Hablemos de CIUDADANÍA

Cuando aludimos a la ciudadanía hacemos referencia a un concepto holístico que abarca multitud de variables, que cambian de unos sujetos a otros en función de sus particularidades, y cuyas variaciones independientes se sustentan en base a unas categorizaciones ligadas a la edad, el sexo, la religión, la etnia o el lugar de procedencia y/o pertenencia entre otros. Así, desde lo propio, nace la identidad de cada individuo, la cual va a determinar considerablemente su co-relación con el resto de ciudadanos y con el sistema bajo el que rige dicha ciudadanía.

El feminismo es un movimiento que nace desde un factor individual como es el hecho de ser hombre o mujer, y las repercusiones de este aspecto dentro de la globalidad dependiendo de la categoría sexual que te haya tocado. Entonces, cuando hacemos referencia al sexo, hablamos de una característica que nos define y que, por tanto y siguiendo la explicación anterior, influye directa e indirectamente en nosotros como ciudadanos y en nuestra persona dentro del entorno social. De esta manera, la identidad, tal y como explican Peña, Barahona, Rivero y Gaya (2003) “se
 va
 construyendo
 

través
 de un
 doble proceso:
 de
 identificación
 y
 de
 diferenciación. Autores como Bauman (1998) o Hall  (2003) hablan de lo que denominan identidad fluida para resaltar cómo su construcción es dinámica y paralela al contexto, viéndose caracterizada en relación al “otro” y al contexto; se trata pues, de un concepto dinámico y cambiante (McDowell, 2003).

Para clarificar la idea aquí plasmada e interconectar conceptos no nos podemos olvidar de una cualidad innata que brilla en el ser humano: los sentimientos; ellos nos hacen más fuertes y débiles a un mismo tiempo. En esta línea, sentirte perteneciente a la sociedad donde vives es crucial para tu estabilidad y desarrollo como ciudadano-ser humano. Moreno (2003) expone en Ciudadanía, desigualdad social y Estado del bienestar quela ciudadanía es, principalmente, un estatus conformado por el acceso a los recursos básicos para el ejercicio de derechos y deberes”. Mismamente, conseguir alcanzar este sentimiento no solo depende de la persona en sí, sino que su integración estará determinada por todo el contexto y, como dijimos antes, sus múltiples aspectos vinculados y vinculantes en la identidad. Esta es una de las áreas de actuación en las que trabajan desde el feminismo ya que, el sexo incide negativamente en la favorable evolución de mujeres como ciudadanas de pleno derecho. Su condición de género les ha obstaculizado a lo largo de la historia el acceso a todas las esferas y, aunque hemos avanzado en algunas, ha supuesto un retraso con respecto al hombre que se refleja socialmente aun en la actualidad.

Thomas Henry Marshall ya en 1949 hablaba de este concepto para profundizar en la “evolución de la ciudadanía en las sociedades capitalistas como una marcha hacia la igualdad social, y distinguía tres ciclos históricos con sus correspondientes factores constitutivos:

  1. Un factor ‘civil’ integrado por las capacidades de ejercicio de las libertades individuales fundamentales relativas a la vida y al desarrollo integral de las personas, de expresión y pensamiento (…).
  2. Un factor ‘político’ compuesto por los recursos de participación democrática en la politeya que competen a las franquicias de elección y mecanismos de representación en la legitimación de la autoridad y el poder político. Consiguientemente, los individuos adquieren su estatus político ciudadano como electores y elegidos (…).
  3. Un factor ‘social’ garantizador de las aspiraciones a una vida digna y al bienestar social de los individuos, con acceso al trabajo remunerado y a la previsión social en situaciones de riesgo”.

Siguiendo a este autor podemos verificar la dependencia de nuestra identidad con el contexto y, si repasamos la historia de las mujeres en estos ámbitos comprobamos su constante ·”ir por detrás de” en todo momento por el hecho de serlo. Con el Estado del Bienestar se auguraban cambios y transformaciones sociales hacia una mirada más equitativa de género, que dotaría de iguales derechos a uno y otro sexo. Sin embargo, si seguimos palabras de ilustres como Inés Campillo durante el VI Congreso sobre Mujer y Política, vemos que continuamos manteniendo lo que denomina “ciudadanía dual”, en la que la actividad social, participación y condiciones de vida son distribuidas desigualitariamente entre hombres y mujeres, desembocando en una infrarrepresentación global y repetida en la ciudadanía del sexo femenino en todas sus esferas.

En conjunción de todo, la perspectiva de género y su aplicación real desde un marco normativo, consolidado en un Estado del Bienestar, que aplique políticas más igualitarias es la misión que persigue aquella parte de la ciudadanía que, se encuentre y cuente con las categorizaciones que sean dentro de la misma, es capaz de comprender que se requiere de transformaciones en papel y en la praxis que fomenten una mayor justicia social. Yo, sensibilizada  e incluyéndome en dicho sector al que llaman feminista, insto a todos a pensar en ello y es que, al fin y al cabo, el ser humano quiere ser ciudadano y necesita de la ciudadanía para conseguirlo.

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Un Comentario

  1. El concepto de ciudadanía se antoja cambiante a lo largo de la historia. Una historia donde encontraremos mujeres conscientes de que su lucha por la condición de ciudadana estaría marcada por numerosos obstáculos derivados de su pertenencia al sexo femenino. Christine de Pizan en el siglo XV lo ponía de manifiesto en su obra “La ciudad de las damas”, donde intentaba convencer de la valía de las mujeres en todos los campos a pesar de la subordinación a la que era sometida por el sistema androcentrista. La autora de la citada obra ya tenía claro los beneficios de que las mujeres también participaran en la vida pública, como también lo ponen de manifiesto Mary Wollstonecraft (s. XVII), Olimpia de Gouges (s. XVIII) o Emilia Pardo Bazán (s.XIX).
    Apenas nos separan algunas décadas donde el status de las mujeres determinaba que no podían trabajar sin consentimiento del marido o votar para elegir sus representantes como lo hacían sus compañeros varones.
    La evolución es evidente, pero no lo suficiente para detener la lucha por la ciudadanía de la que somos dignas. La vindicación ha de ser civil, política y social. Y, concluyo en que todos los seres humanos se benefician de los logros que se produzcan al respecto, pues se gana en ciudadanía.


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