Medidas de conciliación ¿efectivas para la realidad laboral de las mujeres?

La incorporación de la mujer en el mercado laboral ha ido aumentando paulatinamente a lo largo del siglo XX, durante el cual se llevaron a cabo acciones que favorecieron dicha inclusión, y sigue su aumento en el presente siglo; no obstante, a pesar de este crecimiento, no fue hasta la Transición cuando se tomó conciencia de lo que suponía para la ciudadanía femenina y se comenzó a trabajar arduamente sobre ello, aunque la entrada en el mercado no llevara consigo un trabajo de calidad y que, hoy en día, sigue siendo una asignatura pendiente a nivel nacional e internacional, sobre todo en lo que se refiere a la calidad del trabajo, la estabilidad en el mismo y el salario.

La sociedad está cambiando hacia la modernidad, y ha de traer con ello un conjunto de acciones que satisfagan las necesidades de la ciudadanía, pues las condiciones de vida han cambiado significativamente y la inquietud sobre la elevada esperanza de vida y la baja natalidad es debate diario en los medios de comunicación por la preocupación que supone para la sostenibilidad de las pensiones, puesto que esta última está conectado con la realidad de las mujeres narrada; a menudo escuchamos soluciones variopintas, pero apenas algunas de ellas inciden en la necesidad de modificar e implementar un plan adecuado que concilie la vida familiar y laboral, puesto que no solo sería una medida para solventar las preocupaciones anteriormente citadas, también para apaciguar la sobrecarga de cuidados a los que están sometidas las mujeres, ya que el trabajo no termina una vez salga de su puesto al finalizar el día, sino que cuando llegue a casa ha de hacerse cargo del bienestar de sus hijos/as y/o de mayores a su cargo.

Los nuevos modelos de familias nos hacen reflexionar sobre si las acciones que se están efectuando son las adecuadas o si realmente surten el efecto que deberían. El camino empezado por la Ley 39/1999, de 5 de noviembre, para promover la conciliación de la vida laboral y familiar, y la posterior reincidencia sobre la temática en la Ley 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, supuso un cambio de mentalidad y una puesta al frente de una coeducación en valores igualitarios que va más allá del respeto mutuo: la necesidad de descategorizar las tareas dentro y fuera del mercado laboral y de la vida social; además, las medidas planteadas por el Real Decreto Ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral hace indicar que cada vez existe una mayor concienciación sobre esta conciliación.

En el año 2010, el Gobierno planteó unas líneas a seguir para guiar a los empresarios de los ámbitos público y privado sobre cómo han de ser sus propios planes de conciliación, entre ellas conocer las necesidades de sus trabajadores/as, conocer los recursos para el cuidado de los/as menores y personas con dependencia a cargo cercanos al lugar de trabajo, el reparto de tareas indistintas a sexos para favorecer dicha conciliación y la revisión de las medidas llevadas a cabo dentro de la empresa. Sin embargo, a pesar de todas las actuaciones y modificaciones realizadas en los diferentes permisos de maternidad y paternidad, a pesar de que el mercado es “más permisivo” en lo referente a las excedencias, vacaciones o a la reducción de jornada por cuidados, de que las empresas crean sus propios planes de conciliación adecuado a ambos sexos, de que el Gobierno dota a las empresas de directrices a seguir para que dichos planes vayan acordes con las leyes, de que se establece un horario de lactancia (indistintamente para madres o padres) que se ajusta más a ese ideal de un mundo sin estereotipos en las tareas domésticas y de crianza, ¿favorecen estas medidas a las mujeres y a su situación en el mercado laboral? ¿Son realmente efectivas y acordes a las demandas de la sociedad? ¿Están trabajando a fondo para solventar esta problemática que abarca a más de un ámbito de la vida de las trabajadoras (principalmente y como primeras beneficiarias de estas acciones) o si, por el contrario, es algo secundario de lo que, hoy en día y con las dificultades que derivan de la crisis económica, hay que dejar a un lado hasta que vengan tiempo mejores?

Como conclusión, me quedo con la reflexión realizada por Joaquín Prieto para el periódico El País al afirmar que “Resulta chocante que hayan sido posibles intervenciones administrativas en otros terrenos sociales —la prohibición de fumar en centros de trabajo y locales abiertos al público, la aplicación de severas sanciones a las infracciones de tráfico— pero que la potencia pública se vea incapaz de dar el salto a la encrucijada de la vida familiar/laboral. Hay que acumular fuerzas contra una cultura demasiado permisiva, que en el fondo acepta que la mujer cargue con la parte más dura, para negar que la conciliación deba considerarse como un lujo”

 

ENLACES WEBS CONSULTADOS:

http://www.ib.ccoo.es/comunes/recursos/12/doc22183_Conciliacion_de_la_vida_laboral,_familiar_y_personal._.pdf

http://elpais.com/elpais/2015/07/27/opinion/1438022698_745229.html

http://www.seg-social.es/prdi00/groups/public/documents/binario/097545.pdf

http://www.artehistoria.com/v2/contextos/13016.htm

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  1. Querida compañera, estoy totalmente de acuerdo con tu post y tu conclusión, hasta que el sistema no se preocupe de ofrecer los mismos derechos a los padres que a las madres esta discriminación va a seguir perpetuándose. Por no hablar del tema de remuneración económica que se les asigna a cada miebro.

    “Tal como están concebidas, las políticas de conciliación no consiguen acabar con la discriminación social de las mujeres, al no cuestionar la división de papeles según el sexo.
    Hacen más llevadera la doble jornada familiar y laboral de las mujeres, pero no acaban de solucionar verdaderamente la atención a las personas dependientes –niños y mayores- y, además, fortalecen la posición subordinada, en relación con los hombres, de las mujeres en el ámbito laboral.” Carmen Heredero, coordinadora del observatorio de Igualdad de Género de la fundación sindical de estudios.

    Enlace consultado:
    https://www.um.es/estructura/unidades/u-igualdad/recursos/2013/conciliacion-igualdad.pdf

  2. Querida Irene:
    Creo que tu post es muy ilustrativo para dar cuenta de los “parches” que políticamente se intentan poner para subsanar una realidad que a duras penas se consigue abarcar. Estoy totalmente de acuerdo con tu conclusión y es que si realmente no fuesemos permisivos con que las mujeres trabajaran más duro la conciliación estaría ya alcanzada.
    Otra cosa que me planteo es que por qué si la iniciativa de 2010 observa otros aspectos como las condiciones laborales, el reparto de de tareas en el hogar, el mayor peso o las medidas más sonadas van en su mayoría destinadas a las mujeres, ¿no será esto una vez más simplemente el hecho de responsabilizar a las mujeres como mencionabamos?
    Sin más, muchas gracias por tu aportación.

  3. Como bien dices el trabajo no cesa cuando finaliza la jornada laboral, sino que la atención a la infancia, personas dependientes y otros asuntos domésticos hacen a las mujeres responsables de “dobles jornadas” interminables. Pero ¿y los hombres? Me cuesta creen que en muchos hogares españoles también exista una “doble jornada” masculina. Una situación que sobrecarga a aquellas personas que la están sufriendo y que lleva a plantearse la duración de su jornada o la permanencia en el mercado laboral. Unos privilegios masculinos tremendamente arraigados en la sociedad española.
    Si es necesario que haya un cambio del sistema y de mentalidades, hemos de mirar al problema de frente, y eso implica que desde los niveles educativos iniciales se inculquen valores igualitarios. Por supuesto, también dentro del hogar, con el ejemplo. No ayuda que año tras año se gradúen miles universitarios y universitarias en nuestro país si no tienen ni idea de los que es la lucha por la igualdad de género. Así pues, seguirán reproduciendo los roles sexista que nos llevan a las discriminaciones existentes.
    Igual pasa con las fuerzas políticas que no predican con el ejemplo. Que la cuestión no se quede en teoría (legislación)….pues necesitamos ver más práctica.


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