INCORPORACIÓN DE LAS MUJERES AL MERCADO DE TRABAJO

Tras un análisis de fuentes bibliográficas sobre la temática, hago una recopilación de ideas y teorías que puedan dar una explicación amplia y desde distintos tipos de puntos de vista de la situación, que expliquen estado actual de las mujeres respecto al mundo laboral.

La situación de las mujeres en el mercado de trabajo es un tema que ha generado bastante problemática con respecto a las desigualdades que sufren. Aunque pueda parecer que es un problema actual,  tiene un origen más allá de lo que vemos hoy en día, y a pesar de que podamos pensar que hemos avanzado y logrado una gran mejoría, y aún sin cuestionar los avances que en este sentido se han producido, la desigualdad sigue presente: en el acceso, desarrollo de la carrera profesional, la calidad del empleo, el salario y en una de las cuestiones más actuales, la conciliación de la vida laboral, personal y familiar (Cebrián y Moreno, 2008).

La actual situación de las mujeres en el mercado de trabajo tiene un origen en la diferenciación entre el trabajo productivo y reproductivo, dado que el trabajo doméstico no se considera como trabajo en el sentido estricto de la palabra, “en el hablar cotidiano nos referimos al empleo como trabajo, pero apenas usamos la palabra trabajo cuando nos referimos a las mismas actividades si no están remuneradas” (Alberdi, Escario y Matas, 2000). Todo esto está determinado por un histórico reparto sexual en el que según García, (2005): “la pertenencia a uno u otro género determina las prácticas laborales: los hombres para la producción (trabajo remunerado) y las mujeres para la reproducción (trabajo no remunerado).” Esta exclusión femenina del trabajo remunerado, se debe según Gómez, (2001), a la subordinación que desde siempre ha sufrido la mujer.

Esta incorporación no es tan actual como parece, se viene dando desde la Segunda Guerra Mundial ya de forma masiva y generalizada, aunque con las peculiaridades propias de cada estrato social “es en las últimas décadas (con ritmos bien diferentes según el tipo de contexto cultural) cuando la mujer se incorpora de forma masiva al mercado de trabajo” (García, 2005), provocado por un doble cambio en la mentalidad femenina: “dos motivaciones presentes en el complejo axiológico de las mujeres (además de por otras más relacionadas con las necesidades económicas): la autonomía y la valoración social” (Prieto, 1999).

Se siguen produciendo una marcada segregación horizontal y vertical producto de una persistente división de género en el trabajo, que provoca que aún existan sectores en los que las mujeres continúen infrarrepresentadas (Prieto Pérez, 2013). Esto no hace más que perpetuar los estereotipos de género, que se trasladan al ámbito laboral y profesional aquellas aptitudes que socialmente se consideran femeninas o masculinas (Ibáñez, 2008).

No son pocas, por tanto las dificultades con las que se han encontrado y se encuentran las mujeres a la hora de incorporarse al mercado de trabajo. Al hecho de intentar insertarse en sectores muy masculinizados, con todo lo que ello conlleva, además debe lidiar con la conciliación de su vida personal, laboral y familiar. Esta conciliación a pesar de ser una herramienta actual y que busca una armonía entre el desarrollo profesional y personal, parece que flaquea en el hecho de que esta tarea de conciliar siga recayendo exclusivamente en las mujeres impidiendo y perjudicando un desarrollo laboral paralelo al de los hombres, y perpetuando una vez más los estereotipos de género existente a lo largo de la historia.

A pesar de que las mujeres realizan el 52% del trabajo mundial, la desventaja frente a los hombres es patente. Si nos referimos al número de mujeres que participan en la fuerza de trabajo en el mundo, el porcentaje de mujeres es del 50% frente al 77 % que representan los hombres. En cuanto a la tasa de personas en edad de poder trabajar (a partir de los 15 años) e incorporarse al mercado laboral, los hombres representan un 72% mientras que las mujeres solo ocupan el 47% en este grupo de edad. Son llamativas las cifras que se dan cuando nos centramos específicamente en el trabajo remunerado frente al no remunerado. En el caso del trabajo remunerado, que se lleva a cabo fuera del hogar y se desarrolla de manera profesional, sorprende que el número de mujeres sea inferior al de los hombres, un 21% de mujeres en comparación con el 38% de hombres. Sorprende mucho más cuando vemos la tasa de trabajo no remunerado, en este caso la situación se invierte pasando de un 31% de mujeres al 10% de hombres (ONU, 2015).

Se han venido produciendo cambios en la mentalidad tanto de las mujeres como de parte de la sociedad con movimientos feministas a favor de la igualdad, menor número de hijos en las familias, que les permite por decirlo de alguna manera, combinar la faceta personal y profesional, en definitiva se ha venido produciendo una creciente concienciación de los problemas existentes y un empoderamiento de las mujeres que las lleva a luchar por la consecución de sus derechos y de la igualdad, “está aumentando el poder de negociación de las mujeres frente a los varones y socavando la legitimidad del dominio de éstos como principales proveedores de las familia” (Gómez, 2001). También por parte de las autoridades y de los sujetos implicados en las relaciones laborales, que van creando herramientas para ir mejorando y cambiando las situaciones habidas, además de ir avanzando hasta la igualdad práctica con normativas internacionales tales como el Principio de Igualdad y No Discriminación, el Convenio III de la Organización Internacional del Trabajo, entre otras. En La Unión Europea también se desarrollan normativas para regular esta problemática entre las que podemos citar la Directiva 2006/54. Y en el caso de España es con la Constitución de 1978 en particular con su artículo 9.2 y el 14, cuando se abren las puertas en busca de la igualdad, la Ley Orgánica 3/2007 y además se incorpora en el Estatuto de los Trabajadores, la no discriminación por sexo en el artículo 4.2 y la igualdad de remuneración en el artículo 28.

Con todo, en el acceso y desarrollo de la carrera profesional de las mujeres en el mercado de trabajo, tal y como ya hemos comentado, las mujeres siguen estando muy por detrás de los hombres. Es por esto importante buscar e indagar en el origen de esta problemática y ver qué la causa y por qué continua tan presente en el mercado laboral y en la sociedad actual, a pesar de la aparente evolución que hemos experimentado, y sobre todo buscar y analizar datos que muestren esta realidad, ya que las mujeres a partir de su incorporación masiva al mercado de trabajo, y aún hoy en día van a encontrarse con situaciones de desigualdades e impedimentos para el logro de un desarrollo laboral igualitario.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

  • Cebrián López, Inmaculada y Moreno Raymundo, Gloria (2008): “La situación de las mujeres en el mercado de trabajo español: desajustes y retos”, Economía Industrial, 367, 2008: 121-137.
  • García Lastra, Marta (2005): “Género y Trabajo”, en Prior Ruiz, Juan Carlos y Martínez Martín (Coordinadores), El Trabajo en el Siglo XXI, Granada, Editorial Comares.
  • Gómez Bueno, Carmuca (2001): “Mujeres y trabajo: principales ejes de análisis”, PAPERS, Revista de Sociología, 63/64, 2001: 123.
  • Ibañez Pacual, Marta (2008): “La segregación ocupacional por sexo a examen”, Reis: Revista española de investigaciones sociológicas, 123, 2008, 87-122.
  • Prieto, Carlos y Pérez de Guzman, Sofía (2013): “Desigualdades laborales de género, disponibilidad temporal y normatividad social. Gender Labour Inequalities, Temporal Availability and Social Regulation”, Reis. Revista Española de Investigación Sociológica, 141, 2013: 113-132.
  • Prieto, Carlos (1999): “Los estudios sobre mujer, trabajo y empleo: caminos recorridos y caminos por recorrer”, Revistas Científicas Complutenses, 32, 1999)
  • Organización Mundial de Naciones Unidas (2015): Informe sobre Desarrollo Humanos 2015. Trabajo al Servicio del Desarrollo Humano, Programa de las Naciones Unidad para el Desarrollo, Washington DC, Editorial Communications Development Incorporated.
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  1. Tras esta interesante reflexión destaco dos conceptos a los que haces referencia a propósito del cambio de mentalidad femenina recogida en la obra de Prieto (1999): la autonomía y la valoración social. Dos aspectos que la omnipresencia masculina le ha arrebatado a las mujeres durante muchos años en el empleo.
    La autonomía, imprescindible para cambiar los estereotipos sexistas que nos arrastran a repetir los mismos roles.
    La valoración social, monopolizada por los varones durante siglos y que empoderan a las mujeres para poder combatir todas esas dificultades laborales y las convencen de que son tan válidas como los hombres biopsicosocialmente.
    No obstante, tras la aportación de la compañera conviene preguntarse, como sociedad, si hemos avanzado o nuestro desarrollo ha sido mínimo en relación al empleo femenino. Julie Victoire Daubié ya en el siglo XIX concluye la necesidad de “equiparar los salarios femeninos a los masculinos cuando ambos realizan iguales trabajos; abrir nuevos campos de trabajos para las mujeres […]y eliminar la desigualdad en derechos entre mujeres y hombres” (Carrasco, 2006). Y en pleno siglo XXI, seguimos con las mismas reivindicaciones.


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