Buenas o malas madres: un problema de salud pública, un problema de sostenibilidad

Antes

 

Es evidente que hay buenas madres y menos buenas, lo mismo que hay buenas y malas personas. Pero nuestra libertad viene limitada por nuestro entorno, nuestras vivencias, nuestra educación, las habilidades aprendidas o no, nuestros depósitos afectivos y emocionales recibidos durante la infancia. La responsabilidad individual existe, pero los condicionamientos a veces son casi insuperables.

Hoy he conocido una mujer cuya familia es objeto de atención especial en los Servicios Sociales. Ella es hija de una mujer prostituida, no existió un padre para ella, cuidó de sus hermanos pequeños como una niña esclava y estuvo envuelta en la violencia y el odio. Nadie le enseño a querer y mucho menos habilidades sociales para una relación de convivencia afectiva satisfactoria para ella y su entorno. Probablemente, huyendo de esa pesadilla, se casó muy joven y tuvo tres hijos. Pero como era fácilmente esperable el esposo era  un hombre maltratador, tan violento que está actualmente en la cárcel. Ahora tiene una nueva pareja, un hombre salido igualmente de una familia violenta que se precia que él no lo es. Y es cierto, no lo es con con los otros, tiene más habilidades sociales que ella, pero es drogadicto. Cuando está limpio es un buen padre para la nueva hija pequeña que tienen en común y también para los otros niños, pero eso no ocurre siempre. En ese contexto ¿puede extrañarnos que ese hogar sea un lugar de violencia? ¿Puede sorprendernos que la pobreza y la infelicidad  originen una creen patología familiar grave?

Tiene miedo de ir a trabajar y que sus hijos se lesionen irremediablemente entre ellos, pero también necesita, como el comer, un espacio personal, incluso dentro de un trabajo.

Toda la familia gira en torno a una mujer violenta, infinitamente infeliz, desbordada por una carga que nunca ha sabido manejar, incapaz de dar a sus hijos el afecto que no recibió, imposibilitada para socializarles en valores que ella nunca ha aprendido, consciente de su fracaso. Y sin embargo es fuerte, es inteligente, tiene un gran potencial, merece la pena todo el esfuerzo necesario para que tenga alguna ocasión de ser feliz como la tiene todo ser humano. Pero es más, es un problema de salud pública, porque si no la sanamos a ella, sus hijos seguirán perpetuando el circulo de violencia, infelicidad y riesgo para la sociedad. Una sociedad así no es viable y este  caso no único, ni siquiera infrecuente.

Es un caso extremo, lo sé. Sin embargo los hijos semi-abandonados, sin nadie que les ponga límites o tenga tiempo para proporcionarles afecto es de una frecuencia alarmante y el resultado es violencia, desafecto, infelicidad, patología.

A veces me pregunto: ¿antes de la emancipación de la mujer, no se adiestraba mejor a las mujeres para socializar a sus hijos? ¿Para ser buenas madres? Creo que en las familias extensas al menos existía un reparto de tareas y un acompañamiento que hacía más fácil la vida de todos y de las mujeres en particular. Pero claro el mercado laboral necesita movilidad y las familias hace tiempo que son nucleares, cuando no monoparentales.

Madres rebeldes.pngCreo que las feministas somos conscientes de lo que se nos ha tratado de vender: ser una mujer es ser una buena madre y esposa. O sea ser una trabajadora  esclava que produce trabajadores/consumidores. La emancipación de la mujer, sin que la sociedad haya provisto los mecanismos necesarios para mantener los cuidados de vida: higiene, nutrición, afecto ha producido una crisis de cuidados que crea violencia y patología. Los hombres apenas han evolucionado en la corresponsabilidad de las tareas domésticas y los cuidados y el individualismo creciente aboca claramente a un mundo inviable.

Por supuesto la solución no es volver a encerrar a las mujeres en su casa, pero si que la comunidad se haga consciente de que lo doméstico es política y que es un problema de toda la sociedad. Que la infelicidad, la falta de afecto y cuidados supone un grave problema de salud pública. Que ya es hora de que el mercado no marque el desarrollo para seres humBolsa de la compra.pnganos  con espíritus frágiles muy necesitados de apoyos. De lo contrario nuestra sociedad es cada vez más insostenible. No es un problema de productividad es un
problema de afectos, de cuidados de vida.

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  1. Es cierto, tenemos un montón de patologías sociales graves y la sociedad lo único que receta es consumismo exacerbado, mirar hacia otro lado y entretenimiento light, que además muchas veces sólo refuerza estereotipos y mitos que suman a esas dinámicas tan disfuncionales. Encima de todo esto, a las mujeres se les culpa como las primeras responsables de la desintegración familiar: ellas porque descuidan el hogar, ellas porque ya no saben atender sus casas, ellas porque porque quisieron salir a trabajar… Para nosotras primero deberían estar los hijos y luego todo lo demás, pero si por alguna razón decides no tener hijos, la sociedad va a esperar de ti que cumplas con el canon de mujer exitosa (éxito definido dentro de la lógica mercantilista: mujer empresaria, con un puesto alto, con dinero…) porque sino…¿para qué renunciaste a los hijos? La falta de hijos es algo que estamos condenadas a compensar, las mujeres no tenemos derechos a vidas libres y errantes, o si a caso solo por un período muy corto, no digo que los hombres sí, pero a ellos no se les impone una fecha de caducidad.

  2. Muy de acuerdo con tus palabras y con los problemas que señalas a consecuencia de la presencia de la mujer en espacios públicos y en nuevos roles. Es cierto que el modelo de familia ha cambiado en poco tiempo y que las casas se quedan vacías, sin el cuidado y el amor necesarios para una infancia y un desarrollo con raíces fuertes y sanas. El Estado, la educación, la cultura han de encajar esos elementos imprescindibles en estrategias de conciliación y corresponsabilidad, de forma que las mujeres podamos elegir con más libertad un proyecto vital propio. Tal como dices lo doméstico es político y como dijo Coral Herrera en una charla sobre amor romántico, también es político el amor. Y aquí el feminismo tiene mucho que decir y mucho que pelear.

  3. El problema que nos plantea nuestra compañera Fátima me parece muy difícil de abordar, porque creo que todas las mujeres trabajadoras tienen que afrontar su doble jornada (por un lado de mujer trabajadora y por otro de ama de casa). Mientras que los hombres solo tienen algo totalmente injusto. A menudo pienso, cómo será mi futuro con una pareja e hijos, porque me gustaría atender correctamente a mis hijos o hijas futuros junto con mi pareja. ME NIEGO, a ser la perfecta casada, la perfecta madre, la perfecta trabajadora,… Me aterra y pienso que seguramente la mayoría de las tareas del hogar e hijos o hijas serán sólo para mí y no quiero. Puesto que creo que la mayoría de los jóvenes de entre 20 y 30 años, han sido educados en el machismo. No estoy generalizando, no quiero decir que TODOS hayan sido educados de este modo, pero sí que veo muchos chicos que en su casa no hacen ninguna tarea del hogar y no hablo de poner la mesa, sino de tareas que implican mantenimiento diario o de espacios comunes cómo limpiar el baño, el suelo, el polvo, etc.
    La mujer ha flexibilizado su abanico de roles, lo ha expendido y el hombre sin embargo no. Esto en mi opinión está teniendo consecuencias muy negativas sobre la mujer ya que, ahora se pone en tela de juicio si una madre es mejor o peor por su forma de atender el hogar e hijos cuando de forma simultánea, tiene que ocuparse del ámbito profesional. Lo cual, ejerce una mayor presión y estrés en la mujer mientras que en el varón no. ¿Y el hombre se cuándo va a ser juzgado por ser buen o mal padre? Por no hacer las camas, limpiar el salón, los baños, la comida, la merienda, llevarlos al cole, llegar al trabajo puntual y temor de que algún día los echen. ¿Cuándo?

    • Por eso hacemos este Master, Victoria. Para hacernos conscientes de la desigualdad, tan invisible si no se pone en evidencia. Es duro encontrar la verdad, pero mucho más duro es cuando eres muy desgraciada y no sabes porque. Caben tres soluciones reformistas: elegir como S. de Beauvoir ser como un hombre, ser Superwoman (ya has dicho que no), elegir bien o adiestrar a tu pareja. Y si no…..hacer la revolución! 🙂

  4. Desde luego el problema que comentas es grave y cada vez se ve más en nuestra sociedad. Es cierto que el caso que comentas es extremo, pero existen muchos casos de niños semi-abandonados que van al colegio mostrando claros signos de abandono (falta de material, de higiene, muestran una actitud pasiva o incluso agresiva etc.). Para solucionar este problema considero importante la labor que están llevando a cabo muchos educadores sociales que ponen en contacto a los centros educativos (que detectan estos casos y los denuncian) con las familias y crean unos planes de acción para acatar el problema. Me consta que influye que la mujer se ha incorporado al mercado de trabajo (no es mi intención criticarlo ni mucho menos) puesto que muchas mujeres necesitan trabajar durante todo el día para poder sobrevivir y esto conlleva un desatención de los hijos e hijas. La solución como comentas es que hombre y mujer se impliquen en el cuidado del hogar y de los hijos, sin embargo, existen casos de mujeres divorciadas que se niegan a compartir la custodia (por motivos diversos y personales) que tienen toda la carga para sí solas. Creo que no es tanto la cantidad de tiempo que se esté con los hijos, como la calidad pero entiendo que hay que llevar una serie de prácticas fundamentales para poder sacarlos adelante. Es necesario, bajo mi punto de vista, que desde el Estado se lleve a cabo una política de ayudas para estas familias y así evitar problemas en el desarrollo del niño/a. Es un tema complejo y muy interesante, esperemos que se solucione poco a poco porque aseguro que es totalmente estremecedor estar delante de un niño semi-abandonado.

    Saludos.


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