Paridad y participación política de las mujeres

Los movimientos de mujeres en el mundo se insertan en un marco político y social determinado. El feminismo sufragista marcó la pauta en esta lucha, nunca universal ni heterogénea, sino más bien diversa y fuertemente matizada por aspectos identitarios de clase, etnia y religión en la que, tal cual afirma la feminista afroamericana bell hooks, lo que se comparte no son las mismas formas de opresión, sino la lucha por acabar con ellas.

Hoy por hoy, la mayoría de países en el mundo contemplan como un derecho constitucional el sufragio en igualdad, no obstante, este mandato legislativo suele circunscribirse casi exclusivamente al derecho al voto, no así a la posibilidad de las mujeres de ser elegidas o de participar política y económicamente en la vida pública en condiciones de paridad. Tal cual afirma Judith Butler, “el ingreso de las mujeres a la vida pública no ha provocado una erosión de los roles de género como tales; más bien ha obligado a una redefinición del papel de la mujer en la sociedad en su conjunto, lo que, en lugar de eliminar sus responsabilidades de género tradicionales, las ha incrementado, mientras que las de los hombres han seguido siendo más o menos las mismas”.

El modelo de la igualdad como diferencia es el que según la jurisprudencia de algunos países, entre ellos España, posibilita el establecimiento de cuotas para las mujeres en la legislación electoral, sin embargo este modelo suele entender las desigualdades como hechos de facto, que la ley formal no logra modificar. Si esto se asume tal cual, pareciera que la legislación y sus instrumentos jurídicos de poder buscan mantener el  “status quo” de quienes detentan el poder político, es decir: los hombres.

La asignación de cuotas ha sido una herramienta valiosa para obligar a  los partidos a la incorporación política de las mujeres, sin embargo no se ha logrado romper con las barreras culturales y estructurales que impiden o dificultan una mayor participación de las mujeres en las estructuras de poder. Quizás por ello la participación política de las mujeres se ha dado a base del trabajo voluntario y no remunerado en el ámbito comunitario y las ONG`s, espacios que les han permitido ser agentes de presión para el cambio de agendas políticas en los partidos y gobiernos.

La participación política de las mujeres como expresión democrática y ciudadana es posible solo si se contextualizan los espacios culturales y de género en los que existen. Esto permitiría la elaboración de estrategias políticas concretas, desde lo cotidiano en la vida diaria de las mujeres, hasta lo global, en el marco de las políticas públicas. Así, re-surge la necesidad de desprenderse de modelos tradicionales que circunscriben a la mujer y su partición política en un sistema jurídico de poder que reproduce el poder mismo desde una lógica patriarcal.

Aún cuando la inclusión paritaria y en igualdad de las mujeres en las esferas políticas y estructuras de poder siguen siendo una tarea pendiente, el que algunas pocas lo estén logrando es una estrategia que, en dependencia de la incidencia, los pactos y las alianzas en sororidad que con ellas ejerzan las “otras”, permitirá romper las barreras existentes y exigir a los partidos y espacios de poder la incorporación de demandas vinculantes y el respeto de las cuotas establecidas y pactadas.

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  1. Pienso que aunque las hay mas cuotas femeninas en los partidos políticos, esto se hace solo para que las mujeres esten de una o otra forma activas en los partidos políticos, las tienen hay para que la sociedad piense que estamos en igualdad, pero la realidad es que al final es el hombre el que decide que se debe hacer a la hora de una decisión pero la mujer es la que lo trasmite.

    Como las listas cremalleras, nunca he leido ninguna, pero seguro que el primer nombre que aparece es el de un hombre. Solo tengo que decir que en Islandia gobiernan mujeres, y estas han sacado el país de la crisis, nos deberíamos plantear dejar que las mujeres en cargos políticos tengan un papel más importantes y que tomen más decisiones por ellas mismas y no lo que les diga un hombre.

  2. A lo largo de la historia, el espacio público ha estado siempre dominado por los hombres, mientras que las mujeres se han dedicado al cuidado de sus familias y hogares, siendo el ámbito público prohibitivo para aquellas mujeres que quisieron cuidar su reputación como “honorables damas”. Al día de hoy, si bien las mujeres han sabido ganar un lugar de incuestionable protagonismo en la vida social y pública, también es cierto que la cultura patriarcal, aún presente, adopta formas sutiles de coartar a las mujeres que intentan participar en el ámbito político. Así, las cuestionan, descalifican y censuran por descuidar o abandonar sus responsabilidades como madres y esposas. Por otro lado, las relegan a participar a la sombra de los líderes varones, aplicando resistencias encubiertas que determinan lo que corresponde hacer “culturalmente” como hombres y mujeres. En este sentido, la participación femenina se ve duramente condicionada por un discurso que reconoce la igualdad, pero que en la práctica las continúa subordinando a los roles tradicionalmente femeninos, aún cuando participan en organizaciones sociales y ámbitos políticos.


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