CUANDO LA MATERNIDAD ES UN PROBLEMA ….

 

Las mujeres cuando nacemos ya contamos, por regla general, con la cualidad de procrear. La reproducción es algo tremendamente importante, esencial para la vida humana, para la prolongación de la especie. Las leyes de la naturaleza establecen que hemos de padecer nueve meses de embarazo y que, tras un parto (una experiencia nada simple y que entraña multitud de peligros), necesitemos recuperarnos. Asimismo, las criaturas que se alumbran necesitan de cuidado, alimentación y asistencia que, si bien pueden ser proporcionadas por sus progenitores independientemente de su sexo, (excluyendo la lactancia natural) la ausencia de políticas públicas al respecto no consigue que eso sea tan simple.

 

Tener la condición de mujer en el mercado laboral va a suponer que la persona empleadora te vea como una “reproductora en potencia”, una persona susceptible de quedarse embarazada y disfrutar de una baja de maternidad. Esto provoca que las posibilidades de conseguir un empleo ante los varones con los que compitamos serán menores, por nuestra condición de “futura madre”.

 

Pero si podemos conseguir un trabajo, con condiciones precarias o no, nos veremos en la tesitura de tener que elegir entre dar prioridad a nuestro proyecto profesional o a nuestra maternidad (las mujeres que no desean ser madres se encontrarán con ventaja al respecto, pero no estarán exentas de otros tipos de discriminación). Sabemos que el hecho de tener un embarazo complicado va a dificultarnos una dedicación incondicional a nuestra actividad laboral, por no hablar de los acontecimientos que siguen tras la gestación.

 

Si finalmente nos decidimos a “probar suerte” y concebir una criatura y nuestro trabajo por cuenta ajena no tiene carácter indefinido sabemos que “nos la jugamos”. Cualquier día tu jefe o jefa puede venir con el despido en la mano o la no renovación (¡simplemente por querer prolongar la especie humana!). Puede que algunas personas se olviden de que sus madres tuvieron que quedarse embarazadas para poder estar ahí.

 

Con la una incertidumbre de nueves meses o más, te arriesgas en tu centro de trabajo a la exclusión de determinadas decisiones, o de una formación concreta y/o posibilidades de ascenso…total, vas a ausentarte mínimo 4 meses.

 

Si conservamos el trabajo tras el embarazo y el parto, llega la hora de incorporarse, la subsistencia del bebé dependerá de otra persona (familiares, personas contratadas, personal de centros de educación infantil….). Es cuanto menos un trauma que deseas pasar lo más tarde posible, pero que al legislador o legisladora no le importa demasiado.

 

Llega la hora de conciliar, -¿cómo puede haber tan pocos servicios que contribuyan a ello?-, y esas pequeñas personas que se ponen enfermas te obligan a ausentarte del trabajo. Empezamos a utilizar (si nos dejan) los días de vacaciones para estos asuntos. Los horarios del colegio son imposibles para compaginar. Imprescindible buscar un colegio con servicios complementarios (aula matinal, comedor, actividades extraescolares). Nos llaman la atención durante nuestra jornada porque siempre tenemos un asunto familiar que atender. Quizá sea el momento de reducir la jornada o de abandonar.

 

Como reflexión apunto a la escasa “cultura procreadora” de la sociedad y con respecto al mercado de trabajo, que nos termina relegando a las mujeres a los ámbitos privados, al espacio doméstico. Al fin y al cabo, poca formación en igualdad de género, trato y oportunidades en el ámbito laboral y en todas las esferas. Una educación en igualdad que debería comenzar en casa y prolongarse en los centros educativos. Las raíces del techo de cristal, la brecha salarial, las bajas tasas de ocupación femenina, la no presencia equilibrada en la toma de decisiones y tantas cuestiones que nos alejan de la igualdad real.

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  1. Como bien dices, parece que ser madre es un problema, y un problema grande. De toda tu reflexión, que me parece muy sincera y me ha gustado mucho leer, me quedo con lo siguiente: “Puede que algunas personas se olviden de que sus madres tuvieron que quedarse embarazadas para poder estar ahí”. Y es así, si esas personas de verdad pensaran que que si su madre no se hubiese quedado embarazada, ellos no estarían ahí, ¿cómo sería todo? ¿De verdad que serían capaces de despedir a su propia madre? Miles de preguntas que podríamos hacer a esas personas que se creen omnipotentes.

  2. Totalmente de acuerdo con tu reflexión! Desde mi punto de vista, considero que algo funciona muy mal en esta sociedad cuando la cuestión de la maternidad se plantea como un problema que puede llegar a ser incluso incompatible con la maternidad, o como mínimo que condicione la trayectoria laboral de una mujer negativamente. No podemos enfocar el origen de este problema en la propia maternidad, sino en una sociedad que no ha sabido legislar teniendo en cuenta este aspecto.

    En términos generales podemos decir que los países nórdicos (Finlandia, Islandia, Dinamarca, Suecia y Noruega) son los más aventajados en políticas sociales, con medidas que fomentan la igualdad entre padre y madre y facilitan la conciliación laboral y familiar. Sin embargo en España nos encontramos a la cola Europa.

    Esta noticia http://verne.elpais.com/verne/2015/06/15/album/1434378751_810532.html describe a la perfección como un estado puede evitar que la maternidad sea un problema.


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