Politicas de igualdad

La posición social de las mujeres indica que se ha producido un avance indudable en los últimos cincuenta años. Sin embargo, los datos también muestran que mujeres y hombres todavía no se encuentran en condiciones de igualdad en muchos campos de la realidad social, cultural, política, económica, etc. Esta afirmación es especialmente aplicable al terreno empresarial y del empleo. Es más, existe un riesgo evidente de que las desigualdades aumenten en los próximos años como consecuencia de los efectos de la crisis financiera que afecta a las economías más desarrolladas desde el año 2007 –entre ellas la europea y, particularmente, la española.

Las políticas de igualdad desarrolladas en la Unión Europea, España y las Comunidades Autónomas han sido claves en el avance hacia un escenario con mayor igualdad de oportunidades. Pero su proyección hacia el cumplimiento de las mismas, especialmente como mandatos de obligado cumplimiento, es todavía muy reciente.

Una cuestión importante es familiarizarse con los presupuestos que explican la relación que existe entre el sistema sexo/género, las políticas públicas y las herramientas disponibles para poner en marcha estrategias de igualdad en el seno de la sociedad.

Las razones que justifican las políticas de igualdad efectiva en España, el marco normativo que las regula y los instrumentos o herramientas disponibles para ponerlas en práctica y una comprensión adecuada de las políticas de igualdad efectiva en España requiere tomar en consideración las políticas como los objetivos de igualdad efectiva de mujeres y hombres en España  expresados fundamentalmente en la Ley Orgánica 3/2007, las políticas de igualdad efectiva basadas en la teoría del sistema sexo/género y la transversalidad de género y las acciones positivas como  estrategias complementarias que han sido las elegidas en la Ley Orgánica 3/2007 para impulsar la igualdad efectiva.

La Constitución Española de 1978 ha reconocido como valor superior de su ordenamiento jurídico la igualdad (art. 1.1). La igualdad también es un principio que los poderes públicos deben observar en su actuación (art. 9.2). Igualmente, nadie puede recibir un trato discriminatorio o desfavorable por razón de sexo (art. 14). La igualdad ha sido enunciada de manera expresa en el terreno de las condiciones de trabajo y, especialmente, del salario (art.35.1).

La Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres tiene por objeto hacer efectivo el derecho de igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres, en particular mediante la eliminación de toda forma de discriminación contra las mujeres, tanto las directas como las indirectas (art. 1), y, especialmente, las derivadas de la maternidad, la asunción de obligaciones familiares y el estado civil (art. 3). En la Ley Orgánica 3/2007 se ha prestado una atención particular a la igualdad de trato y de oportunidades en el empleo, sea en el sector público o en el privado, al subrayar su garantía en el acceso al empleo, la formación profesional, la promoción profesional, las condiciones de trabajo –incluidas las retributivas y las de despido–, y en la afiliación y participación en las organizaciones empresariales y sindicales, incluidas las prestaciones que puedan conceder (art. 5).

A pesar del marco normativo general sobre igualdad en España, las políticas públicas impulsadas por el gobierno central, los gobiernos autonómicos y las acciones de responsabilidad social corporativa desarrolladas por las empresas, los estudios muestran que persisten situaciones de desigualdad en muchas áreas. Mujeres y hombres cuentan con recursos desiguales, son tratados de manera diferente y no gozan del mismo nivel de influencia.

¿Por qué sucede esto? Aunque existen diferentes respuestas a este interrogante, la explicación contenida en la teoría del sistema sexo/género es la más acertada. En síntesis, el sistema sexo/género es un modelo teórico que explica las razones por las que persiste la desigualdad entre mujeres y hombres.

Se basa en dos lógicas: la separación y la jerarquización. Entre ambas se crea una estructura que limita la capacidad de mujeres y hombres para realizar elecciones realmente libres. Además, todas las personas –mujeres y hombres– colaboran intencionada o inintencionadamente en la regeneración y el mantenimiento de este sistema a lo largo de su vida, con pequeñas decisiones y acciones cotidianas. Una manifestación de este sistema consiste en albergar expectativas de que las aspiraciones o metas, los comportamientos y las preocupaciones en la vida de una mujer y de un hombre serán en buena medida diferentes. El objetivo final de la igualdad efectiva es romper con el sistema sexo/género.

La transversalidad y las acciones positivas son dos estrategias complementarias que permiten avanzar con mayor eficacia hacia el objetivo de la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Así lo han reconocido los principales textos internacionales y europeos, así como la legislación española sobre la materia (arts. 11 y 15 de la Ley Orgánica 3/2007).

En síntesis, la transversalidad de género significa que las preocupaciones y experiencias de las mujeres y de los hombres son un elemento integrante en la elaboración, la aplicación, la supervisión y la evaluación de todas las acciones de una organización. La incorporación de la perspectiva de género supone reflejar las percepciones, la experiencia, el conocimiento y los intereses de las mujeres y de los hombres en la formulación de políticas, la planificación y la adopción de decisiones. Ello implica que la entidad debería situar las cuestiones relativas a la igualdad de los géneros en el centro de los análisis y las decisiones, los planes de mediano plazo, los presupuestos por programas y las estructuras y procesos institucionales.

Las acciones positivas, en cambio, son medidas de carácter temporal que actúan sobre desigualdades que persisten en la realidad laboral, económica o social. Su adopción está justificada por la existencia de una desigualdad de hecho (razones objetivas); su finalidad ha de ser la igualdad efectiva de mujeres y hombres; y su contenido ha de ser razonable (funcional para alcanzar el fin perseguido) y proporcionado (no genera un desequilibrio patente y excesivo o irrazonable).

 

 

Anuncios

  1. es cierto que actualmente todavía la mujer sigue estando en desigualdad en muchos campos de la vida con respecto al hombre, decir que , se ha logrado un avance hacia la igualdad , pero que no es suficiente para reconocer un igualdad real entre mujeres y hombres, por ello hay que seguir luchando para llegar a conseguir una equidad en todos los ámbitos de nuestras vidas (social, económico. laboral,etc.). se crean políticas de igualdad como un pasos para lograr nuestra meta, pero, aún no es suficiente, porque creo que antes de nada se tiene que educar los valores y luego ponerlos en práctica. No vale dar directamente la herramienta sino se ha enseñado previamente como utilizarla, por este motivo aunque legalmente se avanza luego en la vida diaria no se lleva acabo porque no todas las personas están mentalizadas en luchar por una igualdad real.

  2. Cuando decimos que la crisis ha aumentado las diferencias de género en el terreno económico, se me viene a la cabeza todas aquellas personas (mujeres) que estaban contratadas para realizar las tareas del hogar y cuidado de los/as hijos/as durante la jornada laboral de sus padres. Aquellas familias que podían permitirse tener una persona empleada para este fin, quizás ahora ya no puedan. Pero aunque existe una ley por la cual estas personas tenían que tener un contrato y ser dadas de alta en la Seguridad Social, en la mayoría de las casos no es así, tratándose por lo tanto de economía sumergida, cuyas cifras no constan en ningún registro oficial.

    Ante esto, podemos pensar que son muchísimas las mujeres cuyos ingresos se basaban en “echar horas” en otras casas, y que ahora han pasado a ver drásticamente reducido el número de horas o que directamente pasen a ser inexistente.

    Por otro lado, este tipo de trabajo supone una perpetuación de los roles de género, ya que si una mujer podía permitirse no tener que realizar ella misma las tareas del hogar, o contar con una ayuda para ello, era otra mujer, nunca un varón, quien lo hacía. Por lo tanto, continuamos con la ideología de que hay tareas apropiadas para hombres y tareas apropiadas para mujeres (división sexual del trabajo).


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s