EL TRABAJO DOMÉSTICO

A lo largo de las últimas décadas se han producido, y siguen produciéndo, importantes cambios en la sociedad española: políticos, económicos, sociales, culturales, demográficos, etc. Paralelamente se han ido produciendo cambios en la mentalidad social que han favorecido el desarrollo del nuevo papel de la mujer, y consecuentemente de la institución familiar. Esta ha experimentado modificaciones tanto en su estructura o composición (aspecto demográfico), como en las relaciones que se establecen entre sus miembros.

La incorporación masiva de las mujeres al mercado de trabajo (espacio público), la separación entre sexualidad y reproducción, la disminución de la tasa de natalidad, el cuestionamiento de las mujeres sobre su propia identidad, basada tradicionalmente en la maternidad, etc, ha implicado cambios en lo considerado como espacio doméstico, cambios que afectan a los dos sexos y que se basan, al menos teóricamente, en “nuevas formas de relación donde derechos y deberes son los mismo” para ambos. No resulta extraño ver a los hombres desempeñando trabajos tradicionalmente considerados como “femeninos”, el cuidado de los hijos y de las hijas, su educación, la realización de las tareas domésticas, etc., han dejado de considerarse exclusivamente responsabilidad de la mujer.

Sin embargo, la dedicación de la mujer a las tareas domésticas no ha disminuido en la misma proporción o medida que su incorporación al trabajo remunerado, en ella se sigue recayendo el grueso de las tareas, y en muchas ocasiones, la colaboración de los demás miembros se conceptualiza como “ayuda“.

A pesar de que estos aspectos son debatidos con frecuencia, tanto en ámbitos amplios (medios de comunicación) como reducidos (grupos de compañeros y compañeras, amigos y amigas, parejas, etc.), la corresponsabilidad y el reparto equitativo de los mismos todavía no se ha logrado, o al menos, no se ha generalizado.

Por tanto, hablar de la doble jornada que realizan muchas mujeres, o expresar la poca valoración y reconocimiento social de las que realizan las tareas domésticas, merece hoy por hoy especial atención.

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  1. Estoy en total acuerdo contigo compañera, la mujer tiene doble jornada y encima no tiene ni tiempo para ella misma. Es verdad que los hombres están compartiendo (no ayudando) poco a poco a las tareas del hogar y cuidando de sus hijos e hijas, pero muy pocas horas, por lo que pueden llevar a cabo su trabajo fuera de casa y encima tienen tiempo para ellos mismos.

    Hay que educar a los hijos en igualdad con sus hermanas, así desde pequeño sabrán que en casa todos y todas comparten tareas, y esto les influirá en positivo a la hora de formar ellos mismos su hogar, o eso opino.

  2. Estoy totalmente de acuerdo con este post. Aunque los hombres estén ayudando a las mujeres más que hace unas décadas, aún no están compartiendo las tareas domésticas en paridad. Nosotras, ahora, estudiamos, trabajamos dentro y fuera de casa mucho más que los hombres y nuestro trabajo doméstico sigue sin reconocimiento.

    Según las estadísticas más recientes, estamos estudiando más que los hombres. ¿Pero por qué casi no estamos presentes en los puestos más altos? ¿Por qué seguimos siendo las más pobres? ¿Qué pasa en la sociedad?

    Esto ocurre porque vivimos en una sociedad patriarcal donde toda la organización social tiene como objetivo facilitar a la inserción y crecimiento laboral de los hombres y dificultar el acceso de las mujeres a los mejores empleos. Nuestra sociedad pone la maternidad como el gran acontecimiento de la vida de la mujer. Es como si solo podemos ser consideradas mujeres si somos madres, por lo tanto, el hecho de ser madre dificulta a la mujer que siga dedicándose a su ascensión laboral una vez que a los hombres no les es exigido la misma participación en la educación y el cuidado con los hijos. De esa forma, la mujer se queda sobrecargada y no puede dedicarse de la misma manera a la vida profesional como los hombres.

    Finalmente, apunto que la justificativa presentada arriba no es unívoca, o sea, la explicación por la que no haya casi mujeres en los puestos más elevados no es monocausal, mientras tanto, estoy segura que el valor social dado a la maternidad y a los cuidados con los hijos está dificultando a las mujeres en el mercado laboral.


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