LA ECONOMÍA FEMINISTA

En la siguiente entrada pretendemos hacer un breve resumen sobre algunas de las ideas de  la llamada economía feminista basándonos en un vídeo de Cristina Carrasco, profesora de teoría económica de la Universidad de Barcelona (https://www.youtube.com/watch?v=HylglzHxehU), y además, nos detendremos a mencionar determinados aportes de este enfoque económico apoyándonos en la lectura del “Diagnóstico de la crisis y respuestas desde la economía feminista” de Amaia Orozco.

La economía feminista puede ser definida como otra forma de ver y entender la economía y la sociedad, basada en la idea de la existencia de una economía que solo tiene en cuenta al mercado y no atiende a todo lo que hay por debajo, que es lo que lo sostiene, es decir, la economía de los ciudadanos. Esta tendencia económica feminista pretende ir hacia una economía que tenga como eje central la vida de las personas.

El sistema económico actual es capitalista y patriarcal: el capitalismo ha sabido aprovechar el patriarcado. Esta situación hace que desde la economía feminista defiendan la necesidad de una transición que debe basarse en la reorganización de los tiempos y los trabajos de forma más equitativa, en organizar consumo y producción de una forma diferente. La base de todo estaría en poner en cuestión al sistema capitalista.

En cuanto al socialismo, Cristina Carrasco opina, desde una visión de la económica feminista, que no tiene en cuenta ni la economía del cuidado, ni la ecológica, y esto no debe ser así, pues existe una necesidad de que todas estas cuestiones sean atendidas.

La profesora Carrasco sostiene que lo más importante es que las mujeres nos empoderemos, nos mantengamos unidas e intentemos ir cambiando todo lo necesario, y niega que el feminismo plantee una guerra de sexo, lo que plantea es una convivencia en un mundo mejor para todos y todas, no se pelea contra los hombres, solo se trata de cambiar la visión patriarcal-capitalista existente.

Según el artículo de Amaia Orozco, el primer aporte de la economía feminista es la propuesta de crear una nueva noción de economía y trabajo, pues en la concepción actual solo se atiende a las cuestiones relacionadas con los procesos mercantiles y no te tiene en cuenta que existe otro gran ámbito de actividad económica como son los hogares. La autora sostiene que los procesos económicos que tiene lugar en los hogares son sumamente complejos y que por ello no pueden dejarse de lado si se pretende comprender el funcionamiento del sistema.

Los hogares son un espacio clave para el desarrollo del sistema por la enorme cantidad de actividad económica que en ellos se produce, pero también porque es ahí donde se localiza la responsabilidad de que todo cuadre, es decir, en este espacio es donde se ocupan de que los diversos recursos produzcan el bienestar necesario. Por tanto, podemos observar, que esta tarea de vital importancia no es desempeñada por los Estados o las empresas, sino por los hogares, y en ellos por las mujeres. Debido a esta idea, la autora, y la economía feminista, por tanto, defiende la importancia de los hogares como unidad de análisis básica para entender la economía.

Nosotros, no podemos menos que apoyar esta idea, pues consideramos que el trabajo realizado en los hogares es de vital importancia para el desarrollo del bienestar, pues sin las labores que se desarrollan en ellos todo el sistema se desmantelaría. Por tanto, nos permitimos opinar que un punto clave para la transformación del sistema económico es la concienciación de la importancia de estas tareas, realizadas como norma general por las mujeres, y que normalmente se dejan al margen a la hora de estudiar las cuestiones económicas.

BIBLIOGRAFÍA

Orozco, Amaia (2010). Diagnóstico de la crisis y respuestas desde la economía feminista. Revista de economía crítica, nº 9, 131-144.

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  1. Apoyo la idea de Cristina Carrasco totalmente, y me gustaría poner una pequeña definición que la misma Cristina publicó en el año 2006.
    La Economía Feminista, es la acción de recuperar aquellas actividades que han estado invisibilizadas durante la historia, las cuales han sido realizadas por las mujeres, incorporando las relaciones de género como relaciones sociales de poder. Esta actividad -los trabajos domésticos y de cuidados- según Cristina Carrasco (2006:46), “es la que debería servir de referente” y no el trabajo realizado en el mercado… porque es el trabajo fundamental para que la vida continúe.

    Personalmente, creo que hay dos ejes centrales para la economía feminista. “Por un lado, tiene en cuenta no solo la economía mercantil, sino también el territorio doméstico, donde se hacen los trabajos que permiten sostener la vida cotidiana y la segunda es la búsqueda de indicadores del bienestar diferentes al PIB. “No mide la desigualdad o la calidad de vida, y no tiene en cuenta todas las actividades que no son monetarizadas”. Según lo dado en la asignatura y discutido en clase.

  2. Querida Pal 91:

    Gracias por tu trabajo, por la claridad y precisión con que señalas las cuestiones a las que haces referencia. En la primera parte mencionas las líneas maestras de esa otra manera de entender la economía que se ha dado en llamar feminista, que pone el foco de atención en el bienestar de los seres humanos, por encima del beneficio económico; es decir, que trata de invertir el orden de las prioridades que siempre ha existido en el mundo de la actividad productiva. ¡Dura tarea, me temo! Sacas luego a la luz las vergüenzas —dejémoslo en las “flaquezas”, que no suena tan feo—, de los sistemas económicos que han dominado la producción en el mundo moderno, especialmente del capitalista. Y terminas por centrar tu atención en el reducto menos valorado por la economía: el hogar. Sólo existen dos de tales reductos, dos ámbitos en que se desenvuelve el ser humano: el que queda puertas afuera de casa y el de puertas adentro, o, si se quiere, el mundo del mercado laboral y el mundo del trabajo doméstico, o, también, el mundo de la producción y el de los cuidados. Y es triste que aún hoy en día, lejos de haberse conseguido que se remunere económicamente (batalla que parece perdida), ni siquiera se ha conseguido que reciba el reconocimiento que merece el trabajo que se realiza en casa. Tanto el Estado como el mundo empresarial saben de la importancia de lo que pasa en las casas. El mercado precisa, para funcionar, de capital y de medios de producción, pero, aparte de financiación y maquinaria, necesita —ampliando el sentido de esos conceptos— de “capital” humano y de “medios de producción” humanos: ¡PERSONAS! Y surge ahora la pregunta: ¿de dónde salen esas personas? ¡Bingo! De las casas, donde el niño crece, es educado, aprende a convivir, se le enseña el significado de conceptos como responsabilidad o respeto, donde encuentra el clima adecuado para la estabilidad emocional, donde aprende a dialogar y entender que no siempre se tiene razón…, ¿hace falta seguir? En definitiva, donde se “fabrica” el más importante de los factores que forman parte del sistema de “producción”: el capital humano. Y surge la segunda pregunta: ¿y quién se encarga de ese trabajo tan maravilloso como valioso? ¡Bingo de nuevo! La mujer (prácticamente en exclusiva). Y una sigue reflexionando: pero eso en términos económicos tendría un coste enorme, ¿no?, entonces: ¿ayudan a financiarlo el Estado o el mundo de la empresa? La respuesta es que ayudan muy poco y, desde luego, no en términos de ayuda económica; no diremos que no ayudan nada, pero la ayuda que recibe la mujer es bien escasa y de tipo social, pero no más que eso, pues uno y otro (Estado y empresa) saben que para eso muestran buena disposición los familiares (¡impagables abuelos!), y que contando con ellos, ese Estado y esa empresa se ahorran buenos dineros en ayudas. ¿Es justo que ni siquiera sea valorada como merece esta actividad de la que depende por completo el mundo de la producción, pues de ella surge el capital humano que la mantiene? Ya no me molestaré en responder más preguntas de respuesta obvia y que, encima, sólo me causan disgusto.

    Gracias por tu aportación Pal 91 y un beso.
    Paloma.


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