El cuerpo femenino: La maternidad y el trabajo no remunerado

Los cuerpos de las mujeres han sido y continúan siendo los principales rehenes de todos los sistemas de dominación, porque solo desde la reglamentación de los cuerpos en clave jerárquica es posible construir significados esencialistas que cumplen la función de legitimar todo tipo de discriminaciones

María Teresa Blandón

 A finales del 2011, el Programa Feminista La Corriente de Nicaragua publicó el estudio Los cuerpos del feminismo nicaragüenses.

http://es.scribd.com/doc/62552347/Los-Cuerpos-Del-Feminismo-Nicaraguense

Este estudio, certero y analítico, muestra hallazgos interesantes sobre la trayectoria de los feminismos nicaragüenses, sin embargo, yo deseo centrar la discusión en torno al recorrido teórico y analítico que sobre la concepción del cuerpo femenino hacen las investigadoras.

Así, deseo iniciar afirmando que el cuerpo es fuente de opresión, pero lo es también de emancipación . Sabemos que el género tiene una carga cultural, social y simbólica sobre la que, en la lógica del pensamiento binario y dicotómico, unos cuerpos importan más que otros. La maternidad, a partir de la cual el significado del cuerpo femenino cobra una inequívoca expresión, define como condición que se es mujer, solo sí y a condición de, una única manera posible, siendo madre.

Bajo este pensamiento, que no acepta nuevos referentes emancipatorios, el ser madre lo es y lo significa todo. Las mujeres existimos como extensión de esa realidad biológica, nunca fuera de ella. Bajo este pensamiento biologisista y naturalizador, el cuido a los demás, el trabajo doméstico y la crianza de los hijos son tareas propias de las mujeres y por tanto carecen de valor.

El planteamiento político y económico de las mujeres y feministas por la emancipación de la mujer ha girado siempre en torno al control y poder que actúa sobre esos cuerpos. Así, los cuerpos son una construcción social, regulados por el poder político, económico y religioso, que a la vez coexiste con el poder desde dentro, desde el deseo, el placer y la razón, que puede ser controlado, redefinido y problematizado por una misma, y así, desde esa postura, reclamar el derecho a la autonomía.

El feminismo reivindica la importancia política de liberar el placer como proyecto de emancipación del cuerpo femenino. Vivir nuestros cuerpos desde el placer nos hace apropiarnos de él; decidir sobre éste es alcanzarlo. Nadie puede hacerlo bajo la dominación de otros. Pensar desde el deseo, es transgredir el estatuto patriarcal de la maternidad, es concebirnos de una manera opuesta al discurso hegemónico, es re-plantearnos nuestra función política, económica y social como mujeres, en el término más amplio de la palabra, más que como madres.

Hoy por hoy, el debate plantea nuevas estrategias de lucha, ya no solo para que el trabajo doméstico y el cuido a los demás sea valorado en términos económicos, sino también para que las mujeres que están incorporadas al mercado laboral y que además son madres, puedan seguir teniendo el mismo poder en la esfera pública y profesional que sus compañeros hombres, padres de sus hijos e hijas.  Para que esto sea posible, es necesario democratizar la casa, de-construir la maternidad e incluir en nuestro lenguaje la labor e importancia de la paternidad, desde el término más amplio de la palabra, en el ámbito privado.

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