tarea civilizadora ¿ tarea de mujer?

Tarea civilizadora: ¿tarea de la mujer?

 

Ir al trabajo, cuidar a la familia, hacer a la compra, llevar los/as niños/as al colegio, visitar a unos familiares, llamar al fontanero, comprar el regalo de cumpleaños, llevar a los/as niños/as al cumpleaños, cita con el/la dentista… y así mil tareas más que puede llegar a realizar una mujer de forma diaria. Las mujeres se han ido incorporando y demostrando su valía en el mercado laboral pero sin abandonar y casi sin compartir las responsabilidades domésticas que van más allá que la limpieza.

Las tareas de cuidado, físico y mental, de la familia suponen una obligación, tenemos que asegurar que nuestros hijos/as sean la ciudadanía del mañana. Si a los nuevos seres no se cuidaran, la especie humana se extinguiría, no somos capaces de sobrevivir sin ayuda hasta pasados bastantes años, a diferencia de otras especies animales es necesario que se nos alimente, se nos socialice, se vele por nuestro bienestar. Todo ello ha sido realizado tradicionalmente por la mujer sin que por ello haya recibido ningún reconocimiento, el trabajo que la sociedad ha valorado es que relacionamos con  las actividades mercantiles, aquellos que están dentro del mercado laboral y tienen una remuneración. El trabajo doméstico es muy diferente al mercantil, su objetivo es el cuidado y bienestar no los beneficios, pero las actividades mercantiles no podrían existir sin este trabajo que crea las condiciones necesarias para adquirir, entre otras cosas, el capital humano. (Malabaristas de la vida, varias autoras. Icaria 2003)

Esta situación ha sido posible durante largos períodos de tiempo por varias razones:

–          ideología patriarcal, que defendía la naturaleza humana de las mujeres para trabajo reproductivo y ensalzaba las capacidades intelectuales de los hombres para el trabajo público.

–          Económica, para que el hombre realice su trabajo fuera del hogar es necesario que alguien permanezca en el asegurando así sus necesidades para la supervivencia y perpetuación de la especie.

La problemática  aparece cuando la mujer conquista el mercado laboral y se comienza a debatir sobre la conciliación familia- empleo. No es posible que las mujeres adopten el modelo de uso de tiempo masculino, en el cual no hay conciliación, hay tiempo dedicado al trabajo y tiempo de disfrute de la familia, no se contempla tiempo para las tareas domésticas y tampoco es posible abandonar las funciones de cuidado básicas para la subsistencia, surge entonces la pregunta: ¿ cómo lo conseguimos?

No sólo seria necesario que el sector masculino asumiera sus responsabilidades con respecto a la familia, las organizaciones e instituciones sociales deben considerar que el cuidado de la vida es una responsabilidad social y política. Ello pasaría porque el objetivo de la sociedad fuera la vida humana y no el capital, los valores otorgados a aspectos inertes rivalizan con el valor otorgado a la vida de los seres humanos, gastamos más en defensa (6.868.197,31 millones de euros) que en educación y sanidad juntas (2.843.428,35 y 4.255.135,32 millones de euros respectivamente).                 (Ley 39/2010, de22 de diciembre ,de presupuestos del estadohttp://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE-A-2010-19703,)

Otro paso obligatorio a dar es conceder a las tareas domésticas su valor real como funciones imprescindibles, es necesario realizar una adecuada conceptualización del término, no podemos definirla en comparación con el trabajo mercantil, como de decía antes, no persiguen el mismo objetivo, al no tener la misma naturaleza no son comparables. En el libro “Malabaristas de la vida”  se dedica todo un capítulo a este aspecto, resaltando la importancia que tiene nombrar la tarea de la mujer, describirla, valorarla. En su descripción observan que no sólo son tareas dedicadas al cuerpo y sus necesidades básicas físicas, incluye también crear relaciones afectivas y sociales y proteger a las personas, preparan las futuras generaciones para la sociedad, es por tanto, una tarea civilizadora.

Todo esto no es una utopía, Veronika Bennhold- Thomsen (1997) y su equipo de investigación demuestran, en el estudio sobre Juchitan, que es posible una sociedad con alto nivel de calidad de vida, al mismo tiempo que se respeta la naturaleza, se valora la maternidad y el trabajo encaminado a la satisfacción de las necesidades vitales.

Nosotros/as estamos muy lejos de conseguir todo eso (aspecto que no debe desmotivarnos), ejemplos como las sentencias  que se publicaron a principios de 1999 en el Tribunal superior de justicia del País vasco que revocaba la invalidez para el desempeño de la profesión de una empleada del hogar alegando que el trabajo desempeñado no requiere esfuerzos físicos y que las tareas que precisan de esfuerzo son de carácter leve y cuenta con ayuda de medios mecánicos. O la del juzgado de lo Social Nº 5 de Sevilla que denegó la invalidez de una trabajadora del hogar que, según el informe médico “está incapacitada para grandes sobrecargas y esfuerzos importantes con la mano derecha” alegando que hoy existen aparatos técnicos que simplifican las tareas. (Malabaristas de la vida, pp. 67).

 Podemos observar un menosprecio claro y explícito al trabajo realizado tradicionalmente por la mujer, invisibilizando los esfuerzos que suponen.

Tenemos mucho trabajo por delante y una pesada carga ideológica a las espaldas de la que debemos desprendernos, la adecuada valoración del trabajo doméstico debe pasar por hacer visible esa “mano invisible”  que hace posible la civilización de las generaciones nacientes y  tomar consciencia, desde diferentes ámbitos sociales, que si son varias las manos que realizan las tareas civilizadoras los resultados mejoran y las responsabilidades se comparten, estaríamos hablando entonces de una verdadera conciliación.

Luz Mª Cordeo Beas.

Bibliografía:

Malabaristas de la vida. Varias autoras. Editorial: Icaria, 2003.

Ley 39/2010, de22 de diciembre , de presupuestos del estado.

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  1. Importantísimo también para lograr que todo el trabajo reproductivo no caiga en manos de la mujer es desarrollar políticas que permitan la conciliación laboral y familiar de los hombres y el acceso de éstos a los trabajos considerados como femeninos.

    Por ejemplo, si tenemos políticas de discriminación positiva para el acceso de las mujeres a determinados puestos de trabajo, ¿por qué la ley de la dependencia no tenía un apartado de discriminación positiva para favorecer que los hombres desarrollaran estas tareas de cuidados?

    Otro aspecto destacable, en relación concreta con el cuidado de los hijos e hijas, es que las políticas actuales van más en la línea de “guardar a las criaturas” para conciliar la vida familiar y laboral, que en facilitar licencias por paternidad o maternidad, bajas o excedencias por cuidado de hijos/as. Sin ir más lejos el 29 del mes pasado el Ministro de Trabajo declaraba que “los niños deben ser escolarizados inmediatamente después de nacer para alcanzar la conciliación” (http://www.lavanguardia.com/politica/20110429/54146911677/el-gobierno-cree-que-los-ninos-deben-ser-escolarizados-inmediatamente-despues-de-nacer-para.html)

    Creo que las mujeres debemos de ser las primeras en tomar conciencia de la necesidad de este cambio, esas barreras ideológicas que nombrabas. Tenemos que luchar por el reparto de tareas en el hogar a través de la negociación y por tirar los tabúes que consideran a los hombres menos aptos para este tipo de actividades y a las mujeres nos considera perfectas para su desarrollo por naturaleza.

  2. Coincido en buscar relaciones democráticas y de obligación y beneficios en una pareja.
    Sea la pareja que sea, porque suele dejarse de ver la diversidad de parejas existentes, y hablamos desde la heteronormatividad, y aun desde la mismas hay tanta diversidad.
    En lo cotidiano las mujeres con relaciones que buscan ser democráticas son atacadas y vista como las diferentes y las malas, y sus parejas pasan a ser discriminadas y llamadas de diferentes forma, porque cada persona cumplen roles diferentes de lo “normal”.
    Trabajar muchas veces ya no es cuestión opcional sino una necesidad para seguir llevando una vida que permita la supervivencia, conciliar con el trabajo se vuelve una tarea imposible, hay un nuevo termino para aquellas personas que le tienen miedo al matrimonio que es la matrifobia (Mojzuk Marta), ya no es solo no tener hijos sino el de pensar que la unión implica muchas veces tener que atender a otra persona entonces mejor estar solteras y ver solo por nosotras.

  3. debemos de romper con las medidas asistencialistas que nos proponen a las mujeres como si tratara la conciliación de un problema solo sujeto a nuestra identidad biológica.
    Hay que luchar por la implementación de políticas de conciliación basadas en las políticas de tiempo, que permitan a hombres y a mujeres poder cuadrar su horario y no tener que ver restringidos sus contratos de trabajo.
    Debemos de hablar de políticas de conciliación desde el punto de vista de las corresponsabilidad como ya han comentado mis compañeras, de tal manera que se distribuyan las cargas de trabajo en las familias entre ambos integrantes, no recayendo solo a partes proporcionales el trabajo productivo, si no el reproductivo.
    De la misma manera que hay que darle un mayor valor social al trabajo domestico para que los hombres entiendan de la necesidad de cubrir esta parte tan esencial en la vida para el correcto funcionamiento de una armonía familiar.

  4. Es cierto que la incorporación de las mujeres a lo las esferas de lo “público” no han ido acompañadas de una incorporación igual de los hombres al campo de lo “privado”.
    Como bien señala Noemí las políticas tampoco se dirigen a este hecho, en el caso concreto del cuidado de los niños y las niñas.
    En Suecia, donde los varones pueden pedir una licencia por paternidad, muchos de ellos no lo hacen, ya que se sigue asumiendo como una labor femenina, que además hablaría mal del estatus del hombre que lo asuma.
    Lo anterior, es una prueba más de que si bien las políticas son importantes ya que convierten en públicos asuntos que se piensan como privados, deben ir acompañadas de cambios de las estructuras, en este punto estaría la verdadera revolución.


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