La mujer con discapacidad y el empleo.

En el contexto socioeconómico actual, la búsqueda y obtención de un empleo estable convenientemente remunerado y su permanencia en él constituye para toda la población activa, pero muy especialmente para las personas con discapacidad, una de las tareas más decisivas, a la vez que problemática. Subrayamos la importancia que tiene el trabajo para el desarrollo de la persona.

Hablar de mujer con discapacidad es, hablar necesariamente de una “doble discriminación”: son mujeres doblemente azotadas por injusticias sociales propias de las que se aplican a las personas con discapacidad, por ser condideradas tradicionalmente como discapacitadas, tales como la exclusión de los espacios habituales, infravaloración de la persona con discapacidad, con estereotipos como que poseen un nivel educativo y cualificación profesional deficiente o inadaptada a las demandas del sistema productivo, falta de motivación, etc y por las injusticias propias por el hecho de ser mujeres. Es lo que se denomina “teoría de la doble discriminación o teoría de la discriminación múltiple”.

A pesar de que apenas existen cifras precisas que evidencian que las mujeres con discapacidad sufren violencia de género, ello, no nos impide afirmar que sí suceda.

Las personas con discapacidad triplican la tasa de desempleo con respecto a las personas sin discapacidad, y en cuanto a las mujeres con discapacidad doblan la tasa masculina. La tasa de paro de las mujeres con discapacidad en España es del 84% (según la última encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud, realizada por el INE, IMSERSO Y Fundación ONCE). El dato más alarmante es que el 76.41% de las mujeres con discapacidad en edad laboral (659.330), se clasifican como “inactivas”, es decir, fuera de los circuitos de formación e inserción laboral (76.3% de las mujeres frente al 59.4% de los hombres). Esta situación se debe a que se ha profundizado en la identificación de las barreras físicas y sociales que dificultan la integración de las personas con discapacidad sin tener en cuenta la variable de género.

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  1. La mujer desde que se incorpora al mercado laboral, ha sufrido discriminación: inferior sueldo que un hombre que realiza el mismo trabajo que ella, despidos improcedentes por embarazo, encasilladas en trabajos considerados de mujeres, basados en los estereotipos de género (limpiadoras, cuidadoras de personas dependientes, costureras, enfermeras…), bajo nivel de mujeres en trabajos de responsabilidad…

    Este hecho tiene su origen en la ideología machista, cuya base es la importancia de la familia, la mujer ama de casa y el hombre cabeza de familia. Esta estructura patriarcal de la sociedad, es la que ha construido las desigualdades de género, que a través de todos los agentes socializadores (familia, centros educativos, medios de comunicación…) han “encadenado” a las mujeres a las responsabilidades familiares. Esto en el ámbito del trabajo, deja a la mujer vulnerable y en gran desventaja respecto a los hombres.

    Los discapacitados a veces tienen dificultad para ciertas actividades consideradas por otras personas como totalmente normales, como viajar en transporte público, subir escaleras o incluso utilizar ciertos electrodomésticos… La O.M.S. define la discapacidad como:

    “la pérdida de la capacidad funcional secundaria, con déficit en un órgano o función, y que trae como consecuencia una minusvalía en el funcionamiento intelectual y en la capacidad para afrontar las demandas cotidianas del entorno social.”

    El mayor reto para los/as discapacitados/as ha sido convencer a la sociedad de que no son una clase aparte, que el hecho de que tengan una discapacidad no los convierte en personas inútiles, que están capacitadas para trabajar. El ser discapacitado o discapacitada, supone sortear barreras a lo largo de la vida de las personas que les impiden la formación, o, si la tienen, un empleo digno. En muchas ocasiones, por ejemplo, vemos como las barreras arquitectónicas impiden el acceso, de una persona discapacitada, a un posible lugar de trabajo. Pero sobre todo, nos encontramos con la poca confianza y predisposición de los empleadores, de contratar a una persona con discapacidad.

    Ahora bien, si por un lado tenemos que el ser mujer, por sí solo es un condicionante para la discriminación laboral, el ser mujer y discapacitada supone una doble discriminación.

    La mujer discapacitada, en su vida profesional se encuentra con innumerables obstáculos a esquivar, a veces imposibles. Quedando en muchos casos, frustrada la esperanza de estas mujeres en emprender una vida laboral satisfactoria.

  2. El colectivo de personas discapacitadas se encuentran habitualmente con barreras de diversa índole que los frenan en el desarrollo de su actividad diaria. Estas barreras son variadas existiendo entre ellas las barreras arquitectónicas, las barreras de acceso al empleo y otras que para mí son las más duras de superar como son entre otras las barreras sociales. Los discapacitados son personas estigmatizadas que son juzgadas por estereotipos construidos por una sociedad que no se molesta en conocerlos. Esta realidad es aún más cruel en el caso de la mujer, pues se le niega en muchas ocasiones el derecho a la maternidad por considerarlas poco válidas o incapaces.
    Personalmente, considero que el desconocimiento por parte de la sociedad de lo que es verdaderamente un discapacitado es una enorme lacra con la que cargaremos siempre que no queramos aceptar nuestra responsabilidad personal para y con estas personas que forman parte de nuestra realidad y tienen tantos derechos como nosotros de disfrutar de ella. Por otro lado, institucionalmente se dan situaciones que dejan ver la inconexión entre la realidad del discapacitado y las soluciones que los organismos oficiales ofrecen.
    Por todo lo anterior creo que es de vital importancia primar la comunicación entre las partes y dar voz al colectivo de discapacitados para que ellos expongan sus necesidades y no sean entes externos y desconocedores de su realidad los que les faciliten unos recursos que no encajan con sus carencias reales.


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