NUEVA “POBREZA FEMENINA”

La entrada y el desarrollo profesional de las mujeres en el mercado laboral está plagado de todo tipo de situaciones que frenan o determinan este acceso y su posterior desarrollo en él, pero según un informe de la Cámara de Comercio de Barcelona y que recoge una noticia publicada en el portal de la RTVE, se ha detectado una situación, más preocupante y grave si cabe a mi parecer, que es el hecho de la aparición de una nueva “pobreza femenina”, donde se concentrarían mujeres con estudios y con trabajos, pero que tienen unas condiciones laborales muy precarias, más que los hombres, y que se agrava tras ser madres “una importante brecha salarial del 19% que eleva el riesgo de las mujeres de caer en la pobreza pese a tener trabajo”.

Según Carmen Povea, una de las personas que realiza y responsable de este informe para la Cámara de Comercio, “con un horario laboral más europeo no habría necesidad de que muchas mujeres tuvieran que hacer media jornada o abandonar su carrera laboral, que es una de las causas de la pobreza femenina”.

El estudio prueba que las desigualdades de género en los mercados de trabajo, no solo no han disminuido, sino que se ha frenado su reducción. Una de las ideas que yo comparto y creo importante que queden visibles, es que dadas estas situaciones, se encuentran con numerosos impedimentos, bien sea por la omnipresente segregación ocupacional, que caracteriza los mercados de trabajo y que aún hoy día no se ha conseguido erradicar, bien porque es muy difícil de percibir o porque la sociedad está muy acostumbrada a la masculinización y feminización de los trabajos “las diferencias naturales marcadas por la fisiología y la anatomía femenina y masculina han sido distorsionadas y dado lugar a discriminaciones sociales que perjudican, marginan y oprimen a la mujer” (Jáuregui, 1992).

El mismo informe muestra que las mujeres ocupan la mayoría de los puestos con la más baja calificación profesional y ostentan la mayoría de los contratos más precarios “(un 22 % de ocupación a tiempo parcial, frente al 7 % de los hombres) que a la larga se traducen en unas pensiones un 31 % más bajas que las de los varones, y unas prestaciones de desempleo un 12 % menores”, algo que anteriormente se achacaba a la baja formación de las mujeres, pero este mismo informe recoge que el 56% de las titilaciones universitarias las poseen las mujeres. Uno de los motivos que puede explicar este problema es el hecho de que las mujeres han tenido sobre sus hombros el cuidado del hogar, lo que conlleva un complicado reparto del tiempo (Prieto, Pérez de Guzmán, 2013), que las lleva en muchos casos a renunciar a su vida profesional, a veces temporalmente y otras de forma definitiva, a cambio de desarrollarse como madres, esposas y amas de casa, debido a la creencia de que no serán capaz de tener una vida personal y familiar plena si no lo hacen (Burín, 2008).

No obstante, cabría suponer que el aumento de los niveles formativos de las mujeres estaría reduciendo estas desigualdades; por el contrario no ha hecho sino acentuarse “el desarrollo espectacular de la escolaridad femenina y su impacto en términos de actividad se dobla a pesar de un fenómeno que lo contradice, el mantenimiento de una fuerte segregación de las carreras” (Maruani, 2004). Esto puede ser porque las mujeres eligen en su mayoría carreras de letras y humanidades, mientras que los hombres lo hacen en aquellas más técnicas y científicas, algo que no cambia el hecho de que, a pesar de una presencia femenina mayoritaria, quienes están en escalas más elevadas continúen siendo hombres. Aunque esta tendencia a decantarse más por unas especialidades que por otras está cambiando, dado que cada vez hay más mujeres que eligen carreras consideradas masculinas, como siempre, en el desarrollo de su carrera profesional quedan relegadas a un segundo plano (Gisbert, 2007).

El informen muestra, además, como en los puestos de decisión las mujeres continúan en minoría frente a los hombres, a pesar de lo ya expuesto anteriormente, “en Cataluña hay 772 alcaldes y sólo 147 alcaldesas, así como 83 diputados y 52 diputadas”. En las empresas esta diferencia es de un 45% menos de mujeres que de hombres, y que parece que no varía desde el año 2005. Y de nuevo, a pesar de la mayor formación y de que hay mayor número de mujeres en puesto de enseñanza, persiste el problema de la baja presencia de mujeres en cátedras universitarias “329 catedráticas y 1.239 catedráticos (un 73 % menos)”.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

  • Burín, Mabel (2008): “Las “fronteras de cristal” en la carrera laboral de las mujeres. Género, subjetividad y globalización”. Anuario de Psicología, 1, 2008: 75-86.
  • Gisbert Grifo, Marina (2007): “MUJER Y SOCIEDAD: Evolución de la mujer en la sociedad y en el mundo laboral en el Siglo XX. Realidad actual de la mujer en España”, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 2007.
  • Maruani, Margaret (2004): “Hombres y Mujeres en el Mercado del Trabajo: Paridad sin Igualdad Men and Women iIn the Labor Market: Parity Without Equality”. Revista de economía mundial: REM, 2004: 59-74.
  • Prieto, Carlos y Pérez de Guzman, Sofía (2013): “Desigualdades laborales de género, disponibilidad temporal y normatividad social. Gender Labour Inequalities, Temporal Availability and Social Regulation”, Reis. Rev.Esp.Investig.Sociol, 141, 2013: 113-132.
  • RTVE: http://www.rtve.es/noticias/20160517/crece-riesgo-pobreza-entre-mujeres-formadas-sobretodo-tras-maternidad/1351453.shtml
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