la inmensa mayoría de las mujeres.  No se veía la necesidad de inversión en este tipo de políticas de apoyo a las familias, porque era precisamente esta estructura tradicional de la familia con su reparto de roles en función del sexo entre sus miembros, lo que conseguía mantener el sistema productivo a costa de la realización personal, autonomía y libertad de las mujeres españolas. Hoy, con la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral, las nuevas familias y el aumento de la esperanza de vida a 84 años e España, el sistema “invisible” que sostenía el Estado de Bienestar se viene abajo y deja al descubierto la “pata coja” de nuestro Estado.

     La solución que se ha querido plantear desde el sistema tiene desde mi asimilación personal dos lecturas posibles; la primera de ellas, es el reconocimiento del trabajo de estas mujeres cuidadoras a través de la expedición de estos certificados, como una forma de inclusión en el mercado laboral a través de sus situaciones vitales que las han marcado en el desempeño de estas funciones de cuidadoras.  Por otro lado integrando una perspectiva de  género y siendo crítica con las acciones que llevan aparejado el género como elemento de segregación ocupacional,  considero esta medida como una forma más de perpetuar y afianzar que la mujer española siga siendo la cuidadora por excelencia, creando acreditaciones para que estas mujeres acepten el cuidado como su opción de vida nuevamente, y descargando a la sociedad patriarcal de su parte de responsabilidad en el tema de los cuidados.  Así, no puedo más que plasmar lo que en mi opinión es una estrategía más para perpetuar unos roles de género que durante siglos han beneficiado a una sociedad creada por y para los hombres, siendo estos reconocidos como sujetos activos de la vida pública, que han “olvidado”  de forma consciente su responsabilidad en la esfera privada y reservado los “tronos” del hogar para unas mujeres, que a mi entender, han visto sus vidas pasar enclaustradas en la trastienda de la vida privada.

Adjunto un artículo interesante: http://www.amecopress.net/spip.php?article2700

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