Economía feminista y ecofeminismo.

Cuando oímos el término economía lo asociamos inmediatamente a mercado. Éstos, los mercados, con todo lo que conllevan: producción de bienes, consumo, etc; son el centro del sistema económico imperante.

Podríamos pensar que son el motor principal del capitalismo. Sin embargo, ¿qué sería de los mercados sin las personas?

Desde la corriente de la economía feminista se sigue argumentando y combatiendo contra el fundamentalismo de mercado que conlleva el sistema económico actual.

¿Qué sería de la producción sin la clase obrera?

Las personas, principalmente, nos mantenemos vivas gracias a “una economía que produce bienes, servicios y cuidados, tanto materiales como emocionales” (Fariñas, Sarai. 2015). La clase obrera se nutre, se asea, se viste, se quiere en un lugar: sus hogares. Tanto es así que, según Mª Ángeles Fernández (2013), podríamos considerarlos “como los centros de producción básica para que el capitalismo funcione y se nutra de sus ansiados recursos humanos”. Es decir, todo el trabajo realizado en el ámbito privado (los hogares) contribuye a que el trabajo destinado a la acumulación de capital sea viable y posible. (Fariñas, Sarai. 2015)

En un artículo de Píkara Magazine (2013) dos expertas en economía feminista declaran que esta corriente ha cuestionado la universalidad del homo economicus , además de ser la que ha puesto en el centro temas como la sostenibilidad de la vida y la importancia de la reproducción social.

SobAl2

¿Qué sería de los productos sin personas consumidoras?

Sin duda, el sistema empuja a las personas a consumir lo que los mercados nos venden. Pero pensemos un momento… Por ejemplo, en la alimentación, ¿cómo llegan los productos alimenticios a ser consumibles? ¿Quién suele realizar esos trabajos que los transforman en comida? Como escribe Sarai Fariñas (2015), “la economía feminista pretende recuperar todos los trabajos que están haciendo de vínculo entre esos procesos de mercado y la vida de facto.”

En palabras de Leticia. T y Victoria C.: “el acto político del consumo no puede quedarse solo en el proceso de la compra, es decir, en el ámbito público, hay que politizar también todas las tareas que conlleva en el ámbito privado.

Y, generalmente, los trabajos de este ámbito privado los hacen las mujeres. Y han sido invisibilizados, puesto que la identificación del trabajo con el dinero los ha dejado fuera de esta conceptualización. Ningún marido, ningún hijo ha pagado a una madre por cocinar o planchar, ergo estas actividades no son trabajo. Y así se ha mantenido a las mujeres: históricamente, sin remuneración; y en la actualidad, sometidas a dobles jornadas.

¿Qué sería del sistema sin planeta?

Leticia Toledo y Victoria Coronado (2017) plantean que “la lógica economicista dominante se olvida de que formamos parte del planeta Tierra, un sistema ecológico con sus propios tiempos y límites, del que dependemos para satisfacer nuestras necesidades.

La realidad de nuestra estancia en la tierra es la siguiente: vivimos en un mundo finito siguiendo los mandatos de un sistema económico cuyo único objetivo es crecer sin fin. Los recursos que nuestro planeta nos proporciona no se regeneran al ritmo que el capitalismo impone. No existen las materias primas necesarias para cubrir las necesidades de las sociedades que hoy habitamos el mundo. En palabras de Yayo Herrero (2011) nos encontramos ante “la imposibilidad de seguir creciendo materialmente en un planeta con límites”. Además, los hábitos que nos ha creado el consumismo estrepitoso tan característico del capitalismo, ha conseguido que estemos interviniendo de tal modo la salud de los ecosistemas que se estima que en 2050 tendremos más plástico que peces en el mar (según estimaciones de la Unión Europea). Lo miremos por donde lo miremos esto evoca un final trágico para el devenir de la humanidad.

Todo esto, unido a nuestra vulnerabilidad como personas interdependientes y ecodependientes, constituye la necesidad de construir “una alternativa que nos dé oxígeno, porque el sistema nos está quitando en muchos casos el oxígeno e incluso las ganas de vivir como no tengas un entrono que te alimente, te dé amor y cariño” (Mª Ángles Fernandez, 2013)

Esta alternativa puede construirse desde los postulados del ecofeminismo, que aboga por la modificación de los hábitos de consumo, el decrecimiento, la cultura de la suficiencia, el cuidado de la Naturaleza, etc. Desde esta perspectiva tratamos de romper la barrera que se ha creado entre trabajo y vida.

Bibliografía:

Fariñas Ausina, Sarai (2015) “La economía feminista y la soberanía alimentaria” Revista Soberanía Alimentaria Nº21, pp 6-10.

Fernández, Mª Ángeles (2013) “La economía feminista desnuda el capitalismo” Pikara Online Magazine. Edición impresa. Año 3. Pp 82-85

Herrero, Yayo (2011) “Propuestas ecofeministas para un sistema cargado de deudas”  Revista de economía crítica Nº13, pp 30-54.

Puleo, Alicia H. (2000) “Luces y sombras del ecofeminismo” Asparkía. Nº11, pp 37-45 [Consultado el 17/12/17 en http://www.e-revistes.uji.es/index.php/asparkia/article/view/904/813]

Puleo, Alicia H. (2002) “Feminismo y Ecología” El Ecologista. Nº31, pp 36-39. [Consultado el 17/12/17 en https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/10/feminismo_y_ecologia.pdf]

Toledo, Leticia y Coronado, Victoria (2017) “Consumo a fuego lento. Una receta de la economía feminista” Pikara Online Magazine. Edición impresa. Año 5. Pp.79-81

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s