LA MUJER CAE EN EL ABISMO DE LA BRECHA SALARIAL

Según un informe presentado por UGT con motivo del Día Internacional por la Igualdad Salarial, una mujer tiene que trabajar 82 días más que un hombre para cobrar lo mismo. Según este informe, la desigualdad crece cada año. En 2009, una mujer tenía que trabajar 80 días más que un hombre para cobrar lo mismo por idéntico trabajo. Transcurrido cuatro años, las mujeres no han mejorado su situación de precariedad laboral, sino que se ha incrementado debiendo trabajar dos días más para percibir la misma retribución.

Además, en base a los últimos datos disponibles de la Encuesta de Estructura Salarial del año 2010, la brecha salarial se sitúa en torno al 22’55%.

Las desigualdades de género se manifiestan en múltiples facetas en la sociedad, pero  una de las más gravosas es la que se produce en el mercado laboral. No es solo la brecha salarial la que nos coloca en un plano de desigualdad económica, sino también el hecho de que el 76% de los contratos a tiempo parcial son de mujeres y que las mujeres ocupan sectores de actividad relacionados con los cuidados que suelen tener una  remuneración inferior a la percibida por los sectores tradicionalmente ocupados por los hombres.

Por último y no menos importante, hay que tener en cuenta que la brecha salarial no solo afecta a la mujer en el momento de cobrar la nómina, además, va en detrimento de la cuantía que percibirá en un futuro por su pensión.

 

 

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Un Comentario

  1. Las diferencias salariales entre hombres y mujeres designan la desigualdad promedio que existe entre los ingresos por hora de hombres y mujeres en todos los sectores de la economía.
    Según las últimas cifras publicadas por la Comisión Europea en diciembre de 2013 la diferencia salarial entre hombres y mujeres es de un 16,2 % en la Unión Europea, porcentaje que indica la diferencia media entre ambos sexos en el conjunto de la Unión respecto a la remuneración por hora. Si bien las cifras globales confirman una débil tendencia decreciente en los últimos años -con una disminución del 1,1 % entre 2008 y 2011- este porcentaje no ha variado en el último año. En la clasificación por países, los mejores resultados se encuentran en Eslovenia (2,3%) y los peores en Estonia (27,3%) mientras que las cifras españolas corresponden a la media europea.

    Las diferencias salariales entre hombres y mujeres también tienen un impacto importante en los ingresos de por vida y en las pensiones de las mujeres. Tener un salario más bajo significa disponer de una pensión más baja, y esto genera un mayor riesgo de pobreza para mujeres mayores. Estas diferencias salariales son la consecuencia de un nivel continuo de discriminación y de desigualdades en el mercado laboral que, en la práctica, afectan principalmente a las mujeres. Están ligadas a una serie de factores legales, sociales y económicos cuya importancia se extiende mucho más allá que el solo tema de igualdad salarial por un trabajo de igual valor.
    Hay una serie de factores complejos y a menudo interrelacionados que explican la existencia de las diferencias salariales entre hombres y mujeres.

    Discriminación directa:
    • Algunas mujeres ganan menos que los hombres en el desempeño del mismo trabajo.
    • Más frecuentemente las mujeres ganan menos que los hombres haciendo trabajos de igual valor. Una de las causas principales es la manera en que se valoran las competencias de las mujeres en comparación con las de los hombres.
    Segregación en el mercado laboral
    • Las diferencias salariales entre hombres y mujeres también son reforzadas por la segregación del mercado laboral. Las mujeres y los hombres todavía tienden a trabajar en trabajos diferentes. Por un lado, las mujeres y los hombres suelen predominar en diferentes sectores. Por otro lado, dentro del mismo sector o empresa las mujeres predominan en ocupaciones menos valoradas y peor pagadas.
    • Las mujeres suelen trabajar en sectores en los que su trabajo se valora menos y se paga peor que en los sectores dominados por los hombres. Más mujeres trabajan en sanidad, educación y administración pública. •Además, a las mujeres se las contrata frecuentemente como auxiliares administrativas, dependientas o como trabajadoras poco cualificadas o no cualificadas y las mujeres están subrepresentadas en posiciones directivas y superiores.

    Tradiciones y estereotipos:
    • La segregación está frecuentemente ligada a tradiciones y estereotipos. Si bien en algunos casos esto puede ser el reflejo de las elecciones personales, las tradiciones y estereotipos pueden influenciar, por ejemplo, la elección de las sendas educativas y, por consiguiente, las carreras profesionales que las chicas y mujeres desarrollen.Por lo que, hay menos mujeres que trabajan en empleos científicos y técnicos. En muchos casos esto hace que las mujeres trabajen en sectores menos valorados y peor pagados de la economía.
    • A causa de estas tradiciones y estereotipos, se espera que las mujeres reduzcan sus horas de trabajo o abandonen el mercado laboral para atender a niños o ancianos.

    Conciliación de la vida profesional y la vida privada:
    • Las mujeres tienen más dificultades que los hombres en lo que respecta a la conciliación del trabajo y la vida privada.
    • Las responsabilidades familiares y de atención todavía no están compartidas equitativamente. La tarea de cuidar de miembros de la familia dependientes es asumida principalmente por mujeres. Muchas más mujeres que hombres deciden tomar el permiso parental. Este hecho, junto con la falta de instalaciones para el cuidado de niños y ancianos, hace que las mujeres se vean a menudo obligadas a abandonar el mercado laboral.
    • Aunque el trabajo a tiempo parcial puede ser una elección personal, las mujeres son las que recurren más a él para combinar las responsabilidades laborales y familiares.
    • En consecuencia, las mujeres interrumpen más sus carreras profesionales o trabajan menos horas que los hombres. Esto puede tener un impacto negativo en el desarrollo de sus carreras y en sus posibilidades de ascenso. También se refleja en trayectorias profesionales menos gratificantes desde el punto de vista económico.
    La discriminación se produce cuando la estructura salarial rompe la necesaria armonía entre la retribución y el valor del trabajo, es decir, cuando la diferencia entre las retribuciones no es proporcional a la diferencia del valor de los trabajos, por lo que el objetivo principal para la prevención de las desigualdades salariales, debe ser suprimir las diferencias referentes a la remuneración entre trabajadoras y trabajadores que ocupan un mismo puesto de trabajo o categoría profesional, o bien, que están desempeñando trabajos de igual valor, con el fin de conseguir unas condiciones salariales de igualdad.


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