¿QUE ES LA CIUDADANÍA?

Ni que decir tiene que el tema de la ciudadanía se ha tenido muy alejado cuando hemos hablado de perspectiva de género o de feminismo, es por ello, por lo que me he decidido ha dar algunas pinceladas sobre la cuestión de que es eso de ciudadanía y que aporta a los sistemas de bienestar.

Pues bien por ciudadanía entendemos el conjunto de derechos que tienen las personas como sujetos y los deberes que de ellos se derivan. Ese”conjunto de derechos”, ha ido transformándose y evolucionando paralelamente al desarrollo de la sociedad, fundamentalmente, a lo largo de los últimos tres siglos. En este sentido, Marshall distingue tres etapas: una “ciudadanía civil” en el siglo XVIII, vinculada a la libertad y los derechos de propiedad; una “ciudadanía política” propia del XIX, ligada al derecho al voto y al derecho a la organización social y política y, por último, en esta última mitad de siglo, una “ciudadanía social”, relacionada con los sistemas educativos y el Estado del Bienestar.

Desde esta perspectiva, el debate de la ciudadanía está estrechamente unido a las relaciones de poder o de dominación de los hombres sobre las mujeres negándoles el ejercicio de la misma. El voto, la propiedad, la libertad para organizarse, son derechos a los que las mujeres han accedido más tardíamente que los hombres, encontrándose relegadas en la actualidad a una ciudadanía de segunda: numerosos grupos de mujeres constituyen las bolsas de pobreza más severas, soportan mayor grado de violencia, reciben los salarios más bajos y cuentan, en definitiva, con muchos menos recursos que los hombres.

Ser ciudadana/o de pleno derecho hoy implica “desde el derecho a un mínimo bienestar y seguridad económica hasta el compartir al máximo el patrimonio social y a vivir la vida de acuerdo con los estándares imperantes en la sociedad”.

Si nos basamos en los numerosos estudios e investigaciones sobre el género y familia sobre los Estados de bienestar avanzan en la misma dirección. Precisamente, el complejo y sofisticado cuerpo conceptual desarrollado por los estudios feministas amplía considerablemente las capacidades analíticas respecto de las dimensiones estructurantes de los sistemas de protección social: los sistemas familiares y el papel de la mujer en la provisión social; los sistemas de valores y las regulaciones que estructuran el poder en la familia y los comportamientos matrimoniales y demográficos. Aquí también los nuevos desarrollos conceptuales han generado un fértil terreno que permite capturar con precisión las características específicas y las variaciones históricas con que emergen, se desarrollan y cambian los sistemas de protección social.

Con todo esto podemos decir que la presencia o ausencia de mujeres en los diferentes ámbitos o niveles de la ciudadanía vine determinado por la propia historia y naturaleza de la ciudadanía, por la relevancia de la diferencia sexual por la relación estrecha entre género y ciudadanía. De lo que se trata, en definitiva, es de construir una ciudadanía guiada por la lógica igualitaria y democrática, de desarrollar una concepción amplia, influyente.

 

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