La privatización del Keynesianismo.

La privatización del Keynesianismo.

 

En esta segunda entrada, hago una breve reflexión sobre el artículo de Gil Calvo;( La privatización del Keynesianismo) por ser un tema de bastante interés, debido a la actual crisis económica.

Enrique Gil Calvo, es licenciado en sociología y doctor por la Universidad Complutense de Madrid, en la que es profesor.Publica habitualmente en revistas especializadas y en el periódico el País.Es autor de ensayos y libros sobre sociología política y de género.

Toda oferta crea su propia demanda, es decir todo productor que trae mercancías al mercado las trae sólo para cambiarlas por otras mercancías con el objetivo de disfrutar lo que consumimos.El problema se encuentra cuando producimos más de lo que podemos consumir y es entonces done empieza a producirse lo que conocemos como” sobreproducción” donde tiene buena cabida la inflación o en su otra cara de la moneda la deflación, formando en su conjunto una burbuja especulativa, que en un futuro afectará al empleo y la economía de la sociedad dada.

  El diagnóstico en los medios sostiene que la crisis se formó por la ausencia de supervisión y control estatal y la irracional desregulación de los mercados financieros los condujo al desastre. Es en ese punto de inflexión, cuando la burbuja especulativa pinchó y los capitales huyeron en estampida presos de un ataque colectivo de pánico donde la única solución posible fue regresar al viejo Keynesianismo interventor, pasando los mercados de trabajo a ser controlados directamente por los Estados, que para poder salvarlos tuvieron que inundarlos con masivas inyecciones de gasto público deficitario.Un Keynesianismo estatal que privatiza los beneficios y socializa las pérdidas, contribuyendo a no reformar sino a restaurar la financiarización de la economía, es decir; hinchar la demanda mediante el endeudamiento crediticio.

 Un claro ejemplo de especulación y el endeudamiento crediticio es lo que en estas líneas comento:

Imaginemos que el banco posee una cantidad total de 100 monedas.Estas monedas son la cantidad total del dinero que hay (100 monedas).

 Existen 10 personas, como son: (el jardinero, el panadero, la peluquera…) 10 personas en total.

Todos necesitamos monedas para comprar y todos hemos pedido un préstamo de 10 monedas para cada uno y esto hace un total de 100 monedas.

El banquero nos ha entregado todas sus monedas a cambio de un simple interés de un 10 %,  es decir una moneda por persona. Pero ahora tenemos un problema. Si al cabo de 12 meses tenemos que pagar 11 monedas cada uno, ¿de dónde las vamos a sacar? 11 monedas cada uno son: 110 monedas. Eso significa que existen 10 monedas en intereses que nunca podrán pagarse, suceda lo que suceda.¡No hay problema! el banco fue creado para facilitar las cosas y no para complicarlas y en todo esto hay una solución razonable. El banco les pide a las 10 personas que le devuelvan los intereses, una moneda cada uno y el próximo año ya le devolverán la cantidad prestada inicialmente, es decir las primeras 10 monedas. Sin embargo si devolvemos una moneda nos quedarán 9 monedas a cada uno, así que si aún debemos 10 monedas al cabo de un año seguiremos con el mismo problema y además tendremos menos dinero, tendríamos entonces una moneda menos que el año anterior.

Si repetimos la operación durante 10 años y eso sí, si nos deja el banco pagar solo el interés, en ese tiempo nos quedaremos sin nada y desaparecerá todo el dinero y sin embargo seguiremos debiendo el préstamo inicial,  pero lo mejor de todo es que el banco habrá recuperado todas sus monedas y las 10 personas se quedarán sin nada y aún deberemos lo que nos prestaron al principio, 100 monedas de oro que entre todos nunca podremos devolver, por que sencillamente no existen.

Esto es lo que esta pasando con las falsas hipotecas y los falsos créditos que nos han llevado y arrastrado hacia una espiral en la cual no es nada fácil salir y demuestra una naturaleza exclusivamente privada, puesto que solo se ha dispuesto al servicio del capital bancario, abandonando a su suerte a las víctimas reales de la rotura de los pantanos: las pequeñas y medianas empresas, los autónomos, los desempleados…

Con el ejemplo de las monedas, he querido dar una breve explicación a la -privatización del Keynesianismo- escrita por Gil Calvo.

http://elpais.com/diario/2009/12/30/opinion/1262127604_850215.html

Anuncios

  1. Esta privatización del keynesianismo de la que se habla, es totalmente opuesta a la idea de base que tenía Keyne, con aspectos públicos, progresistas y reformistas que beneficiaba a las rentas del trabajo, mientras ahora se beneficia a las rentas de capital, y se no consigue una reforma real. En definitiva, se trata de privatizar para beneficiar a las grandes empresas y grandes capitales, sin tener en cuenta al resto de la población. La idea inicial de Keyne ha sido completamente amoldad para satisfacer los deseos e intereses de los poderosos.
    En cuanto a el último párrafo, comparto tu opinión: El descontrol por parte de las autoridades competentes unido al interés bancario son los verdaderamente responsables de la situación en la que estamos inmersos actualmente, dado que no se le puso pega alguna a la aceptación de hipotecas con elevado montante y altas tasas de interés a las que en un futuro no podríamos hacer frente, desembocando por tanto en impagos, y todo lo que esto trae consigo.

  2. Querida Munoz 2015:

    Muchas gracias por tu aportación. Con tu ejemplo nos has explicado de una manera extraordinariamente sencilla lo que tanto nos cuesta entender a quienes ni conocemos ni tenemos especial interés (profesionalmente hablando) por la economía. El problema, me temo, es que el banco no puede permitirse el lujo de no cobrar cada año más que los intereses, pues el dinero que nos presta no es suyo. Ese banco también lo ha recibido en préstamo por parte de los Bancos Centrales (o de particulares o instituciones que lo dejan en depósito a cambio de intereses) y ha de devolverlo, también con intereses. Por tanto, el banco, para su supervivencia tiene que recuperar y devolver el capital que le han prestado (igual que nosotros). El dinero es la mercancía con que los bancos hacen sus negocios —de la misma manera que otros lo hacen con carne o vendiendo coches—. El banco vende dinero (de hecho sólo lo presta: crédito), ese dinero que ha comprado (le han prestado) a un interés menor al que después nos cobra a nosotros. En eso consiste el negocio de la banca tradicional: el banco no es más que un intermediario. Si ese banco no devuelve el dinero que debe, le pasa como a nosotros: quiebra (en nuestro caso nos embargan los bienes, nos desahucian). Pero aquí viene lo sangrante: los países no pueden permitirse el lujo de que los bancos quiebren, pues son ellos los que proporcionan la sangre que mantiene viva la economía: la financiación a las empresas y a los particulares. Sin financiación no hay empresa, y sin ella no hay economía. Por tanto, al ser la banca una rueda imprescindible en el engranaje de la economía, los Estados (con nuestro dinero) salen a socorrerlos para que puedan hacer frente a sus deudas (la devolución de sus créditos) y así evitar el colapso económico. Y automáticamente surge la pregunta que nos hacemos todas: ¿y por qué no me socorren a mí también (con mi dinero: mis impuestos) si yo me encuentro en la misma situación (tengo un crédito que devolver)? La respuesta es clara: nosotros no somos una rueda imprescindible en el engranaje de la economía. El que un porcentaje razonable de particulares no haga frente a sus deudas no ha de conducir al colapso de la economía. Y eso es todo, no hay que darle más vueltas. Nos revuelve las tripas, pero es lo que hay.
    Se hace imperativo, por tanto, introducir sentido común en el mercado del dinero por parte de todos: ¡NO PIDAS UN CRÉDITO QUE NO PUEDAS DEVOLVER, NO CONCEDAS UN CRÉDITO QUE NO PODRÁS RECUPERAR! Y por su parte, y tal como apuntabas en tu trabajo, es fundamental un riguroso control de los mercados del dinero por parte del Estado (mediante los órganos reguladores) para evitar los desmanes que se han producido y que nos han llevado a la pavorosa crisis que aún vivimos. El problema es que en un ambiente de bonanza económica parece que todo el mundo pierda la cordura y se embarque en aventuras económicas —unos pidiendo, los otros concediendo, y el Estado mirando para otra parte— que superan los límites que el sentido de la responsabilidad aconseja no sobrepasar. Cuando la burbuja que se crea revienta, todos padecen las consecuencias, y entonces el Estado, es decir, ¡NOSOTROS! —tan o más dañados que los bancos—, tenemos que salir en auxilio de la otra parte, de la parte “importante”, de la parte “imprescindible”. Y eso, como es natural, es hiriente, muy doloroso, y genera el inmenso malestar social que bien conocemos.

    Gracias una vez más Munoz 2015. Me ha gustado mucho tu aportación. Un saludo.
    Paloma.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s