¿Quién tira la primera piedra?

Una mirada a los discursos y contenidos impregnados en las áreas del conocimiento como la historia, la literatura, la antropología, y la filosofía apuntan al dominio masculino y a la inferioridad de las mujeres[1]. El sistema patriarcal como orden y organización social.

Sus maneras sutiles de corroer, insertarse, reproducirse y perpetuarse en la estructura social adquieren disímiles expresiones. Cambiantes y dinámicas como lo son las épocas, las sociedades, los contextos, las vivencias, las culturas. Complejas, en la medida que atraviesan cada ciclo de nuestra vida, cada tiempo y espacio de nuestra existencia, la vida cotidiana misma.

La economía, por tanto, no es la excepción. La práctica, como mejor criterio de la verdad, apunta a sus fundamentos androcéntricos y patriarcales. No en vano han sido las luchas de los movimientos feministas por reivindicar y colocar a las mujeres en su justo lugar, como sujetos plenos de derechos, creadoras y transformadoras de la realidad social y económica. En este sentido, su derecho al empleo, a un salario justo, a la dignidad plena, a la independencia y autonomía se han perpetuado sobre relaciones asimétricas de poder y subordinación, manteniéndose  una evidente situación de desigualdad.

 ¿Y podría ser de una manera distinta en este mundo neoliberal, capitalista y globalizado?, dónde prevalece el mercado y el consumo sobre la satisfacciones humanas, esto es, la propia vida misma, ¿podría la economía y el mercado dejar espacios para alternativas inclusivas?, ¿que tengan en cuenta las evidentes situaciones de desventaja social, no sólo para las mujeres sino también, para otros grupos vulnerables?, ¿podrían ser posibles las alternativas que apuesten por la vida? La actualidad señala a una dirección opuesta.

 La organización socio-económica nos hace reconocer claras distinciones. De lo contrario, ¿cómo explica la división que reproduce entre lo público y lo privado? Lo primero, exclusivo de los hombres, y por el otro, casi como opuestos irreconciliables, lo que “corresponde” a las mujeres. Para ellas: el hogar, las actividades domésticas, los cuidados, lo no remunerado, lo que no vale.

 Las actividades domésticas y de cuidados es uno de los temas más debatidos. Actividades que, culturalmente, se les ha asignado a las mujeres, con total exclusividad. Sobre ellas recae todo el peso del trabajo doméstico, los cuidados familiares y el hogar. En algunos casos, los hombres solo brindan una “ayuda puntual”, hecho que demuestra que “esa no es su obligación”, y que, lejos de creer que es un avance habría que seguir cuestionando los juicios de valor que los sostienen. Por lo visto, los valores que aún permanecen en las mentes masculinas y, también femeninas, siguen depositando en estas últimas todo el peso de la responsabilidad. La corresponsabilidad es un valor que aún no ha calado culturalmente, al menos, no se expresa en gran cantidad de los hogares.

 Me parece muy interesante un texto de L. Bonino (2007)[2] el cual hace referencia a los micromachimos, conductas violentas muy sutiles e imperceptibles reproducidas por los hombres en el hogar. El autor, muy de seguro con una excelente perspectiva de género, incluye en sus reflexiones elementos relativos al trabajo doméstico y los cuidados como formas de violencias contras las mujeres, por ejemplo, la no participación en lo doméstico, el aprovechamiento y abuso de la capacidad femenina de cuidado, la evitación de la reciprocidad en el cuidado, entre otros.

 Compartiendo esta idea, las mujeres no solo estamos bajo constante stress y sobrecargas, sino también, expuestas a una violencia cotidiana en los marcos del espacio doméstico. Peor aún, para las mujeres que trabajan fuera del ámbito del hogar, ellas llevan una doble jornada, una doble carga, una doble violencia.

 Si en el micro espacio del hogar hay una discriminación y subvaloración de las mujeres, ello es el reflejo de lo que ocurre a nivel social. Socialmente es invisibilizado, omitido, relegado, inferiorizado el trabajo doméstico. Es asumido en una dualidad irreconciliable. Por un lado,  el mercado, la remuneración, lo público y lo importante, y por otro, lo que está  fuera del mercado, lo que no se paga, lo privado, lo que no es valioso. Por tanto, a las mujeres no sólo se les exige una doble jornada, sino que tampoco se les paga por ello, no se les reconoce la importancia de su contribución, aún cuando, dichas actividades son fundamentales para asegurar la vida humana, un marco de relaciones afectivas, emocionales, de seguridad y pertenencia sin las cuales es imposible la subsistencia.

 Será necesaria una conciencia crítica de género que lleve de la mano, con ojos curiosos y manos ávidas para la acción, el camino transitado por la economía. Sin una mirada cuestionadora a las desigualdades inherentes al modelo patriarcal, su franca desventaja especialmente para las mujeres, será imposible una economía que apueste por la vida.

 En este sentido, resulta de extrema pertinencia política el surgimiento y avance de la Economía Feminista. Sus temas siguen abordando cuestiones elementales, y aún no resueltas para las mujeres, el cuestionamiento de su situación de opresión, la visibilización de sus aportes e incidencia en la economía, así como, la ruptura con estereotipos y dogmas de sujeción “naturalizadas”, también, en este ámbito.

 Este sigue siendo un terreno fértil de aportaciones, y de múltiples resistencias. El camino es arduo, y largo, según ha demostrado la historia, pero sin dudas, reclama las voces de las mujeres, de nuestras múltiples luchas. Si no continuamos pujando nosotras ¿entonces quiénes?[3]


[1] Ver Simone de Beauvoir. 1949. El segundo sexo. Los hechos y los mitos. (Vol. I). Buenos Aires, Argentina: Ediciones Siglo Veinte, 1972.

[2]Bonino Méndez, L. (2004). Masculinidad, salud y sistema sanitario. El caso de la violencia masculina En: Consue Ruiz Jarabo Quemada y Pilar Blanco Prieto, eds. La violencia contra las mujeres. Prevención y detección. Cómo promover desde los Servicios Sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas. España: Ediciones Díaz de Santos. p 83-102.

 [3] Los textos encomendados en la asignatura de “Desigualdades de género en los mercados de trabajo” constituyeron las provocaciones fundamentales para estas líneas.

Anuncios

  1. Efectivamente, el sistema patriarcal es el que sigue dominando todas las esferas sociales pero a la hora de plantearnos un cambio de mentalidad, tenemos que considerar que en todo éste proceso de reproducción social del patriarcado, las mujeres tenemos una gran implicación ya que, en muchas ocasiones, las mujeres reconocen más la valía de un hombre que la de una mujer. La mentalidad de muchas mujeres, mayores y no tan mayores, está llena de una gran cantidad de estereotipos de género y creo que éso es verdaderamente lo que nos hace daño a las mujeres, recibir el ataque de otras. Hay veces que se escuchan más comentarios machistas por una mujer que por un hombre. Comentarios como: “si no trabajara, tendría la casa más limpia” o “ésa ya ha pescado al pobre muchacho”. Incluso, hay veces que en el propio trabajo no existe solidaridad entre las propias mujeres. Por supuesto, ésto es fruto de la sociedad individualista en la que vivimos y en la que si otras mujeres nos “ponen la zancadilla” mejor.
    Verdaderamente si queremos acabar con la supremacía masculina, lograr visibilizarnos nosotras mismas, nuestras cualidades y valores, y alcanzar otro lugar en la sociedad, no sólo tenemos que eliminar todos esos estereotipos que nos perjudican, sino también apostar por una unidad verdadera entre nosotras, como una especie de conciencia de género que genere solidaridad y nos ayude a luchar contra la opresión del sistema patriarcal.

  2. Es verdad que hay violencias muy sutiles que pueden dejar marcas más profundas que las violencias físicas, especialmente se son replicadas a lo largo de las relaciones domésticas. Muchas veces las personas no perciben el grado de violencia hacia la mujer en el ámbito de lo doméstico porque no fueron educadas para la reciprocidad, la solidaridad y la alteridad. Pero, es importante reflexionar que estas formas sutiles de violencia no son practicadas únicamente por los hombres en las relaciones de parejas. En las comunidades de mujeres también se replican estas formas de violencias sutiles de diversas maneras, por ejemplo, cuando no participamos en igualdad de derechos y responsabilidades de las tareas del mismo hogar que compartimos. Esto pasa también cuando no somos capaces de percibir que en se tratando de hogares compartidos por mujeres, somos responsables por limpiar y mantener limpio los espacios de uso común. ¿Cuántas veces no somos capaces de reconocer el esfuerzo y la dedicación de nuestras compañeras de piso, de nuestras madres, amigas o hermanas? Muchas veces utilizamos los espacios limpios y ordenados, saboreamos la comida calentita y bien preparada, usamos las ropas lavadas, planchadas y perfumadas y siquiera somos capaces de agradecer, elogiar, valorar el trabajo de nuestras madres, hermana, compañeras, amigas, suegras, nueras, hijas… una cantidad de mujeres que, además de no ser valoradas ni respetadas por los hombres, también no lo son por las propias mujeres que viven y conviven en su entorno.

  3. Ha llamado mi atención el concepto desarrollado por la compañera de:micromachismos, me parece un término muy acertado de las realidades a las que nos enfrentamos las mujeres a diario.
    Hoy no te encontrarás o por lo menos no es lo normal, poder se puede encontrar, un hombre o mujer que declare abiertamente la superioridad del hombre, pero si dejan pequeñas señales. Un hombre no se enfrentará a su jefa mujer abiertamente, pero si dejará ver su inconformidad con el hecho de que una mujer tenga más poder; no son ataques directos sino sutilezas, peuqeños desdenes, comentarios entre compañeros y, por supuesto, en el caso de que la ocasión lo ofrezca, va a publicitar sus errores.
    El caso domestico no es diferente al laboral, no es necesario un gesto desagradable o una palabra malsonante para herir, el simple hecho de ignorar el trabajo diario y su pesada carga es suficiente. Hace poco, en una de las entrevistas que desarrollo en el proyecto de investigación, una persona me comentaba los grandes logros de la mujer, que ha podido salir de su encierro hogareño y conquistar el mundo exterior; hasta el momento un comentario bastante positivo no? pues mi sorpresa fue cuando , en medio de esa conversación, analizando el trabajo de la mujer, me preguntó: ¿ tu crees que las mujeres podrían aguantar lo que han aguatado los hombres? es decir, salen a trabajar a la calle y quieren conciliación, pero y ¿si los hombres decidieran quedarse en casa y hacer las cosas de la casa? las mujeres no aguantarían la situación de tener un mantenido para el resto de la vida. Podemos ver como, aún supuestamente, valorando el trabajo de la mujer y su capacidad, en el inconsciente subyace la idea de MANTENIDA, el hombre es quien ha posibilitado tu vida. Supongo que a eso se refería la compañera al citar el concepto de micromachismos.
    Si la lucah femenina por la liberación y el reconocimiento ha sido dura, eliminar los micromachismos que tenermos presentes en la sociedad y que se manifiestan día a día no va a ser más fácil; no con ello quiero ser pesimista, al contrario, pretendo animar y reflexionar sobre el trabajo que queda por hacer.

  4. Actualmente me encuentro bastante involucrada en el Movimiento 15M que se ha desarrollado en nuestro país. El principal objetivo es conseguir una Democracia Real en la que las personas no seamos mercancía en manos de políticos y banqueros.
    Al leer el artículo he recordado un comentario que leía en Facebook de este movimiento hace poco. Un chico apuntaba que era necesario que todas las personas tuviéramos un único objetivo común porque se están creando pequeñas escisiones dentro del movimiento (acampadas que no se relacionan con la plataforma, anarquistas que han visto el filón para conseguir llevar a la realidad sus principios, etc.) y cuál era mi sorpresa cuando el chico nombraba entre los grupos que deberían no incluír sus reclamaciones en este movimiento a las feministas…
    Las mujeres hemos sido parte necesaria y material irreemplazable para que el capitalismo salvaje del que somos víctimas haya llegado a este lugar, hemos sido el lecho sobre el que ha descansado la carga del trabajo importante, el realizado por el hombre y cabeza de familia; las mujeres de nuestra historia han permitido con su trabajo reproductivo que este sistema neoliberal (neoinjusto como lo denomina Fernando G. Quero) haya salido adelante y ahora que se resquebraja y que, aparentemente, la sociedad se hace consciente de las injusticia que contiene, ¿cómo vamos las mujeres a quedarnos a un lado? ¿cómo podríamos pensar que otra mundo es posible si las mujeres no somos parte del cambio? ¿es posible crear otro modelo de sociedad más justa si no tenemos en cuento las necesidades de la mitad de la población?
    Ahora más que nunca tenemos que salir a la calle, participar en los grupos de discusión, exigir políticas que den valor al trabajo doméstico y exigir que éste no sea propiedad exclusiva de las mujeres sino que sea parte del contrato de corresponsabilidad que hombres y mujeres tenemos que acordar para poder vivir en un mundo mejor. Porque otro mundo es posible, sí, pero no lo será si no es desde una perspectiva de género en el que el trabajo no esté jerarquizado, donde tengamos el mismo valor todas las personas, donde no estemos divididos por sexos, donde realmente podamos ser libres y ejercer una economía más justa implica una división más justa de las tareas, implica políticas de conciliación no sólo para mujeres sino para todas las personas independientemente de su género, exige igualdad en los derechos familiares, necesita de medidas de discriminación de género para que las mujeres alcancen puestos de responsabilidad en las empresas en la misma medida que para que los hombres accedan a tareas de cuidado.
    Algo está cambiando y las mujeres tenemos que formar parte del movimiento para que no se geste a nuestro margen.

  5. Me han parecido muy interesantes las reflexiones de las compañeras. Cierto es que el capitalismo tiende a la estratificación y desigualdad social y de género, con intereses fundamentados en la economía de mercado, la cual es su base y la que lo mueve todo.
    Opino que para acercarnos a la igualdad debería de existir una remodelación de la legislación existente en cuanto a medidas en espacios de conciliación y corresponsabilidad de tareas entre hombres y mujeres se refiere.
    No obstante, esas medidas no se podrán hacer efectivas sin un estudio previo basado en el género que refleje las reales demandas y necesidades de cada mujer atendiendo al contexto social y económico en que se encuentren, debido a que la mayoría de medidas se han aplicado sin tener en cuenta esto, y por tanto, no han sido fructíferas. Muy al contrario, han conseguido como bien dice la compañera, la sobrecarga de roles en las mujeres.
    En cuanto a lo que se comenta en el artículo de que muchas veces somos las mismas mujeres las que adoptamos conductas machistas, pienso que es cierto. No obstante, todo esto es fruto de la socialización en que nos han educado, intentando mantenernos siempre separadas y enfrentadas las unas a las otras. Esto , a mi parecer se hace con el objetivo de que no mantengamos una cohesión como grupo social, y no reivindiquemos nuestros derechos de libertad e igualdad como personas que somos. De ahí el dicho divide y vencerás. Por tanto, pienso que debemos tener esto en cuenta y no dejar que no afecte, uniendo nuestras fuerzas más que nunca y mantenernos unidas en lucha por nuestros derechos, Del mismo modo, afirmo también que la unión hace la fuerza.
    Para terminar, me gustaría concluir que tanto el cambio de legislación, como de actitudes, como de medidas, etc. , no se pueden hacer de inmediato, debido a que sería hacerlo “mal y pronto”. Se necesita una deconstrucción de las mentalidades para lograr una reeducación basada en el género. Opino que esta coeducación en igualdad debería impartirse desde los primeros años de vida, en los diferentes ámbitos de socialización.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s