Estimación de la producción doméstica

Existen fórmulas para estimar económicamente el valor del trabajo de producción doméstica, que permiten compararlo con el trabajo remunerado. Como el trabajo doméstico es realizado principalmente por mujeres, esta comparación se hace con el fin de valorar la aportación de estas mujeres, que bien pueden dedicarse exclusivamente al trabajo doméstico o llevar una doble jornada (trabajo doméstico y trabajo remunerado). La ausencia de su valor en términos monetarios hace infravalorar su aportación en una sociedad eminentemente materialista y capitalista que pretende que todo tenga un valor económico.

Una de las fórmulas se hace en base al coste de oportunidad. Este cálculo se realiza multiplicando el número de horas dedicadas al trabajo doméstico por su salario potencial.
P = (QT x S) x N
P= valor anual de producción doméstica
QT= cantidad de tiempo doméstico
S= coste de oportunidad
N= número de trabajadoras/es domésticas/os

Otro de los métodos emplea el enfoque de sustitución de/de la trabajador/a doméstico/a. Dentro de este tipo podemos encontrar dos maneras de calcular el valor del trabajo doméstico.

-Sustitución por empleado/a doméstico/a. El valor se obtiene de multiplicar la tasa de salario de un/a empleado/a doméstico/a por el número de hogares
P= D x H
P= valor anual de producción doméstica
D= salario anual medio de empleada/o doméstica/o
H=número de hogares

-Sustitución por diferentes servicios del mercado correspondientes a cada tipo de tarea doméstica. Se evalúa el tiempo dedicado a la tarea y se aplica la tasa de salario del/de la especialista en dicha tarea.
n
P= N x ∑ (QTi x S)
i=1
P= valor anual de producción doméstica
QTi=cantidad de tiempo de tarea i
S=tasa de salario en mercado del/de la especialista en tareas i
n=número de funciones de desegregación del trabajo doméstico
N=número de trabajadores y trabajadoras domésticas

El resultado de la aplicación de estas fórmulas en diversos países occidentales pone de relieve que hay más mujeres que hombres que realizan actividades productivas; pues son ellas las que mayoritariamente hacen las tareas domésticas, y las que además las compaginan con actividades remuneradas.

El trabajo doméstico no es valorado por la sociedad y con frecuencia no vemos realmente cómo repercute en la economía en su conjunto.

Creo que las mujeres y los hombres que se dedican exclusivamente al trabajo doméstico deberían ser consideradas como parte de la población activa, y así el trabajo doméstico como un indicador de la producción dentro del mercado. Esto repercutiría positivamente en la economía de estas personas (en su mayoría mujeres), que tendrían el derecho a cotizar en la Seguridad Social y a percibir una pensión por jubilación y no tener que depender económicamente de otra persona (esta dependencia ha sido la causa de pobreza de muchas mujeres que habían dedicado toda su vida al hogar y por un motivo u otro se han visto sin la persona que las mantenían).

Fuente: Ministerio de Cultura e Instituto de la Mujer.: El trabajo de las mujeres. Serie debate. Madrid, 1987.

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