“SUPERMUJERES”

No se me ha ocurrido un día mejor para poder realizar esta aportación al Blog. Desde que me he levantado y he encendido el ordenador y abierto mis respectivas páginas de rigor, he sufrido un verdadero bombardeo de frases correspondientes al día de la madre. Frases cargadas de estereotipos y establecimiento de roles establecidos en nuestra sociedad. Algunas de ellas son:

 

 

 

 

Al observar y analizar el contenido de estas imágenes se puede observar la posición de la mujer dentro del hogar y la figura de autoridad que se le otorga al padre, al considerarlo como aquel que puede imponer leyes en el ámbito de la crianza de los hijos.

Haciendo alusión a esto, considero que es importante analizar el concepto de “supermujeres”, y es que en el caso del régimen mediterráneo, se le concede más importancia a cuestiones relacionadas con las instituciones estatales que a los cambios que se puedan producir de estas relaciones en las familias. En concreto, la infuencia de Esping-Andersen (1990) en este régimen no sólo se ignora el trabajo que la mujer realiza en el hogar como productoras de lo que se llama satisfacción vital (well-being) si no que no se tiene en cuenta el trabajo no remunerado que las mujeres realizan.

Es importante mencionar que en Europa del Sur las estructuras familiares siempre han estado basadas en el papel que el varón asumía el rol de autoridad y como principal proveedor de sustento a la familia, mientras que la figura de la mujer quedaba renegaba a funciones basadas en la reproducción y en el trabajo doméstico no remunerado.

A pesar de ello, tal y cómo dice Flaquer (1999), se esta dando lo que se conoce como “estrella menguante del padre” y es que las formas familiares están cambiando y puede relacionarse con una despatriarcalización de la vida familiar. Se observa que no sólo puede existir una figura de sustento para la familia y no tiene que ser necesariamente el hombre , intentando de este modo alcanzar el objetivo de igualdad de género en los hogares y promoviendo la mercantilización de las mujeres.

Sin embargo, cuando esta igualdad de género en los hogares no se produce y las mujeres se ven obligadas a compaginar las tareas del hogar y de cuidados con su introducción en el mercado de trabajo, surge el término de “Supermujer”.

Teniendo en cuenta que el término “supermujer” hace referencia al tipo de mujer mediterránea que ha sido capaz de reconciliar el trabajo no remunerado que realiza en su hogar con las inserción al mercado laboral y las tareas que desempeña. Es así, que el trabajo que estas mujeres han realizado, han facilitado que la economía del país se expanda y que por ente el gasto público se incremente, pero ¿dónde exactamente?

Se produce un incremento del gasto social, es cierto, pero no se tiene en cuenta el ámbito del hogar, ya que, pertenece al ámbito privado y por tanto no hay que “entrometerse”. Es entonces cuando surge el papel cambiante de la mujer refleja actitudes de “familismo ambivalente” (Saraceno, 1995). Este familismo ambivalente se traduce como la difícil conciliación entre las prioridades profesionales y las afectivo-familiares.

Tras estos conceptos teóricos, surge la cuestión de que a pesar que las formas de considerar el trabajo de hombres  y mujeres esta cambiando, nos seguimos encontrando con que en días como hoy, se aprecia una vez más las múltiples alusiones a madres luchadoras, madres que pueden con todo, “supermadres”, que se ven enfrentadas a la lucha diaria de compaginar la vida doméstica con la vida laboral. Sin embargo un aspecto que me llama la atención es que la cultura y la sociedad sigue transmitiendo ese mensaje de forma errónea, ya que, se sigue inculcando la idea de patriarcado en el que que la madre es a quien hay que acudir con aspectos relacionados con el hogar, con las tareas de casa, con el dinero como bien ejemplifican algunas de las imágenes mostradas, mientras que para aspectos relacionados con la imposición de castigos es al padre a quien se acude.

Bajo mi punto de vista, esta transmisión de ideas perjudica tanto al hombre como a la mujer, ya que, siguen estableciéndose estereotipos desarrollados por la sociedad que impiden a las personas poder avanzar hacia ideas más actuales y aprendiendo a tratar a hombres y a mujeres de la misma forma.

 

Referencias Bibliográficas 

  • Flaquer, Lluís. 1999. La estrella menguante del padre.  Barcelona, Ariel.

 

  • Moreno, Luis. 2003. Bienestar mediterráneo y ‘supermujeres’ . Unidad de Políticas Comparadas (CSIC),  1-16.

 

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  1. Buenas tardes compañera,
    me ha parecido muy interesante lo que has escrito. A mí me ha ocurrido exactamente lo mismo. El socialmente conocido día de la madre, todas las redes sociales se llenaban de felicitaciones atestadas de estereotipos. Incluso felicitaciones realizadas por personas que después proclaman la necesidad de celebración del día de la familia y no de la madre o el padre por separado, debido a la diversidad familiar que existe.
    Es cierto que, debido a los estereotipos sociales, la mujer que además de realizar las tareas relacionadas con su rol tiene un puesto de trabajo, se le considera una “supermujer”. A mí éste término no me gusta nada porque incrementa la brecha social entre hombres y mujeres. Quiero decir, ¿debe denominarse “supermujer” a una persona que concilie la vida laboral con la profesional? Además, ¿es solamente ella la que debe cumplir con el rol de ama de casa?. Me refiero a que llamar “supermujer” a éstas mujeres solo conseguiremos que la sociedad remarque lo “fuertes” que somos socialmente al “llevarlo tó pa’lante”, como pone en una de las fotos que nos has proporcionado. Me he enriquecido con la investigación previa y el análisis que has hecho de esta temática, muchas gracias.

  2. ¿Qué tal Alicia? Yo, tras leer tu entrada…, otra vez pensativa. La distinción de género nos persigue a cada instante y en todos los ámbitos. En el festivo, unificaron la celebración y felicitación a las madres como tal con el mismo hecho de las mujeres trabajadoras; sin embargo, el segundo “enhorabuena” queda silenciado ante nuestra naturaleza primera por ser mujeres. Así, prima ese “super” como madres, cuidadoras y siempre constantes sustentadoras y complacientes figuras del hogar familiar, por encima de cualquier otro hecho.Tal argumento deriva en la NO consolidación todavía del aceptar que también participamos en otras esferas porque tenemos cualidades para ello y que, por ser encasilladas en un rol, nuestro trabajo y presencia pasa desapercibida, en este caso, en el mercado laboral remunerado. Si la perspectiva de género estuviera interiorizada, nadie sería super- (-hombre, -mujer, -madre, -padre) y es que, para empezar a cambiar esta visión, el primer paso es la propia conciliación entre mujeres y hombres. Se torna necesario ese reconocimiento y valoración entre ambos para poder ser conscientes de la necesidad de equidad, de reparto de tareas y trabajos en todas las áreas. No me gusta que se piense en la mujer y su día gratificándole lo bien que cocina o el aguante que tiene, pero, honestamente, tampoco me gustaría ser hombre-padre y que me visualizace mi hijo/a con temor por mi potestad autoritaria y amenaza de severidad. Creo que has hecho una entrada al blog muy digna añadiendo esas frases a trvés de imágenes; a ver si así, se expande una mayor sensibilización con la realidad presente y empezamos a promover otros refranes y argumentos en los próximos festivos del…”1 de Mayor”

  3. Me ha resultado muy interesante tu aportación. Después de leerla, me ha venido a la cabeza un concurso que se celebraba en los años 60 en España, en el que se buscaba a la mujer ideal. Esa mujer tenía que ser capaz de realizar todas las tareas domésticas a la perfección (sobre todo las relacionadas con el cuidado del marido y de los/as hijos/as), y, además, trabajar fuera de casa. Esa mujer ideal del franquismo es la que ahora se denomina “supermujer”. Después, he pensado en el techo de cristal. Es difícil que estas “supermujeres” ocupen puestos altos en el ámbito laboral o político, ya que al tener que ocuparse de todo, no podrán aceptar un puesto que les requiera más tiempo y trabajo, creándose así el techo de cristal. La última idea sobre la que he reflexionado, es cómo al sistema patriarcal le interesa que las mujeres sigan queriendo ser “supermujer”, ya que de esta forma, las mujeres seguirán ocupándose del trabajo doméstico y les seguirá resultando complicado alcanzar puestos de responsabilidad.

  4. Querida Alicia, tu entrada con referencia a lo denominado “Supermujeres” es un ejemplo más sobre como afecta los estereotipos al reparto de tareas tanto dentro como fuera del hogar: este concepto del que hablas provoca un estancamiento de los ideales tradicionales, puesto que no favorece la equidad del trabajo doméstico de crianza de los/as hijos/as y de las tareas de la casa, sino que es un dato más de la sobrecarga que sufren las mujeres una vez terminan su jornada laboral y tienen que enfrentarse al segundo trabajo que “les viene dado por factores históricos, sociales y culturales”
    Que se use este tipo de conceptos como algo inaudito y extraordinario nos muestra que aún queda mucho por avanzar en la sociedad y en la educación que se les está dando a la generación que nos sucederá, tanto dentro como fuera de la escuela, porque esto no es sólo lo que ven en casa, sino también lo que ven diariamente en los medios de comunicación y en las redes sociales, lo que nos debe hacer reflexionar.
    En cuanto a tu breve reseña a lo que a las familias latinas se refiere, me ha recordado a un texto que leí de Helena Viramontes, llamado Creciendo, en el que se muestra lo que supone para una adolescente el paso de la juventud a la “madurez” por el simple hecho de menstruar.

  5. Cuando veo el uso tan habitual ya de la palabra supermujer, no puedo evitar pensar que detrás de eso hay un mensaje más amplio. Antes se decía directamente a las mujeres que tenían que sacrificar su vida para cuidar lo mejor posible a la familia, y en cierto modo promocionar esa “supermujer” es decir lo mismo de forma encubierta. Hay mujeres que trabajan y llevan a su familia en solitario hacia delante, pero que no son ni quieren ser madres devotas y entregadas. Creo que hay que dejar de exigir a las mujeres que sean “super” porque es una elección, y por supuesto las que lo elijan libremente (otro aspecto cuestionable), que lleven la maternidad como quieran. Pero hay muchas que no quieren ser las que se quedan con los niños los fines de semana mientras los padres salen de juerga, ni quieren llevar a los hijos e hijas a los partidos todos los fines de semana ¡No es necesario ser una super madre para ser una madre respetada!

  6. Querida compañera me ha gustado mucho tu post. Espero que con el tiempo, se extinga totalmente el concepto de “supermujer” y todo lo que ello conlleva. Los medios de comunicación han ayudado e influido bastante en la desarrollo y reproducción en el tiempo de este concepto.
    En los países que llamados del primer mundo, entre los que se encuentra España, el patriarcado se mantiene a través de formas más sutiles, la coerción es sustituida por la incitación. A través de los medios de comunicación se sugieren mandatos que la propia persona se impone, en este caso a través de las imágenes de la feminidad (juventud, estrictos cánones de belleza, superwoman que no se agota con la doble jornada laboral, etc.). Pensemos, por ejemplo, en todos los anuncios en los que aparecen las mujeres como encargadas de los trabajos del hogar.


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