Las cuotas sí, ¿y después qué?

La razón principal que ocasiona la no elegibilidad de las mujeres a puestos de dirección, la encontramos a mi modo de ver, en las esencias que configuran y corroen el sistema de dominación patriarcal. Los valores que reproduce y encarna. La supremacía masculina.

 Esquema social “diseñado” a imagen y semejanza del hombre, su principal sujeto y actor. Sistema jerárquico, de opresión, legitimador de relaciones de dominación-subordinación que excluye a las mujeres, las subvalora, las inferioriza, las sojuzga y mantiene en una posición de franca desventaja. Poderes desiguales que humillan, denigran, mutilan, matan, esclavizan. A pesar de las luchas implacables del feminismo, pugna por perpetuarse, sobrevivir, y se mantiene. Para ello muta, se tuerce, manipula, engaña.

 Sus esencias se mantienen intactas, aunque asuma diferentes vestiduras y rostros. La cultura constituye su principal disfraz. 

 Desde esta declaración de principios, sería una falacia, esperar a que los hombres nos cedan “amigablemente” la posibilidad de ejercer nuestros derechos como iguales. Somos las mujeres quiénes tendremos que reclamar y conquistar los espacios que nos han sido negados. En este sentido, la asignación de cuotas femeninas para podría ser un instrumento para hacer efectivo el derecho legítimo de las mujeres, tanto como de los hombres, a ser sujetos de la realidad, a transformarla, e incidir en ella. Una posibilidad de alzar nuestras voces y resignificar espacios hasta el momento en poderes masculinos. La posibilidad de crear y fundar nuevos valores.

El estar, llegar, es apenas el primero de los pasos. Participar no es sólo estar presente. Es hacer efectiva, principalmente, la oportunidad de intervenir en el proceso de toma de decisiones, decir, proponer, cambiar. Esto es, que la posibilidad de estar, cumplir tareas, tener voz, quede reflejada en propuestas concretas de acción. Mi voz rompe el silencio, y a la vez, ¡transforma!

 Sin embargo, si mi voz, esa que rompe el silencio, hablase desde el lenguaje y los códigos que moldea la sociedad, esto es, el modelo masculino, ¿cómo puede contener las voces miles de otras mujeres?, ¿pensarse desde las diversidades, y al mismo tiempo, las especificidades que nos juntan? ¿cómo puede crear nuevos valores? Para ello, es necesario mirar la realidad desde una óptica diferente.

El análisis desde la perspectiva de género debe acompañar a esta necesaria manera de entender la vida, las relaciones, el mundo. Es una opción ética y política con la cual no se nace, sino que se aprende en el filo de la concientización crítica, dolorosa y constante.

 Las cuotas, sin este imprescindible ingrediente, ¿de qué nos serviría? Posiblemente no de mucho. Apenas para continuar reproduciendo y legitimando patrones culturales que excluyen, discriminan, esclavizan, nos mantienen en franca desventaja y relaciones perennes de desigualdad.

 Me digo a mí misma que el camino no se presenta fácil ni homogéneo, ni siquiera, para las que lleguen con tales conocimientos adquiridos. Pues este, es un aprendizaje que, necesariamente, lleva implícito una revisita y cuestionamientos constantes, la sabiduría y la  humildad para reconocer en nosotras mismas, parte del dominador que llevamos dentro.

Y a partir de ello, consolidar nuestro compromiso con la realidad, su transformación, nuestros propios crecimientos. Si es con cuotas, asegurando pues, desde estos esenciales espacios de poder, el respeto de los derechos ciudadanos, y una vida digna. La implementación de políticas sociales que verdaderamente promuevan relaciones incluyentes, de igualdad, justicia, solidaridad, diálogo, construcción conjunta, valores de vida.

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  1. Las cuotas de participación homogéneas para el género se diseñaron como medida de empoderamiento de las mujeres, se pretende que seamos partícipes de la vida pública, pero nos hemos convertido en un adorno de ella.
    En el caso, que no lo encontramos en todas las instituciones ni empresas, de existir la presencia de la mujer en las esferas de toma de desiciones, muchas veces supone una simple acatación de la ley no una consciencia real de lo que puede llegar a aportar.
    Las cuotas de participación femenina son una herramienta que debe tener una vida, es decir, deberían estar destinadas a adesapareccer, esto pasaría cuando la consciencia social destinara puestos de responsabilidad sin tener en cuenta el sexo de la persona que lo desempeña, pero no está sucediendo así. Las mayores críticas que reciben van dirigidas al hecho de que es obligatorio la presenciaa de mujeres y no siempre están preparadas, yo no lo creo así, creo que no se confía en la forma de trabajo, que no siempre se corresponde con la forma masculina, y se tiene miedo a dar protagonismo a la mujer y con ello perder el poder sustentado durante siglos.
    Debemos transmitir a la sociedad que no se trata de invertir los papeles, no es subordinar al hombre mediante un empoderamiento de la mujer, luchamos por un respeto equitativo basado en la tolerancia, sólo así las cuotas dejaran de ser necesarias y

  2. Pienso que la participación política de las mujeres no puede encerrarse solamente en el nivel de la política partidaria en los partidos políticos. De hecho, la participación en la dinámica política de las sociedades es marcadamente femenina. Me refiero a los miles de espacios de participación donde las mujeres están delante de los procesos sociopolíticos especialmente en los llamados movimientos de bases. Se la política partidaria resultase de la participación en los movimientos de bases, como lo planteara la filosofa política Hannah Harendt (1906 – 1975), ciertamente el cuadro de participación femenina en los mandatos políticos no necesitaría de las cuotas. Pero, en las recientes democracias, se han alejado los partidos políticos de las organizaciones políticas de las bases de los movimientos sociales, mejor dicho, la militancia política se aleja del liderazgo social. Este es uno de los factores que dificulta la participación de las mujeres en la política partidaria. Por eso la cuotas siguen siendo necesarias hasta cambiar las estructuras políticas pensadas y manejadas por este modelo androcéntrico basado en el patriarcado.

  3. de acuerdo chicas, pero no hemos de olvidar que sin este tipo de acciones psoitivas, como una herramienta para la consecucion de la igualdad de oportunidades y la represntacion paritaria de mujeres y hombres, no seria conseguida la plena igualdad de derechos y portunidades.
    de hecho y lamentablemente en el dia de hoy, he asistido a una asamblea del consejo provincial de la juventud de Huelva, pertenciente al consejo de la Juventud de Andalucia, y se ha presentado una candidatura de la nueva comision de este Consejo constituida solo por hombres, la cual ha sido aceptada y no impugnada ante mi sorpresa y oposicion, es mas, he tenido que defender la importancia de la lucha por la aplicacion de la Ley, ante comentarios de diversa indole y de muy poco acierto ante la aplicacion de la misma.
    es mas hombres y mujeres jovenes han puesto en entredicho la misma, porque no consideraban que sea una ley las que le obligue a cambiar su nombramiento.
    como comprendereis ha sido una tesitura dificil, y con muchas lagunas a nivel juridico, que espero que se sigan limando, para que este tipo de actuaciones no se sigan precediendo, porque tristemente e incluso con un ordenamiento juridico que ampara la igualdad de oportunidades podemos seguir viendo situaciones lamentables como la que os estoy escribiendo y de la cual aun me encuentro perpleja.
    pues ha sido indignante como despues de los avances juridicos la concienciacion ciudadna sigue por debajo de limites insospechados y eso que en este contextom, estamos hablando de la juventud naciente en una democracia y la cual ha crecido con la aplicacion de unas buenas politicas sociales y la importancia de la buesqueda de la democracia para toda la ciudadnia, sin recordar que las mujeres somos el 52 % de la poblacion mundial.
    son tiempos dificiles y en los que mas tenemos que esforzarnos por alzar y discriminar acciones de este tipo

  4. Al igual que plantean las compañeras, es importante insistir por un lado, en la necesidad de las acciones afirmativas que son uno de los caminos para la consecución de la equidad. De otro lado, el reconocimiento de la participación, en este caso femenina o de las mujeres, por fuera de este tipo de ámbitos oficiales. Esos últimos hace falta analizarlos, conocerlos y socializarlos. Si queremos participar es importante también re significar la concepción “masculinizada” que éste impregna. Al tiempo que participamos en este mundo tal como está, podemos ir re significando algunos contextos desde las multiples experiencias femeninas.


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