Economía y género: La invisibilización del trabajo doméstico

trabajo doméstico, el trabajo que permite otros trabajos

Para empezar es necesario exponer que las mujeres a lo largo de la historia tuvieron una fuerte batalla respecto al reconocimiento del trabajo que siempre realizaron pero que no fue reconocido como tal ni remunerado. La revolución industrial y la implantación de un sistema capitalista en el ordenamiento económico mundial impone la identificación de las esferas monetizadas de la producción, la distribución y el consumo, dejando de lado lo todas aquellas economías no monetarias.

De esta manera, el trabajo informal, no remunerado y vinculado a la esfera privada ha sido tradicionalmente asumido por las mujeres y  denominado trabajo doméstico. El mismo ha sido invisibilizado por el pensamiento económico androcéntrico además de esconder la riqueza económica proveniente del trabajo reproductivo y de los cuidados sociales como así también, el importante ahorro en gasto social que facilita en los Estados. En fin, invisibiliza que el trabajo no remunerado permite la sobrevivencia en sociedad y hace posible el trabajo “formal” y remunerado que históricamente fue realizado por hombres.El sistema capitalista vive fundamentalmente de economías no monetarias… por tanto tiene sus beneficios de la naturaleza y del trabajo no remunerado de las mujeres, entre otros…” (Cristina Carrasco, 2009).

El sistema capitalista entonces impone un discurso económico androcéntrico que evita la visibilidad de las mujeres en las distintas esferas (pública, privada, e incluso, comunitaria) limitando su accionar dentro de la esfera doméstica. El sistema económico está sostenido por un sistema sociocultural que al mismo tiempo impone una fuerte separación entre la vida pública monopolizada por el hombre y vida doméstica como responsabilidad única de la mujer.

Diferentes corrientes feministas desde los años ´60 y hasta nuestros días, vienen debatiendo sobre el trabajo doméstico, sobre las actividades de las mujeres, los espacios donde se articulan las prácticas económicas y el valor económico no reconocido. Pues, las tareas, los deberes, roles, y responsabilidades consideradas como femeninas resultan infravaloradas, generando la subordinación de la mujer y la desigualdad entre géneros. Esta forma de discriminación se refleja en lo que hoy conceptualizamos como violencia económica.

La reproducción de roles de género, impuso que el trabajo doméstico sea una obligación, una actividad “natural” de las mujeres por el hecho de ser mujeres y así el sistema evita (se salva) pagar el valor real de las actividades consideradas femeninas. Vendría a funcionar como el trabajo esclavo en la sociedad capitalista. No es casual que, cuando las mujeres trabajan formal y remuneradamente, siguen siendo en su mayoría las  encargadas de buscar soluciones para organizar el hogar y equilibrar el cuidado de niñxs y ancianxs. Porque social y económicamente sigue pareciendo una responsabilidad de las mujeres.

Es importante destacar que el trabajo doméstico no sólo se trata de lavar vajillas, sino del cuidado de enfermos e inválidos en un mundo donde disminuye la seguridad social como así también aumenta la inestabilidad y la explotación laboral. En este sentido, no sólo se invisibiliza el trabajo de las mujeres, sino que además se evaden responsabilidades en materia de seguridad social desde las esferas estatales. La economía de mercado no podría sostenerse sin el trabajo doméstico, pero se niega a promover políticas públicas como guarderías, comedores escolares y laborales, hospitales públicos, etc. que apelen a la conciliación laboral. Además de perpetuar una desigualdad entre las clases privilegiadas y no privilegiadas.

En tanto, debemos valorar que en la actualidad todavía falta debatir sobre el trabajo doméstico; revalorizar y reconocer las actividades no monetaristas desarrolladas por las mujeres que sostienen a las actividades monetaristas; como así también discutir sobre el trabajo productivo y trabajo no reproductivo dentro del sistema capitalista dominante. Para contribuir a visibilizar la contribución de las mujeres en la economía, las desigualdades y desventajas de las mujeres en el mundo laboral y la necesidad de redistribuir socialmente de los cuidados que se naturalizan como una responsabilidad femenina.

Para complementar el planteo apunto el documental ¡Cuidado, resbala!, el cual pone el foco en la invisibilidad del trabajo doméstico y el rol de cuidadoras de las mujeres en España. Este es proyecto desarrollado por la Asociación Círculo de Mujeres de Málaga.  Trailer: https://vimeo.com/64084574  Web: http://cuidadoresbala.com/

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  1. Muy de acuerdo con todo lo que dices. Durante un tiempo se propuso poner un sueldo a las amas de casa, pero la cantidad de dinero que se calculó resultó disuasorio. ¡Demasiado dinero! ¡Muy caro! Es sorprendente que cuando se le pone precio el valor es excesivo, pero claro gratis, no importa y no vale nada. Y además no es solo cuidar a los dependientes, también consiste en dar afecto, soporte emocional, escuchar…. eso se supone que también es de la “dueña” de la casa. Es triste escuchar hablar del matriarcado vasco por ejemplo, porque ¡vaya tela lo que mandan esas mujeres! Si, claro en su casa. Donde nunca van a cobrar un duro ni van a tener un descanso.
    Además del papel del Estado que por supuesto, hay que reclamar la corresponsabilidad de los hombres en los cuidados. Eso, también es política!

  2. Gracias por tu lectura Fátima. Es evidente que no conviene a ciertos intereses poner valor real a trabajo doméstico, la falta de reconocimiento, el desprestigio, la invisibilización y la gratuidad permite sostener la base del sistema económico y laboral desigual en el que nos movemos. Como decís además el trabajo doméstico tiene un fuerte componente emocional y de inteligencia organizativa que debería incrementar su valor monentario porque es imprescindible y que está aún más invisibilizado que algunas tareas domésticas. Un saludo!


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