MUJERES INVISIBLES EN EL MERCADO DE TRABAJO TEMPORAL EN ESPAÑA

Cuando saboreamos  una deliciosa fresa, una mandarina, un melocotón o una lechuga fresquita en nuestro plato, no imaginamos todo el trabajo que está por detrás, ni de dónde vienen estos trabajadores y trabajadoras para aportar con las campañas de la agricultura en España.

La producción agrícola se ha modernizado en España, y especialmente en la provincia de Huelva, avanzando hacia el modelo de la agricultura intensiva que es la llamada nueva agricultura presentada por la Unión Europea. Una forma de ampliar la producción a menos costes y con menores extensiones de suelo cultivado. Las nuevas técnicas de cultivo intensivo suponen nuevos conocimientos de botánica y fisiología, de ingeniería genética, de técnicas intensivas como el invernadero con los cultivos hortícolas bajo plástico, el riego localizado, la hidroponía y otras técnicas que exigen profesionales más capacitados. ¿Quiénes son estas personas?

Todos los años, miles de migrantes son desplazados desde África y de los países del Este Europeo con la finalidad de incorporarse a las campañas agrícolas en España, especialmente en Andalucía. La provincia de Huelva es una de las principales contratantes de mano de obra migratoria para la agricultura. El desplazamiento ocurre principalmente desde Marruecos y Rumania. Actualmente la mayoría de las personas que se desplazan para la realización de estos trabajos son mujeres.  Ellas se desplazan de sus países tras contratos temporales, trabajan una media de tres a seis meses seguidos y regresan a sus países porque allá dejaron su familia. Las empresas contratantes se benefician de su trabajo intensivo mal pagado. En general trabajan por productividad, lo que las lleva a una carga horaria de trabajo muy elevada con una media de diez horas al día, sin festivos. Es decir, trabajan mucho más que la media prevista por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que regula el tiempo de trabajo en Europa. Quizás por eso las empresas priorizan la contratación de mujeres migrantes.

Los informes estadísticos del Observatorio Permanente Andaluz de las Migraciones (OPAM) vinculado a la Dirección general de Coordinación de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía, apuntan que en los últimos diez años se ha producido en la provincia de Huelva una feminización de la migración de trabajadores en la agricultura.

Según los informes anuales de la OIT la feminización de la inmigración es un fenómeno de orden mundial y se debe principalmente a factores de orden económico.  Las mujeres se desplazan en busca de trabajo en otros países porque muchas personas necesitan de sus remesas mensuales para sobrevivir. Por cada mujer que se desplaza para trabajar en otro país, hay por lo menos cuatro personas dependientes de ella. En general, son ellas las responsables del mantenimiento de sus familias. Dejan sus hijos a los cuidados de otras personas, en general familiares, principalmente las abuelas, y continúan con el trabajo de los cuidados, solo que de otras personas. Los desplazamientos de las mujeres se deben también a los cambios de paradigmas en el tema de la condición femenina en la historia. Actualmente, ellas son mucho más independientes y toman decisiones por su propia cuenta y riesgo.

De manera general, las migrantes ocupan cupos de trabajo que las mujeres autóctonas no hacen, entre otros motivos, porque no son suficientes para responder a la demanda o no quieren someterse a determinados trabajos como son los cuidados y la agricultura. Esto es lo que pasa en España, especialmente, en la provincia de  Huelva.

En estos meses en que estuve realizando mis prácticas del Máster Oficial en Género, Identidad y Ciudadanía de la Universidad de Huelva en la Fundación CEPAIM (Consorcio de Entidades para la Acción Integral con Migrantes) en Cartaya, he podido ver de cerca la situación de los miles de migrantes trabajadores y trabajadoras en esta realidad. He podido comprobar también que la mayoría de estos migrantes son mujeres, donde las marroquís y las rumanas representan el mayor porcentaje. Esta realidad confirma las estadísticas de la OIT para la feminización de la migración en Europa.

La novedad que he percibido en este trabajo es que estas mujeres son desplazadas desde sus países en búsqueda de trabajo temporal. Esto hace que la sociedad las categorice como “trabajadoras temporales” y no como migrantes. Parece sencillo, pero en la realidad el tema es muy complejo. Es verdad que son trabajadoras temporales porque las empresas contratantes las solicitan por determinado tiempo y en general cuando salen de sus países ya han firmado algún tipo de contrato por tres o seis meses de trabajo. Sin embargo, en este contexto de la provincia de Huelva, para cada diez mujeres que suelen desplazarse en condiciones regulares, hay otras cuatro que llegan de forma irregular en búsqueda de trabajo. Esta es una situación muy compleja porque en estas condiciones, las migrantes pueden no encontrar quien se arriesgue a contratarlas. Cuando encuentran alguna oportunidad, están vulnerables a la explotación que ya ocurre en situaciones de contrato regular.

Una cuestión importante en este contexto migratorio es que estas mujeres no son tratadas como migrantes por los autóctonos. Es decir, las personas migrantes se desplazan para vivir en otro contexto y los trabajadores se desplazan para trabajar y luego regresar a sus países. Es decir, toda Europa, y en especial la provincia de Huelva, reciben estos trabajadores y trabajadoras no por una actitud de generosidad o receptividad a los migrantes. Nada de eso. Los reciben, especialmente a las mujeres,  en condición provisional, temporal. Las requieren para los trabajos que los autóctonos no quieren realizar. Las necesitan para mantener sus ganancias resultantes de la explotación eminente.

Esta calidad de trabajadores y trabajadoras es fundamental en este contexto de nueva agricultura. Es decir, son necesarios(as) en la condición de trabajadores(as), pero no son deseados(as) en su condición de migrantes. Con esto se crea una relación de hostilidad, donde se tolera la presencia de estas personas, pero, no hay ninguna apertura para que se fijen como nuevos integrantes en el convivio con la sociedad que, a claras luces demuestra, no tiene la intención de acogerlas. De hecho, estas personas se convierten en invisibles para la sociedad. Por eso, no se reflexiona sobre quiénes están por detrás de las fresas que se ha convertido en uno de los productos con categoría de exportación, ni de los melocotones, ni de las mandarinas o las naranjas. Quizás sea mejor no pensar en esto, y seguir ignorando estas personas, estas mujeres que para hacer llegar estos frutos a nuestras mesas enfrentan muchos sufrimientos. El peor de todos ellos es no ser considerada como persona. Muchos las consideran como una pieza más en el engranaje de la producción agrícola postmoderna. Y lo peor, una pieza mal pagada, no reconocida en su trabajo, y dispensable al final de la cosecha para que regresen de dónde vinieron, sin reclamaciones ni resistencias. En el caso que se resistan, se les inscriben en el programa de “retorno voluntario” de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para que sepan que están obligados(as) a regresar porque eso hace parte del contrato temporal. Para recordarles que son necesarios(as), pero no son deseados(as), ni queridos(as). Son apenas colaboradores(as) temporarios de las campañas de la agricultura en España.

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  1. Ao ler o texto observo que a situação das mulheres não difere muito dos paises latinos americanos especialmente no Brasil, apenas gostaria de lembrar que entre os principais problemas enfrentados por essas mulheres que trabalham no setor agricola remete a questão dos grandes centro onde as mulheres recebem um salario inferior ao do homem, nesta situação uma analise das questões colocadas no artigo uma reflexão sobre os salarios recebidos por essas mulheres que deve ser inferior ainda maior em relação a homens migrantes. Uma questão a ser discutida tambem refere-se a sitação de moradia que essas mulheres devem vivenciar no periodo de trabalho. Alguns autores no Brasil como a professora Iraildes Caldas da Universidade Federal do Amazonas tem demonstrado atraves de pesquisas a situação das mulheres que trabalham com agricultura no interior da Amazonia, problematizando as diversas situações encontradas pelas mulheres me busca de condições de vida.

  2. La situación descrita por la compañera me es bastante conocida, no por los estudios realizados, ni la abundante bibliografía al respecto, lo conozco porque puedo observarlo a diario en las calles donde vivo. La base de la economía de mi pueblo es la agricultura y he podido observar como en los últimos 15 años la población inmigrante se ha ido multiplicando en la época de la campaña de las fresas. Este hecho ha tenido para el pueblo varias lecturas:

    1) la de los empresrios ( no incluyo el femenino porque no hay mujeres empresarias) que han visto como enriquecían contratando población inmigrante.

    2) la de los/as cuidadanas que acogían con recelo a la mano de obra extranjera por considerar que limitaban sus opciones de trabajo, cuando lo cierto es que ya muy pocas personas trabajaban en el campo porque la mayoría se estaba empleando en la construcción.

    De las dos partes he escuchado serias críticas al personal contratado.
    Desde mi sincera opinión, creo que las críticas se enfocaban a la mano de obra pero lo que realmente escondía era un rechazo a la población inmigrante, pues en campañas anteriores siempre habiamos vistos familias temporeras ( personas de otras zonas geográficas de Andalucia que se trasladaban a la campaña) y ellas no era consideradas como “ladronas de empleo”.
    como bien refleja el texto, la mayoría de las personas contratadas son mujeres que se desplazan apra poder mantener a la familia en el país de origen, este hecho también es motivo de crítica, pues muchas de ellas han sido acusadas de prostitutas encubiertas, al parecer no basta con que te vean ir a trabajar todos los días, si eres mujer e inmigrante, también eres prostituta.
    Con todo ello quiero decir que no sólo son invisibles, que nuestra sociedad sólo las visibiliza en el sentido negativo, y lo cierto es que sin ellas muchos pueblos, entre lso qeu incluyo el mio no tendría el desarrollo económico del que presumen.

  3. Otro asunto sobre el que me gustaría llamar la atención sobre el texto que se nos presenta es que una vez más el concepto de ciudadanía no es universal. Por un lado esas mujeres que bien vienen por un tiempo determinado, no será percibidas ni como extranjeras ni tampoco tendrán la posibilidad de quedarse si así lo quieren. Lo que me interesa señalar es que la presencia de estas mujeres acá en Huelva dista mucho de la voluntad, por el contrario el desplazamiento se basa en la necesidad.

    De otro lado me interesa señalar cómo el asunto de la alimentación, se convierte en una pieza fundamental del mercado, alejándolo de su carácter de derecho. No sólo la alimentación cada vez encarece más y más. Sino que se funda a partir del trabajo mal pago, indigno de seres humanos. Al respecto recomiendo el libro “lo que hay que tragar” de Gustavo Duch.

  4. Por muy triste y sobrecogedora que parezca cada una de las líneas descritas por cada una de las compañeras, nos desdibujan la cruda realidad a la que están sometidas las mujer, primero por el hecho de la vinculación de la dependencia hacia otras personas, de ahí que utilicen mujeres con cargas familiares para que estas se encuentren en aras de volver a sus hogares familiares y por otro lado la discriminacion por el hecho de ser mujeres migrantes, pues a la para que son pieza indispensable para el sistema financiero en muchas ocasiones pasan inadvertida en cuanto a las funciones que desempeñan.
    Y encima del mal pago, la no revalorización del trabajo, no del esfuerzo, en muchas ocasiones se les une la presunción de ideas y prejuicios encasillándolas a todas aquellas atribuciones negativas habidas y por haber.
    Desde aquí me gustaría lanzar una reflexión en cada una de nosotras pero que se hiciera extensible, al resto de la ciudadanía, pues ya está bien, que el trabajo reproductivo no sea visible ni valorado, para que también el productivo pase en la lejanía de lo desconocido.
    Además debería de pensarse como usan el hecho de la construcción social del genero con referencia a la maternidad, para servirse de esta para qué estas mujeres sientan la obligación de hacer un retorno a sus hogares, pues no hemos de olvidar que miles y miles de desplazamientos migratorios del sexo masculino, quedan alejados de sus familiares sin tener que verse sometidos a comentarios sesgados por la construcción socia-cultural del genero.


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