El argumento económico en favor de la igualdad de género

Hoy en día hay cada vez mayor consenso acerca de la importancia de las mujeres como actoras fundamentales de la economía. En todo el mundo, la creciente participación de las mujeres en el empleo aporta mucho a las tasas de crecimiento y la viabilidad económica en el plano nacional. Aun así, en muchos países, en el mundo del trabajo sigue habiendo desigualdades de género que socavan la productividad y la competitividad. Si bien la igualdad de género suele considerarse una meta legítima, es posible que algunos aún crean que acarrea costos para el crecimiento económico y de las empresas. La igualdad entre mujeres y hombres contribuye de diversas formas al crecimiento económico, y en que la plena participación de la mujer en el escenario económico es fundamental para construir economías sanas y sostenibles.

En el mundo del trabajo, la discriminación por motivos de género se debe al rol de los géneros y las normas sociales imperantes, que por lo general demoran en cambiar. Pese a los avances significativos que se han constatado durante los últimos cincuenta años en la promoción de la igualdad de género en el empleo, sigue habiendo un elevado porcentaje de mujeres en ocupaciones sujetas a un estereotipo de género y generalmente más precarias, vulnerables y peor remuneradas que las de los hombres. En todos los países sigue existiendo el problema de que el sexo de las personas determina diferencias de remuneración frente un trabajo de igual valor.

En consecuencia, las mujeres sufren desproporcionadamente más que los hombres los déficits de trabajo decente y, por ende, la pobreza. Esto no solo va en detrimento de las mujeres y su familia, sino que también representa una enorme carga para la economía. Aumentar el número de puestos de trabajo y su calidad tanto para los hombres como para las mujeres puede incentivar la productividad local e incrementar la demanda de bienes y servicios en la economía local por el aumento del consumo.

La desigualdad de género no se manifiesta únicamente en los niveles inferiores del mercado de trabajo: también se constata en los puestos superiores. A pesar de que su nivel de instrucción va en aumento, las mujeres representan apenas el 10 por ciento de los miembros de la dirección de las empresas más grandes que cotizan en la bolsa de valores de los Estados Miembros de la Unión Europea. Esa cifra se reduce al 3 por ciento en el caso de las mujeres que ocupan puestos en el nivel más alto de toma de decisiones dentro de las mismas empresas4. Hay muchos datos que demuestran que si se aprovecha debidamente el talento de los hombres y de las mujeres, se diversifica más el número de unos y otras en las ocupaciones y se equilibran mejor las estructuras empresarias de adopción de decisiones, es posible aumentar la ventaja competitiva y la productividad de esas empresas. Así pues, solucionar las disparidades de género en el mundo del trabajo no es solo de interés para la igualdad de derechos, sino también de interés económico.

No se puede negar la importancia de las microempresas y las pequeñas y medianas empresas en las economías locales. Si bien esa importancia depende del país de que se trate, se ha reconocido que las microempresas y las pequeñas y medianas empresas son un motor clave del crecimiento y una fuente de empleo para un porcentaje significativo de la fuerza de trabajo. En países como Chile, Grecia y Tailandia, su contribución en materia de empleo es superior al 80 por ciento, y se ha demostrado que en los países con un nivel de PIB per cápita más elevado tienen una participación mayor en el empleo total y el PIB. En Europa representan más del 80 por ciento de los puestos de trabajo en ciertos sectores, como el textil, la construcción y el mobiliario.

Por diversos motivos, las microempresas y las pequeñas y medianas empresas deberían contar con una fuerza de trabajo con representación equitativa de ambos sexos. En primer lugar, el nivel de instrucción de las mujeres ha aumentado significativamente en los últimos decenios, y cada vez más mujeres se gradúan de carreras técnicas y científicas. Cuando se discrimina a la mujer en el proceso de contratación, las empresas desaprovechan esa reserva de mujeres calificadas cuyo talento se infrautiliza. En segundo lugar, las diferencias entre los empleados de sexo masculino y de sexo femenino pueden reportar importantes ganancias a las empresas. Dado que éstas funcionan en un mercado heterogéneo y a menudo imprevisible, una gama diversa de conocimientos especializados dentro de una misma empresa la dota de un mayor nivel de calificación y una mayor capacidad de reacción ante los cambios. El equilibrio de género en los equipos de gestión puede mejorar la capacidad de innovación e incrementar la rentabilidad de los ingresos y activos.

Aunque evidentemente no son exhaustivas, las razones citadas demuestran que existe un

argumento económico en favor de la igualdad de género. Deberían crearse y aplicarse efectivamente marcos adecuados de política para la igualdad de género en los ámbitos nacional y local a fin de conseguir un nivel de acceso y oportunidades equitativo, que permitiera el avance profesional tanto a los hombres como a las mujeres en el mercado de trabajo.

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  1. Estoy de acuerdo con tus argumentos, totalmente fundamentados en las estadísticas y estudios reales. Ahora que son comprobables por las empresas y que tienen efectos directos sobre los beneficios que revierten en éstas (objetivo fundamental y principal del capital), debemos buscar el método para hacer entender a los empresarios/as, por lo general varones, que se puede y debe llevar a cabo.
    Existe aun hoy en día, como bien explicas, cierta resistencia a contratar a mujeres, a ascender a mujeres y dejar que sigan formándose profesionalmente las mujeres, por el miedo a que éstas adquieran más poder, autonomía e independencia, factor clave para comprender la instauración histórica de la esfera privada atribuida a las mujeres.
    Tenemos un reto por delante y debemos continuar trabajando para superar esos estigmas, continuar publicando estudios reales y empíricos sobre estos temas que pongan de manifiesto la importancia de la igualdad de género en las empresas sean del tamaño que sea.

  2. como bien dice mi compañera en el comentario anterior, se tiene miedo a ese crecimiento de poder de las mujeres, se teme a que con nuestras capacidades y habilidades consigamos tener más poder que los hombres, y esto es un gran muro que se debe de ir rompiendo poco a poco con el empoderamiento de las mujeres y a la vez mentalizando a los hombres de llegar a una igualdad real, que no por ocupar una mujer un cargo de responsabilidad ellos serán inferiores a nosotros, que simplemente queremos conseguir los mismo logros que para ellos están a su plena disposición.


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